Hace una semana los diputados se VOX, Ignacio Garriga y Rocío de Meer se vieron comprometidos por el ataque de una horda de malnacidos socialpodemitas y separatistas en Barcelona. 
 
Las imágenes son lo suficientemente elocuentes como para ser necesario un comentario de las mismas. Pero creo oportuno profundizar un poco más en los hechos en cuestión.  En primer lugar, la visita que realizaban los diputados a un barrio de Barcelona para conocer, de primera mano, sus problemas y necesidades era de incógnito (creo que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado si habían sido informadas),  sin embargo a los pocos minutos de estar allí les montaron una de cuidado. Esta claro que existió una delación, si no institucional, si vecinal (criminal la primera y nauseabunda la segunda). En cualquier caso, pone de manifiesto el altísimo nivel de putrefacción de una sociedad echada a perder desde hace muchos lustros y que se ha vuelto refractaria a la verdad y la honradez. 
 
El trato que se le da a VOX (se ha visto, recientemente, en las elecciones gallegas y vascas) es repugnante, y enormemente ilustrativo a la vez, porque su presencia en las instituciones y en las calles actúa como un espejo donde se reflejan las putrefactas y vomitivas realidades de una significativa parte de la sociedad española. Es como un cuadro de Dorian Gray que muestra la realidad de la decadencia y del criminal comportamiento de unas sociedades fanatizadas, el cuál tratan de ocultar bajo un manto de palabrería, mendacidad e hipocresía. 
 
En cualquier caso,  la delación cometida presenta el nivel de miseria, traición y desvergüenza de esta gentuza. Y todo porque VOX es una opción política integra que pone de manifiesto la corrupción y el agusanamiento de una sociedad pastueña, endogamica y supremacista. 
 
Pero, como nunca los males vienen solos, tras la delación, y, en cuestión de minutos, unos cafres orquestaron una celada urbana, de tente y no te menees, a los sufridos diputados de VOX. Ese milimétricamente calculado dispositivo de hostigamiento brutal no fue ni casual, ni carente de medios, lo que pone de manifiesto una logística de recursos humanos y materiales perfectamente vaselinizada. 
 
Como es habitual las cosas son siempre susceptibles de ir a peor, así que cuando, por fin, llegaron los cuerpos de seguridad del Estado resultó bochornosa la indulgencia con la que fueron tratadas, estas alimañas separatistas y socialpodemitas, por parte de los Mozos de Escuadra.  Nada de identificaciones, nada de cargas policiales, nada de nada (solo les falto disolverlos a base de besos en la boca). 
 
Qué apropiada viene al caso la famosa cita: Por sus obras los conoceréis.
 
La disparidad de criterios en cuanto a la aplicación de la fuerza coercitiva por parte del Estado causa enojo al comprobar la impunidad de esos carnuzos de Barcelona que hostigaron a los diputados de VOX y que ponen barricadas y cierran vías públicas y carreteras día sí día también, con el trato que sufren los pacíficos contribuyentes que se manifiestan en La Navata/Galapagar, o hace unos días cuando seis maromos de la Policía Nacional detuvieron a una mujer sólo porque se manifestaba en contra del uso de las mascarillas.
 
No hacían falta seis agentes para cometer esa arbitrariedad.
 
Cuando haya una ministra, o ministro, de Interior con dignidad en España la primera medida que debe tomar es equiparar el sueldo de policías autonómicos y locales bajándoselo al nivel que cobran los miembros de la Policía y la Guardia Civil. EQUIPARACION SALARIAL INMEDIATA AHORRANDO DINERO. 
 
Después ya se estudiará a que cuerpo de seguridad del Estado se le tiene que realizar una subida salarial por su historia y merecimientos.
 
¡Ultimamente, se están viendo unos papelones!