Una de las noticias más destacadas de la última remodelación del Gobierno fue la inesperada muerte política de Iván Redondo, el jefe de Gabinete, mano derecha y asesor principal de Sánchez Castejón en los últimos años.

Considerado un genio político por muchos al principio, es cierto que en los últimos tiempos su talento como "Spin doctor" había quedado en entredicho después de encajar notables fracasos. El principal no haber previsto que Ayuso arrasaría como un huracán en Madrid, y que de nada serviría el show de las balas, navajas, la estigmatización como borrachos o aficionados a los bares y tabernas y la retórica guerra civilista ante un electorado inteligente como el madrileño.

Esas cosas pueden valer quizá ante unos catalanes medio idiotas, pero no en Madrid. Y lo que es peor Redondo no tuvo previsto que el efecto Ayuso se extendería por España, como indican las encuestas, ya que un número cada vez mayor de españoles están hartos de pagar impuestos exorbitantes por lo que es suyo (como el Impuesto de Sucesiones) para que los sátrapas autónomicos o separatistas y sus familias vivan como pachás, mientras machacan a prohibiciones a la gente con la excusa de la pandemia.

No es casualidad que junto con Redondo el otro gran derrotado de esta remodelación haya sido Ábalos, el hombre que tuvo la genial idea de las mociones de censura con Ciudadanos, que han producido la inesperada resurrección de un PP que estaba muerto, mientras VOX no solo no baja sino que sigue aumentando y una vez casi consumada la necesaria desaparición de Cs, ya suma con el PP en las encuestas, al menos de momento.

Sánchez, como Satanás, no perdona los fracasos de sus vasallos por mucho que le hayan servido en el pasado. Y más aún si se trata de vasallos ajenos a su partido que se habían puesto a sus órdenes movidos solo por la ambición política y económica como era el caso de Iván Redondo.

Un Iván Redondo que siempre había trabajado en la órbita del PP (suyo era el famoso lema tan poco "inclusivo" que hizo alcalde a Javier García Albiol: 'limpiando Badalona")

Cuando se vio echado de los ámbitos peperos se ofreció a Sánchez como un auténtico mercenario político. Pero cuando ha querido ser ministro, ha conocido de pronto lo que es la auténtica política, que Redondo tan bien creía dominar. El PSOE y Sánchez se han opuesto a sus ambiciones personales porque ''no es de los nuestros". Parece mentira que Redondo no supiera que la política es la Mafia. La gente de Corleone no perdonaba el pasado de Redondo en el clan Barzini. Y le han vetado el acceso al auténtico poder, mostrándole la puerta de salida. A él, que se creía tan imprescindible.

En fin, no es extraño que se hayan producido llantos en el sentido más literal, según se ha publicado, en los entornos de Iván Redondo. Quien se creía máximo experto en todas las triquiñuelas de la política ha aprendido solo ahora ha aprendido una de sus lecciones principales: El Mal no paga a traidores y quién le sirve, tarde o temprano, lo acabará pagando caro.