Por si la experiencia cotidiana no nos lo hubiera enseñado de sobra, la casta política se ha hartado de confirmar que la verdad y la mentira se complementan. Los políticos son hábiles para demostrarnos que el aspecto de ambas es muy parecido y los miramos con los mismos ojos. No sólo somos débiles para defendernos del engaño, sino que muy a menudo lo buscamos convidándole para aferrarnos a él. Nos gusta complicarnos con lo falso e inútil, como si con ello armonizáramos nuestro ser. Que se lo digan, si no, a los ciudadanos que aún confían en el PPatraña. Ellos saben perfectamente que no hay más que encontrar el cabo del hilo para desvariar a placer.

Vivimos una época en que una recia carga de dificultades se ha desencadenado contra nosotros, teniendo de una parte los enemigos en nuestras vidas y de otra los partidarios, enemigos tan malos o peores aún, porque acaban de un modo u otro actuando como colaboracionistas del Mal. De cada lado, por nuestra derecha y por nuestra izquierda, nos amenaza un peligro próximo. Unos y otros no nos combaten ahora con armas, pues no las necesitan, sino con vicios, incoherencias e injusticia, y soportamos toda serie de injurias en ignominioso silencio.

Guerra extraña ésta que padecemos, que se roe a sí misma, y despedaza al pueblo y a la patria valiéndose de su propio veneno. Y del veneno de quienes la han forjado durante la maligna Transición. La única esperanza que parece quedarnos es que acabe disolviéndose por sí misma, corroída por su propio rencor. Pero mientras tanto nos hallamos con un presente precario y el viaje al que nos invita el NOM y sus sicarios es escabroso y largo, de modo que es sensato escuchar a aquellos veteranos cuya piel ostenta un buen encaje de cicatrices, pero cuya mirada y cerebro están despejados.

Estos son los tiempos en que una persona se pone a prueba: mantiene limpias sus armas -materiales e intelectuales- y toma las cosas según se le presentan. Sobre todo ha de evitar al sectario como a la peste, porque hay una venda en sus ojos, mentiras en su boca y herrumbre en su corazón. Hay que ser hombres y mujeres auténticos y mantenerse en compañía de la dignidad y la verdad. Algo que -salvando, de momento, a VOX- no existe en nuestra política parlamentaria. Por eso, quienes aún les otorguen su confianza, o son prebendados suyos o son cómplices de la indignidad y de la mentira.

Lo normal, si uno decide afiliarse o entregarse a un partido, es darse a él sin sectarismo ni violencia, de forma objetiva para que su entendimiento no se corrompa. Nunca los intereses partidistas ni particulares pueden llevarlo a desconocer la verdad, ni pueden obligarlo a censurar las virtudes de sus adversarios o a aplaudir los defectos de sus compañeros. Y, de acuerdo con nuestra índole individual, debemos actuar de tal manera que no contravengamos nunca las leyes universales de la naturaleza, algo que no respetan los nuevos amos del mundo ni sus esbirros.

España, por culpa de las ambiciones de unos cuantos está desmembrada. Y las fuerzas nacionales no consiguen agruparse con eficacia ni con vigor. Como si el mal consistiera en que también a quienes aman a la patria les preocupara más su causa personal o partidista que la común, incluso a veces acudiendo al comentario pérfido o hiriente contra quienes debieran viajar en el mismo barco.

 En cuanto al PP en concreto, puede decirse que sus componentes andan a viva quien vence. Pobrecillos. Se pasan la mano entre ellos, pero a contrapelo, ¿no comprenden ustedes? Ahora van por las esquinas de sus convenciones diciendo que todos -líderes actuales y pretéritos- se llevan muy bien. Montaje éste que, es cierto, se repite en las correspondientes asambleas de la casta partidocrática, demostrativas todas ellas de que sus protagonistas sólo paren engendros políticos generadores de ruina y corrupción.

Y entonces, con estos extravíos de política, ¿por qué seguimos pagándoles un salario vitalicio?, ¿dónde está su habilidad, sino en el engaño? ¡Ah, que han heredado el cargo de Soros y Cía., que son los que les hacen las cuentas y la política! Acabemos. Lo malo es que luego viene la de Hacienda y se pone a pasar el cazo a los españoles para pagar los desaguisados de sus genialidades.

La cuestión es que son malos políticos, malos gestores y malas personas. Y traidores y pervertidos. La tragedia consiste en que nadie los mete entre rejas hasta que se les pase la nesciencia y la maldad, y reparen con sus holgados y sospechosos patrimonios los estropicios que han causado a España y a los españoles.

Volviendo al PP, digamos que se ha dedicado a reservar su generosidad para el enemigo, sin querer entender que esa generosidad debe ser para sus electores, pues quien es generoso con el enemigo favorece los planes de éste y se convierte en enemigo y traidor de sus amigos. Seguir votando al PP es seguir colaborando con la destrucción.

Es obvio que el PP ha desamparado a sus votantes por contentar a sus oponentes; a éstos les ha consentido sus errores a costa de la perdición de los suyos. Ha sido capaz de dejar sin representación a quienes les alzaron al poder y les mantuvieron en él, y de destruir la casa de la prudencia y de la lealtad por intentar en vano ganar la resentida y maldita de la peor izquierda y con ella del más nefasto frentepopulismo.

 

Leyendo el libreto del PP no podemos dejar de recordar que los pecados de omisión son tan graves como los pecados de acción. Su historia puede resumirse en un dilatado intento de contentar a las izquierdas y a los separatistas, sin comprender que no es posible contentar a quienes de ninguna manera se van a contentar. Unos y otros, izquierdistas y separatistas, golpean día a día y de todos los modos y con todos los medios posibles al partido que dicen de derecha, y éste se deja vapulear como un bardaje, sin capacidad de respuesta.

 

¿Y eso, por qué? Porque más aún que de musculatura política, el PP carece de convicciones, entregado como está a la política globalista. Tanto él como sus cómplices frentepopulistas sólo son criados serviles de ésta. Cumplen órdenes, y las cumplen sin protesta alguna, participando en los engaños y resentimientos de quienes odian a España y no pueden pasar sin la mentira y sin el odio para vivir. Aunque es cierto que sólo sentimos los males públicos en la medida que afectan a nuestros intereses privados, es necesario hacer un esfuerzo y entender que no se debe ni se puede ser respetuoso con la malevolencia. Es decir, votarla constituye una inmoralidad o una ignorancia culpable.

 

Finalizado ya su inane congreso, puede decirse que bajó el telón y acabó la comedia, pero como escribió Bernal Díaz del Castillo en su Verdadera historia de la conquista de Nueva España, «no pudieron llegar todos los sapos al río, y así quedaron muchos en el suelo, y aves carniceras y de rapiña comieron todos los más, y los que no llegaron dieron mal olor, y los mandamos limpiar para quitar la hedentina». Una imagen histórica y literaria que define lo que el actual PP -copartícipe de la degradación actual de España- representa.

 

Es urgente liberar a la Patria de toda pestilencia.