En la primera aparte de esta serie da artículos manifesté la razón de los mismos: hallar el modo de hacer entender y creer a mis conciudadanos, la existencia de un  gran Poder mundial,  perfectamente organizado, tras fracasar a lo largo de setenta años en el logro de semejante objetivo.  ¡Toda una vida persiguiendo algo inútilmente!, “predicando en el desierto”. Me ha parecido que debía intentarlo, una vez más,  por otro camino,  tratando de hallar un método adecuado que me lleve al éxito. Consistirá  ir glosando sobre la marcha los acontecimientos,  a ver si convenzo al lector  de que cuanto ocurre no es fruto de la casualidad, --ni de las circunstancias—y si admitimos esta explicación nos engañamos a nosotros mismos.

Una primera condición para comprender la realidad es conocer cómo “funciona” la Sociedad y cómo se la maneja. Y en los artículos anteriores,  he explicado que la misma  se mueve por “capas” autónomas. Son como tres mundos distintos. Pero de las tres,  la que “controla todo” es la tercera “capa”, la integrada por una pequeñísima minoría (un 0.0045% de los ciudadanos)  pero genialmente organizada.

Mi estrepitoso fracaso es no haber conseguido  que los hombres vean esa realidad. Y siento una pena inmensa al ver como se malgasta la inteligencia analizando los hechos con criterios erróneos, por caer en la ceguera de no tener en cuenta “lo que está a la vista” y es despreciado  por su sencillez. No creen en la información de sus sentidos corporales y se guían por  imágenes virtuales…. Mi desesperación radica en que no  he hallado la forma de que “me crean”.

He recordado mil veces y repetido en mis charlas lo que me ocurría en los años sesenta del pasado siglo cuando, en mis viajes a Madrid,  no faltaba nunca mi visita al Centro Cubano de la calle Claudio Coello casi esquina a Goya. Allí –tomándome un auténtico “daiquirí” servido por el “especialista” del Hotel Nacional-- me encontraba  con cubanos huidos recientemente de las garras de Fidel. Y siempre había algún conocido –antiguo alumno, compañero de Universidad, amigo, vecino, etc… que conocía mis advertencias en  los catorce años que viví allí: … (“¡vais directos al marxismo!”…”; ¿cómo podéis ver en Fidel “un libertador democrático”, si está “fusilando a los guajiros” porque no le informan de dónde está el ejército batistiano cuando ellos lo ignoran?”, etc.,) que se me lamentaba y me decía: “¡Si te hubiéramos hecho caso!”…Mi respuesta fue  siempre ésta: “¡A burro muerto, la cebada al rabo!

No quisiera que  cuando yo ya falte,  mis lectores de ahora debieran imitar  a los cubanos de hace sesenta años y repetir la frase “¡si hubiéramos hecho caso!”. Si los españoles no logran enterarse de lo que pasa ahora,  las consecuencias serán  trágicas; nos estamos dejando  conducir a la esclavitud y a la desaparición como nación.

La Sinagoga de Satanás no juega, sabe lo que quiere y no pierde el tiempo. Eso sí, no se precipita, tiene un gran control de los movimientos. Por eso es imprescindible estudiarla a fondo. Aunque tienen ya avanzado el control de todas las naciones del orbe y, probablemente,  es muy tarde ya para reaccionar.

Aclaro que escribo “a lo humano”, (no pedo hacerlo de otro modo; no es misión mía  ni tengo facultades) y me he de limitar a dejar constancia de esta gran verdad: la última palabra siempre la tendrá el Dueño y Señor del Mundo, su Creador.

Me he decidido atender bastantes sugerencias en ese sentido, de viejos amigos y seguidores que lo desean. Aunque, probablemente,  sea la necesidad de hacerlo que pesa sobre mi pragmatismo. A lo largo de mi vida me ha movido, otras veces, a embarcarme en acciones que no me correspondían pero que nadie emprendía  y eran necesarias.

Hoy vivimos una de ellas.

Observen cómo las naciones están perdiendo su soberanía. Unas veces porque deciden hacerlo “voluntariamente” –al menos así lo venden-- como cuando nace la Unión Europea y otras porque tras la Victoria Aliada asomó el cuerno y el rabo un “Poder”, superior al de las naciones, como lo demuestra la creación de la ONU y de todos los “super organismos” nacidos sin obedecer a las “cacareadas señales” de la divina “Democracia”.

Otra señal más preocupante aun es ver cómo “todas las naciones” obedecen una serie de “ucases  impalpables” que nadie saben quién los hace de “obligado cumplimiento”: “aborto obligatorio”, “eutanasia” ídem, “violencia de género”, “feminismo radical”,  “disolución de los matrimonios”,”guerra a la familia tradicional”…etc., etc. Añadamos a ello una serie de “axiomas morales”,  como la intolerancia absoluta e implacable contra quienes busquen o defiendan la Verdad y la moral natural,  el “cordón sanitario” contra cualquier partido o movimiento de los llamados “ultraderechistas”, etc.

Este “Poder”,  en realidad es el mismo que ha creado los “Organismos internacionales” citados, pero  con una “forma de actuar” distinta, infinitamente más peligrosa, pues pasa inadvertida. Parece como si todo surgiera de la “conciencia del Pueblo”, --una conciencia indudablemente “progresista”, ya que,  asesinar niños en el seno de la madre  o  eliminar viejos improductivos, es siempre una muestra infalible de “progreso”—

A este “Poder”, hace muchos años lo bauticé con el nombre de “Poder Supremo ‘sin rostro’ y,  éste,  será el título de la serie de artículos que escribiré sobre tema tan importante  --que la gente ignora en la vida práctica, cuando de él depende ya todo cuanto acaece--. Ahora mismo llevamos dos años sufriendo las consecuencias de su actuación. Primero,  porque es él –cuyo otro nombre es “Sinagoga de Satanás”—quien ordenó crear el “bichito” llamado  “coronavirus” y, segundo, porque ha sido él, quien ordenó “soltarlo”. Y  es él,  quien con  cara de cemento armado,  anunció con el mayor desparpajo --por boca de Bill Gates--  que sobran mil millones de  “terrícolas”  y hay que enviarlos a la tumba cuanto antes  para que los mil millones restantes tengan asegurada una buena vida.

¡Ya está dicho!: hablaremos a fondo de la Sinagoga de Satanás, con el título: “El Poder Supremo sin rostro