Hay que reconocer que el feminismo español, no por ser un régimen político-económico clientelar, falsario, totalitario, ideológico, populista y mercantilista, una Industria del Estado y con la garantía del Estado, deja de tener ese toque siempre innovador, inesperado y de gran sutileza que comporta el instinto femenino y su adaptación a cada modo de civilización hasta paulatinamente irlo transformando en barbarie y un mar de ilegalidad. Pero dejemos la baja política feminista española y vayamos al tema que aquí no ocupa y preocupa.

Si bien estos años atrás, para mantener los cientos de miles de denuncias que precisa el negocio de género cada año para funcionar, se venían ampliando los criterios de considerar esto y aquello “violencia de género”, como ya, a día de hoy todo, absolutamente todo, es “violencia de género”, ¿qué se les ocurre?, pues importar mujeres.

Hacemos un inciso para manifestar nuestro respeto a cuantas mujeres vulnerables precisen un trato especial debido a su condición, pero lo que denunciamos aquí es que ello se vaya a convertir en una práctica generalizada de nacionalización “gratis total” a manos de la presión del lobby feminista radical que necesita más inocentas a las que engañar y enredar en su trama mafiosa.

             El titular de elpais.com (18/01/2022) limaba y pretendía hacer lo más leve posible la noticia empleando el término “suave”. Sin duda es para nota la elección de este vocablo por parte de la articulista en cuestión. Dicha cabecera, disponible en la web, reza así:

            “El Supremo suaviza el requisito de la integración para obtener la nacionalidad española para las mujeres migrantes sin formación”. (El tribunal concede la nacionalidad a una marroquí que suspendió el examen de conocimientos políticos y sociales porque no tuvo acceso a la educación).

Tal como recoge la noticia de elpais.com, la Sala de lo Contencioso del Tribunal Supremo considera que las mujeres migrantes son un colectivo de especial vulnerabilidad.

“No puede considerarse que la procedencia de ambientes socioculturales discriminatorios de mujeres migrantes pueda servir para relajar la exigencia de la integración en la sociedad española para la concesión de la nacionalidad por residencia; pero sí que esa integración no puede desconocer esa procedencia de ambientes de contexto socioculturales discriminatorios y acomodar la exigencia legal a tales circunstancias” -señala la sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado Wenceslao Olea.

Al parecer, Z. B. se examinó ante un juez del Registro Civil de Manresa en abril de 2015, pero no superó la prueba y el Ministerio de Justicia le denegó la nacionalidad. Esa decisión fue luego confirmada por la Audiencia Nacional, que, tras examinar el expediente, señaló que la mujer ignoraba “aspectos fundamentales sobre España y su sociedad (desconoce fundamentalmente datos políticos, geográficos y culturales de España)”. La Audiencia concluyó que ese desconocimiento se debe “a su falta de implicación en las relaciones sociales y culturales, así como con las leyes, las instituciones, costumbres y formas de vida” de la sociedad española.

La mujer -escribe elpais.com- recurrió ante el Tribunal Supremo y su abogado advirtió que el rechazo a su nacionalidad “perpetuaría la discriminación”. De ahí que los magistrados hayan considerado “lógico” que cuando la solicitante sea una mujer migrante, “en especial, de determinada procedencia de países en que la educación de las mujeres está condicionada a un aislacionismo social, se tomen en consideración las singulares dificultades en que se encuentran las mujeres de colectivos de especial vulnerabilidad”, entre los que incluye a las mujeres migrantes.

Y es que, no podemos mirar a otro lado cuando observamos con tanta evidencia las íntimas y necesitadas conexiones e interconexiones que existen, a día de hoy en España, entre su baja política, el feminismo sectario y las presiones políticas con las que el Poder Ejecutivo mantiene maniatada a la magistratura.

Se comenzó ampliando hasta el infinito todo aquello que cabe considerar como “violencia de género” y ahora, que todo es violencia de género -hasta un parto lo es- como guinda del pastel se importa mujeres y se las nacionaliza gratis total para incorporarlas a las hordas del feminismo español.

No es de extrañar que a la vez también se estén importando hombres, acelerando y simplificando su nacionalización, y cuanto más machistas sean, mejor que mejor, para que así denuncien a sus homólogas, también importadas de prisa, para que así puedan seguir contándonos los Cuentos de Género, tales como el patriarcado, la lacra machista, tolerancia cero… , las estadísticas de maltrato no paren de crecer y, sobre todo, lleguen más fondos de la Unión Europea con los que alimentar a tanto mamón, mamona y mamone de género, que ya está bien, hombre, de vivir sin dar un palo al agua y causando tantas desgracias ajenas, como maltratando sin descanso a la Infancia, a nuestros hijos e hijas.