Pocos personajes de la política han tenido en los últimos tiempos mayor presencia en los medios que José Luis Martínez-Almeida. No cabe duda que su permanente exposición tiene mucho que ver con sus múltiples responsabilidades -alcalde de la Villa y Corte, portavoz nacional del PP y la no menos trascendente de “fontanero” de cámara de Pablo Casado y su lugarteniente Teodoro García Egea- lo que se traduce en que además de tener que atender la ya de por sí ardua dirección del Consistorio que, dada su complejidad, ya exigiría la plena dedicación, también suma a su apretada agenda despachar con los diversos medios de comunicación siempre ávidos por conocer las decisiones y opiniones de su partido en los asuntos de la actualidad política y, como colofón, cumplir obedientemente los encargos confesables y no confesables de Génova. Es evidente su estrecho marcaje a Isabel Díaz Ayuso y su intento por limitar el poder ejecutivo que adquirirá cuando a pesar de las zancadillas del aparato asuma la presidencia del PP de Madrid. Sin embargo, no hace falta ser un fino analista político para observar que la sobreexposición del alcalde ante los medios responde a algo más que el mero cumplimiento de sus obligaciones. Él intenta aparecer todo lo posible no sé si motu proprio o al dictado de su equipo de imagen (y demás Carromeros de turno) asistiendo a todos los actos en los que hay cámaras para aparecer prácticamente a diario en los diferentes medios. En todo caso, lo que está claro es que a nuestro alcalde se le ve cómodo y a gusto en esta función a la que parece dedicar el mayor tiempo de su larga jornada laboral  -digo larga, no necesariamente dura-. Es difícil determinar si es porque en él hay una frustrada vocación de comediante o si es por algo más prosaico como lo bien que le va en su particular y permanente campaña de autopromoción. La estrategia funciona y le ha permitido lograr una popularidad indiscutible, a la que es obligado añadir las sinergias generadas por la ayusomanía que tanto están catapultando al PP en las encuestas y de las que nuestro campechano alcalde quizás haya sido el mayor beneficiario, procurando aparecer siempre que puede junto a su “amiga” Isabel. Táctica que imita con verdadero celo su segunda de abordo, la señora Villacís, aunque lo tiene mucho más complicado dado el estado comatoso de su partido, una fatalidad para ella siempre presta a posar como una auténtica barbie en el photocall de turno. Intuyo que nuestra vicealcaldesa no tardará en iniciar la mudanza, como ya lo han hecho su experto compañero Girauta llamando a la puerta del PP o la también mediática Yolanda Díaz dedicada a recoger los restos de Podemos y ponerlos al servicio del PSOE.

 

 Dicho lo anterior resulta, cuando menos sorprendente, la superficialidad, por no decir ignorancia, existente entre los madrileños a la hora de valorar la gestión pública del actual regidor de la Villa y Corte. Si sacas en cualquier foro el asunto a colación encontrarás respuestas como estas: “es simpático, me cae fenomenal”, “es del Atlético de Madrid”, “es muy listo, es abogado del Estado”, “lo está haciendo muy bien”, “es un buen gestor” y, quizás con suerte obtengas una opinión al menos relacionada con su labor: “ha ayudado a la hostelería autorizando llenar Madrid de terrazas durante la pandemia”. Y, curiosamente, existiendo este dramático desconocimiento sobre como se viene gestionando el Ayuntamiento más importante de España, el señor Almeida ha logrado un excelente grado de aceptación entre los madrileños, prueba inequívoca de que una buena campaña de marketing es capaz de solapar una mediocre gestión en el desempeño del cargo para el que ha sido elegido. Es tal la abrumadora información diaria que recibimos de los prolíficos medios que son pocos los ciudadanos dispuestos a hacer el esfuerzo de intentar saber cómo se está gestionando nuestro el Ayuntamiento y si el actual regidor ha sido capaz de iniciar el giro copernicano que necesita.

 

La  triste realidad es que al Ayuntamiento sigue siendo un desastre tras más de dos años del Sr. Almeida en la Alcaldía.

 

El Ayuntamiento de Madrid es un enorme aparato burocrático con una estructura funcional elefantiásica y pésimamente coordinada, donde cada funcionario se limita a salvar su responsabilidad dejando en un segundo plano la obligada diligencia en la atención al ciudadano y la eficacia y celeridad en el despacho de asuntos, lo que exige el mantenimiento de una plantilla sobredimensionada con baja productividad y, como consecuencia, una lentitud exasperante en la tramitación y resolución de cualquier  trámite administrativo por intrascendente que sea, y en una pérdida de tiempo y de dinero muy considerable para los sufridos administrados.  Y por si esto fuera poco, con harta frecuencia el Consistorio se dirige a los ciudadanos con una intolerable prepotencia conculcando flagrantemente no solo los principios de un Estado democrático y de derecho, sino la letra y el espíritu de la Ley del Procedimiento Administrativo Común de las de las AA.PP. Por poner un ejemplo ilustrativo: El Departamento de Sanciones de Tráfico con suma frecuencia desestima de forma estandarizada los recursos de los conductores sin molestarse en refutar los fundamentos aportados por el recurrente, dejándole en absoluta indefensión en la vía administrativa.

