La penúltima imbecilidad de la ideología de género ha sido quitar la denominación de los premios Santiago Ramón y Cajal, Gregorio Marañón, Leonardo Torres Quevedo, Alejandro Malaspina y Juan de la Cierva a los máximos galardones de los Premios Nacionales de Investigación.  Su pecado, ser machos. En el caso de Juan de la Cierva, además tiene la agravante de ser facha. ¿Se imaginan quitar a Pablo Neruda, Miguel Hernández o Alberti de la denominación de cualquier galardón literario por ser comunistas? Pues eso, a estas alturas poco puede decirse más del vomitivo sectarismo de este gobierno sin incurrir en alguna conducta prevista en el Código penal.

Pero puestos a lograr una sociedad más inclusiva, lo que el PSOE y sus socios de Podemos debían plantearse es prohibir la música clásica. No hay una sola mujer entre los grandes compositores, Mozart, Handel, Vivaldi,  Wagner, Beethoven​, Puccini, Verdi, Chopin, Bramhs,  Chaikovski, Strauss,  etc, etc, etc, puro machismo oiga. Y que me dicen del “nazi” Wagner. Que no vivió durante la época del III Reich, contestará algún cursi leído, pero no vamos a dejar que la realidad nos estropee la propaganda. Además, ya se sabe que eso de la música clásica es para ricos burgueses casposos y aburridos nada que ver con la cultura popular de salsa rosa o la frescura de tik tok.

No se puede tolerar que se sigan interpretando unas obras musicales opresoras, ideadas para humillar a las hembras, que se ven minusvaloradas por un prestigio que sólo acaparan varones. La lucha contra el heteropatriarcado exige quebrar este “statu quo” que lleva tantos siglos excluyendo a las mujeres. Si no hay compositoras, no hay música clásica. Es una vergüenza que se sigan cediendo espacios públicos y concediendo subvenciones para que se toque música compuesta sólo por hombres.

No se rían, que estos razonamientos u otros parecidos podrían formar parte del futuro próximo, basta tan solo con que algún cateto del PSOE o algún analfabeto de Podemos, caiga en la cuenta. Si además hay pasta por el medio para repartir entre sus amiguetas, no lo duden, podrán una cuota de compositoras en cada concierto, no importa que, aparte de Clara Schumann, el resto de compositoras prácticamente sean desconocidas. Ya se las idearan para meter alguna contemporánea, que tenga carnet del partido o sea novia o cosa parecida de algún cargo, como Pedro Duque, ministro de Ciencia por ser televisivo astronauta y consorte de la socialista Consuelo Femenía Guardiola, el responsable de eliminar los nombres más ilustres de nuestra producción científica para dar gusto al feminismo más tronado.

La cultura para el socialismo siempre ha sido un instrumento de propaganda y en tiempos más recientes, además, una manera de hacer caja y mantener sus redes clientelares. La retirada de los nombres de unos premios que servían de ejemplo y homenaje a los más ilustres científicos e investigadores españoles, no por ser hombres, sino por sus méritos, es un atropello más de unos políticos totalitarios. Los sanguinarios revolucionarios franceses pretendían diseñar una sociedad a su antojo, para ello, además de la guillotina, emplearon a fondo la técnica del simbolismo propagandístico, cambiando nombres a meses y a lo que hiciera falta o prohibiendo por antirrevolucionaria cualquiera actividad que no cuadrase a su obtuso pensamiento. Así pues, queridos compañeros, compañeras y compañeres del PSOE y Podemos, animo, hay que prohibir la música clásica por machista y clasista.