Excmo. Sr. General, Don José Manuel Santiago Marín:

Con el debido respeto, entendiendo que pueda haber desarrollado un alto grado de empatía hacia el gobierno, en concreto hacia las personas del mismo con las que se relaciona, y en este sentido pueda participar de muchas de sus decisiones y opiniones. Ahora bien, hay cosas que no pueden aceptarse, aunque alguien las califique de “lapsus”, que es lo que hace el ministro Marlaska, el mismo que hace unos días se cargaba la “presunción de inocencia” acusando de asesinato agravado a una persona inocente sin pruebas. Asunto grave este de no respetar el principio jurídico penal que establece la inocencia de la persona mientras no sea juzgada y sentenciada en sede judicial, que es además un derecho fundamental (art. 24 de nuestra Constitución) y derecho humano (art. 11.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas), ratificado como tal derecho por el Convenio Europeo de Derechos Humanos (art. 6.2).

Señor General, cercenar la libertad de expresión, opinión y comunicación es asunto muy grave, no sólo por ser anticonstitucional, sino porque los derechos humanos son las base que dan cuerpo de naturaleza al Estado de Derecho. De ahí que sus declaraciones, que cobran mayor gravedad por su cargo y ocupación al entenderse de obligado cumplimiento, sean inaceptables y censurables. Asunto que me lleva a recordar que muchos de sus compañeros, y durante muchos más años de lo que hubo que haber consentido, fueron asesinados (con la complicidad y cooperación de gentuza que hoy apoya al gobierno socialista-comunista de Sánchez e Iglesias) en la defensa del Estado de Derecho. Bien es cierto, y no quiero salirme del motivo de esta carta, que todos esos asesinatos, y muchísimos más, hoy se disimulan bajo la coartada de diferentes relatos, actos de homenajes en uno y otro sentido, concesión de medallas póstumas y pensiones.

Por todo lo cual, general, no ensucie la labor que ha venido realizando el Cuerpo Armado del que forma parte, al que sirve y representa, en la defensa del Estado de Derecho.

Deseándole la mayor suerte posible para que no quede infectado de la pandemia roja, s. afmo. y s. s.