 

Un balance objetivo sobre la gestión del regidor no nos da ni para un aprobado ramplón. Los problemas del Ayuntamiento siguen incólumes. Se ha limitado a ejercer la representación del cargo, pero no se ha atrevido a encargar un estudio-auditoría a una de las grandes consultoras (sería el dinero de los madrileños mejor gastado), para a continuación elaborar un gran plan de reorganización de toda su ineficaz y costosa estructura. Esta es la verdadera asignatura pendiente que un alcalde de Madrid debería abordar si tuviese verdadera talla política. Esa gran reforma sí que permitiría una optimización en la prestación de los servicios municipales y un ahorro que permitiese una bajada de impuestos relevante y de la deuda existente. Seguimos sufriendo una imposición alta y las cacareadas bajadas impositivas no dejan de ser testimoniales y con finalidad propagandística. Esa sí que sería una labor digna de ser reconocida con la Medalla de Oro de Madrid, y de paso revaluar este galardón un tanto desprestigiado durante los últimos años en los que ha habido algunos agraciados con méritos muy discutibles. Pero lo que es mucho más importante, pasar a la historia como uno de los grandes alcaldes de la Villa y Corte. Una magna tarea propia de quien ejerce en política con altura de miras y, sinceramente, el Sr. Almeida no parece ser el hombre que vaya ni siquiera a intentarlo.

 

 Un alcalde que comenzó su mandato engañando descaradamente a los novatos dirigentes de VOX, cuyos votos fueron cruciales para lograr su bastón de mando, a los que en una operación propia de trileros dejó fuera de la Junta de Gobierno, que es el órgano colegiado que ostenta el verdadero poder ejecutivo del Consistorio. A partir de ahí y aparte de sus constantes comparecencias ante los medios, en muchas ocasiones junto a la popular  Presidenta de la Comunidad, no soy capaz de encontrar casi nada positivo en su gestión.  No solo ha engañado a VOX, sino que también lo ha hecho a los madrileños a los que prometió quitar Madrid-Central, trabajo que le han hecho gratis los Tribunales al declararlo nulo de plano, y sin solución de continuidad ha impulsado por la vía de urgencia la aprobación de una nueva ordenanza, Madrid-360, que restablece prácticamente íntegra la norma estrella de Manuela Carmena e incluso la amplia en algún ámbito. Y no parece tenga la más mínima intención de devolver de oficio las sanciones cobradas en aplicación de esta ilegal norma. Tampoco parece que la planificación del gasto se lleve a efecto bajo riguroso criterio de coste/necesidad, se han iniciado obras de renovación de las aceras en la calle Ortega y Gasset, lo cual, al menos aparentemente, resulta innecesario, pues las aceras están en buen estado y con toda probabilidad hay pendientes actuaciones en la vía pública mucho más urgentes. Al día de hoy, es decir 18 meses después del inicio de la pandemia, para cualquier gestión en dependencias municipales es necesario pedir cita previa, se ve que los funcionarios son mucho más frágiles y, por ende, necesitan mayor protección que los empleados de Mercadona. Los impuestos han bajado de forma más propagandística que real y VOX se las ve y se las desea para lograr exiguas reducciones de las subvenciones a los chiringuitos donde se amamanta la izquierda. Incluso haciendo honor a los complejos del PP mantiene la continuidad, heredada de la corporación de Carmena, de cerrar los parques más emblemáticos en cuanto hay previsión de que el viento puede mover un molinillo de papel, no sea que una rama desprendida hiera a alguien y la izquierda se le eche encima. Y desde luego no hay el menor indicio, como más arriba expresaba, de que nuestro sobrevalorado regidor esté impulsando la gran reforma que el Ayuntamiento necesita, ni se ha atrevido ni se atreverá, una tarea a mi juicio imprescindible para la que hace falta muchas agallas y determinación. Supone enfrentarse a demasiados intereses corporativos y con los sindicatos hemos topado amigo Sancho. Dejemos el trabajo a la siguiente corporación que el contribuyente aguanta y hasta nos vota. Y total este lastre es llevadero, Madrid sigue siendo una ciudad pujante y dinámica.

 

No seré yo quien llame “Carmeida” a nuestro alcalde. Cuando hay razones para la crítica sobran los recursos ramplones. Además tampoco sería justo con Manuela Carmena, cuya gestión fue un verdadero desastre, pero desde luego en ningún momento engañó a su electorado. Las comparaciones son siempre son odiosas. Y, además, Almeida es mucho más campechano.

 

¡¡Dios salve a España!!

 

 

P.D.: Dada la efeméride que hoy tenemos el orgullo de celebrar permítaseme gritar en pie y bien fuerte: ¡Viva España! ¡Viva la Hispanidad! y ¡Viva la Virgen del Pilar! Hace 529 años un puñado de valientes compatriotas protagonizaban la mayor gesta conocida por la humanidad tras la llegada de sus naves al desconocido continente americano, hecho de tal relevancia que marca el comienzo de la Historia Moderna. Un hito histórico que fue seguido por la inmensa tarea de llevar a esas nuevas tierras la cultura y la evangelización origen de la Hispanidad y la fraternidad que nos une a todos los hispanohablantes. Una magna obra sin parangón de la que España y los españoles debemos sentirnos muy orgullosos frente a la malvada leyenda negra inventada y difundida durante siglos por nuestros impertérritos enemigos. Por desgracia en estos últimos meses han surgido bastantes voceros a uno y otro lado del Atlántico dando pábulo a esta miserable falsedad histórica. Unos por necios víctimas de las leyes educativas del PSOE y otros por golfos con bastardos intereses. Recemos a la Virgen del Pilar por la Hispanidad.