El día menos pensado, mientras los españoles sigamos lastimeros, llorantosos y sumisotes lamiéndonos, con el culo sobre el encintado de las aceras, las llagas que de forma tozuda y contumaz nos infringe la izquierdosa canalla política, el doctor Pedro Sánchez, entre trémolos de banderolas rojas -unas con el jodido capullo, y otras con la campesina herramienta- sonoridad de fanfarrias y redobles de tambor, nos sorprenderán exhibiendo el título de propiedad que le legitime como Dueño y Señor de la España continental, los dos archipiélagos, Baleares (Mediterráneo), Canarias (Atlántico), el estanque del Retiro (Madrid), los territorios africanos, Ceuta y Melilla y un cachito de Andorra l`antiga y también de la nou, con todo cuanto en ella exista en la actualidad, incluyendo, como no podría ser de otra manera, el Parque Sindical de Madrid y la tartana del tío Chirri -renunciando a la barretina y la txapela- y de todo cuando de ella se pueda sacar, sin meter. Y, por último, con el profundo deseo de darle alegría a cuerpo tan sandunguero, retrechero y bailongo, por intervención de su mamporrero (¿político?. Si, claro; político) publicación en el BOE del Decreto Ley, tantos del tantos del dos mil tantos, con la recuperación del derecho de pernada, a capricho, independientemente de la conformación de la pareja, ya sea heterosexual, homosexual o zoosexual (esta última aún sin legalizar, pero que quizás salga legalizada en un pis pas junto con la Eutanasia y la Okupación de viviendas ajenas).

Todo ello avalado por la magistral firma y sello de algún notario rojeras amiguete, que será generosamente agraciado con una nueva vicepresidencia de... ¡Qué más da!  De cualquier cosa.

... Y me desperté sudando a mares; abrí la ventana del dormitorio y ante la normalidad que vi en la calle, las bicicletas patinetes y motos invadiendo las aceras poniendo en peligro la vida de los sufridos viandantes; las terrazas de bares, restaurantes y las banastas  y cajones de fruterías instaladas en las aceras (ya solo falta que los lupanares saquen a la calle sus enseres: camas, con la empleada o empleado en ropas menores sobre la pecaminosa yacija y, sobre una pequeña mesilla, los necesarios utensilios para después de la faena: profilácticos para corregir olvidos, jofaina, un infiernillo de butano para calentar agua, una jarra y toallitas de felpa, reservando un espacio libre para uso del putero al negociar "el asunto") obstruyendo el paso a peatones que han de desplazarse en fila india (con perdón y huyendo de interpretaciones racistas) imposibles sendas para mamás con niño, en carrito, intentando llevar a su criatura a la guardería; las bandas de latinos a tiros entre los vehículos; la joyería de la esquina, robada infinitas veces en los últimos años, que ayer estaba abierta al público, hoy me aparece cerrada por cese de negocio, igual que la tienda de ropa de mujer y niñas, que está instalada pared por medio; y la peluquería, unisexo, que está frente al portal de casa; un poco hacia la calle Ortega y Gasset, la ferretería de Carlos...

En el entorno de mi casa, además de dieciocho establecimientos entre bares y restaurantes, solamente se mantienen diez casas de apuestas, cuatro tiendas de "compro oro", tres Mercadona, otros tres Carrefour, dos Ahorramas y la charcutería de Pedro que, con un par de testículos, talla caballo de Espartero (el también vota a VOX), resiste como el "Último de Filipinas", sin dar medio paso atrás.

Tanta normalidad enseguida me convenció de que lo otro; lo que se me había llevado del cuerpo mi 7% de líquido, dejándome más arrugao y secucio que la ministra Delgado, era simplemente un maldito sueño que, aunque con cierto parecido... Pero, entre vosotros y yo, una pizca exagerado sí que es ¿no?.