Por las agencias de noticias y las redes sociales corre, como reguero de pólvora, la fotografía que ilustra la cena a la que, en fechas pasadas, asistió el presidente del gobierno invitado por el Rey de Marruecos, celebrada en su Palacio de Rabat o dónde fuese que se celebró, algo que realmente carece de interés.

La cena, presidida por el gran sátrapa marroquí, vestido para la ocasión con su traje regional, fue una muestra más del poco respeto -yo diría que ninguno-, la falta de consideración y el afán de humillarnos con que nos distingue ese moro gordo, crecido ante nuestra cobardía, indignidad e inacción.

En la foto en cuestión, que tiene como fondo las Banderas de ambas naciones, se observa la nuestra con el Escudo Nacional colocado hacia abajo, desconozco si en señal de sumisión y rendición a los intereses morunos o, como pretende justificar algún cuartillero juntaletras bien pagado por socialistas y comunistas, si se trata de un error involuntario.

Dudo mucho que se trate de un error ya que, de ser así, demuestra que el servicio de protocolo marroquí es de un nivel de incompetencia tal que debería ser cesado de inmediato tras la petición, por parte del moro gordo, de las pertinentes disculpas al Reino de España.

Otra opción que podría justificar este gravísimo error pasa por el hecho de que la corona marroquí siente sus reales, cual vulgar kábila, en medio del desierto, en una tienda de campaña de fortuna donde los fallos, producto de las circunstancias y de la ignorancia y no de la mala leche, podrían incluso justificarse. Sin embargo, este no es el caso.

Por tanto, la única opción posible que puede contemplarse es la derivada del afán del moro sátrapa de humillarnos y demostrarnos en nuestras narices el poco respeto con el que nos distingue, en especial a este gobierno de risa floja que nos desgobierna.

Hablamos de una cena oficial donde, cualquier servicio de protocolo, desde el de los Estados Unidos hasta el de Burundi, cuida los detalles al máximo; cenas en las que se mide la distancia entre plato y plato y estos con el borde de la mesa; se iguala la altura a la que se colocan los cubiertos; se observa el riguroso orden de la colocación de las copas; se cuidan los adornos del centro de la mesa, así como la ordenación protocolaria de los invitados; etc. Por tanto, el hecho de colocar nuestra Enseña Nacional como ha sido colocada pretende transmitir el mensaje de que nos hemos rendido a los intereses de moro sátrapa y nos sometemos a sus dictados. Realmente, indignante.

Es vergonzoso que permitamos, sin inmutarnos, que un tipejo de la catadura de ese moro gordo nos insulte y nos humille sin que nadie levante la voz exigiéndole la reparación del agravio causado. Pero si eso es vergonzoso, mucho peor es la actitud del tipo ese, mentiroso y vanidoso, de la pluma blanca que fue a Marruecos a representarnos, carente del mínimo atisbo de dignidad y de honor que permitió semejante agravio sin siquiera exigir una explicación.

La ofensa, el agravio del moro gordo y ramplón no ha ido dirigido al siniestro individuo de la pluma blanca, totalmente irrelevante y al que el sátrapa marroquí desprecia debido a su conducta cínica e inmoral, ha sido contra todos y cada uno de los españoles que nos sentimos representados por la gloriosa Bandera que el canalla ese, con cara de papón, ha despreciado colocando el escudo boca abajo en señal de sumisión.

Y todavía hay imbéciles, toda esa canalla separatista y pseudo bolchevique y esos politiquillos lameculos y quedabién, que corren a felicitar a los moros por su Ramadán y protestan si alguien felicita la Semana Santa a la que alguno, en su ignorancia y maldad, pretende reconvertir en “fiestas de primavera”.  

Si nos quedase un atisbo de honor, de gallardía y de dignidad y si fuésemos conscientes de nuestro legado histórico ya estaría llamado nuestro Embajador en Marruecos a consultas y el Ministro de Asuntos Exteriores exigiría al moro canalla una explicación y la satisfacción por el agravio recibido.