El Gobierno Sánchez-Iglesias está empeñado en vendernos la burra coja y soltera, pero lo seguimos percibiendo como peligroso para España. Sabemos que perdieron inútilmente el mes de febrero porque ya se conocen todos los datos, informes y falsedades que deberán tener en cuenta los tribunales de Justicia. “Sabían que podían morir miles de personas, pero escondieron toda información para impedir la alarma. Por eso España está a la cabeza del mundo en muertes”, se puede leer en los medios de comunicación no amarillentos. Pero no quieren que nos quitemos la venda de los ojos ni el bozal de la boca.

¿Por qué silencian y ocultan evidencias? Cada día se les pilla en mil mentiras y otras tantas trampas, entre las que están la malversación y los intentos de amordazarnos. Recordemos que estos mismos eran los que hablaban de la ‘ley mordaza’ y no entendían que era una medida de protección a la ciudadanía. Hoy son atropellos amparados en la represión y en el “arresto” domiciliario bajo sanción. Mire, señor presidente, le recuerdo que el bien y el mal no son mitos, son realidad. Pero el mal es más poderoso que el bien, porque podemos definirlo. Y si no me cree, siéntese a estudiar al prolífico Anthony Burgess. Lo gradecerá.

Mordaza es publicar normas de dudoso encaje, aprovechando la pandemia y ampliar el mal llamado estado de alarma para, además, poner la venda en los ojos e impedir la progresión de las protestas en la calle. Quienes alentaron los escraches como “jarabe democrático” (Iglesias dixit), hoy no los soportan y amenazan con devolverlos. Es un hecho que un importante sector de la prensa española no comulga con ruedas de molino y va a demostrar, por vía democrática, que el delincuente solo tiene un camino. Lo mismo que la ciudadanía española no se amedrentará ni consentirá que el Gobierno convierta a los CCFFSE en cuerpos policiales al estilo de los “monos negros” de Venezuela. Ni Sánchez ni Iglesias conseguirán hurtarnos la democracia y tampoco la libertad.

Mientras todo eso sucede comprobaremos cómo el Gobierno intenta aterrorizar a la población. Con esto acabarían demostrando la certera manifestación de Iglesias en 2012 respecto a que “La Policía no protege a la gente, son matones al servicio de los ricos”. También seguiremos viendo otras rarezas como el engaño a Inés Arrimadas para apoyar sus deseos totalitarios. Mientras eso sucedía, la “economista” –Adriana Lastra-- firmaba el fin íntegro de la Reforma Laboral junto a etarras y la extrema izquierda; justamente el día en que los proetarras atentaban contra la vivienda de Idoia Mendía y su marido, Alfonso Gil. Todo ello me hace pensar que ese “atentado” estaba pactado entre Bildu y Psoe para desconcertar a periodistas y analistas. Y doy fe de que lo han conseguido. No olviden los chivatazos del caso Faisán y las múltiples y torpes cesiones de Rodríguez Zapatero.

El colmo es que tras dar a conocer el acuerdo, una vez firmado, los socialistas vuelven a mentir aludiendo a que no se eliminará “íntegra” la Reforma Laboral. Pero Bildu ha insistido en que el acuerdo era el que era y no va a admitir regates ni manipulaciones. Eso quiere decir que desaparecerían los ERTE y los trabajadores se quedarían con las posaderas al aire y sin cobrar. Hoy hay más de 900.000 trabajadores sin cobrar desde marzo; no obstante, ayer repitió la ministra de Trabajo que ya habían cobrado todos, sin excepción, sabiendo que mentía. Prueba de ello es que miles de trabajadores están hoy soliviantados y atemorizados. Sin esa reforma no hay ERTES, por mucho que los contemple el Estatuto de los Trabajadores.

No precisamos bozales porque denunciaremos a gritos las injusticias. Tampoco vendas porque vemos a diario los abusos y atropellos del desnortado Gobierno. Piense, presidente, que “la ciudadanía es rica en proporción a las cosas que puede desechar”, en palabras de Thoreau. Si usted hubiera aprendido a entrecomillar lo que no es de su cosecha, no le habrían acusado de plagiador, falsificador y lerdo. ¿Lo explicará un año de estos?