Hace unos años salió a la luz pública una carta del Santo Padre, Pablo VI, con un carácter revelador a la vez que inquietante; en efecto, el 29 de Junio de 1972 el Papa escribe inquieto: “Diríamos que por alguna rendija misteriosa; no, no es misteriosa, por alguna rendija, el humo de Satanás entró en el templo de Dios. Hay duda, incertidumbre, problemática, inquietud, insatisfacción, confrontación. Ya no se confía en la Iglesia. Se confía en el primer profeta pagano que nos habla en algún periódico, para correr detrás de él y preguntarle si tiene la fórmula para la vida verdadera. Entró, repito, la duda en nuestra consciencia. Y entró por las ventanas que debían estar abiertas a la luz: La ciencia.”

Eso fue escrito hace casi 50 años como una posibilidad pero, ahora, ese humo incipiente se ha convertido en una densa humareda que ya es una realidad y que, además, ha invadido el templo de Dios e impide que veamos claro y sigamos entendiendo no sólo a la verdadera doctrina de 20 siglos de existencia sino que, también, hayamos adulterado la propia liturgia inspirada en esa misma doctrina. El humo satánico ya no entra por una rendija sino que se genera dentro del templo y sale a bocanadas de un incensario satánico que mecen y agitan con fervor muchos ministros renegados y desde el seno de la propia Iglesia.

Hay que admirar la inteligencia, la inspiración o el “ojo clínico” del Papa Pablo VI al relacionar ese humo satánico con las reflexiones de un “profeta que nos habla en algún periódico”, es decir, con la prensa y con la ciencia, porque es cierto que Satanás se sirve del poder de estas dos entidades, la ciencia y la prensa, tan aceptadas y valoradas por la sociedad moderna, para imponer su ley en la sociedad civil e infectar a la Iglesia. De hecho, no ha habido necesidad de esperar a la aparición de la falsa pandemia para poder observar cómo esa ciencia moderna y pagana, con su tecnología, sus psicólogos y sus médicos y esa prensa con su gran capacidad de propaganda mediante el cine, la radio y la televisión han fabricado densas humaredas satánicas que, en los últimos 80 ó 100 años, han creado desvío, confusión y degeneración de la liturgia, de la doctrina y de la moral tradicional; de hecho, antes de la falsa pandemia, ya habíamos conocido el caso, muy comentado y alabado por los progresistas del mundo mundial, de que el “papa” actual había admitido en público que no tiene nada que decir, absolutamente nada, a los sodomitas y, tiempo más tarde, afirmó también que hay que reconocer que éstos tienen derecho a formar una familia como todos los demás y que los católicos divorciados pueden volverse a casar y a comulgar; todas estas opacidades, decimos, ya se estaban produciendo con anterioridad a la aparición de la nueva estrella satánica: “el covid-19 y su falsa pandemia” que es otra humareda satánica que, como todos hemos podido observar, ha sido capaz de abolir durante meses tanto la liturgia como la doctrina y moral tradicionales.  

En el fragmento de cita de Pablo VI que encabeza este artículo, el pontífice acusa a la ciencia de tener un papel importante en la introducción del humo satánico en la Iglesia y, desde luego no le faltaba razón, puesto que el caso del covid-19 ha sido un ejemplo inmejorable de lo que anticipaba el santo padre. La cultura de la ciencia y, en concreto, la medicina moderna es una de las cabezas de la Bestia o, por decirlo en otras palabras, uno de los grandes poderes que rigen, sin discusión alguna, la cultura secular y la sociedad moderna actual y, en un futuro inmediato, dirigirá y reinará en el NOM (Nuevo Orden Mundial) sin posible oposición.

El caso de la falsa pandemia ha demostrado, sin lugar a dudas, que ese poder científico-médico no sólo va a regir, con mano de hierro, a la sociedad civil sino que, también, va a regir a la Iglesia que dirige Jorge Mario Bergoglio que venera a ese poder (a esa cabeza de la bestia) como el que más. Porque hemos llegado a un punto en que la inmensa mayoría de la jerarquía eclesiástica, desde el primero hasta el último, y la del pueblo cristiano cree mucho más o, dicho de otra manera, tienen más fe en la ciencia y en la medicina que en Dios. Todo parece indicar que la autoridad médico- científica y, en concreto, la OMS ha suplantado al Espíritu Santo y dirige y pastorea con autoridad a los fieles y pone y quita las fiestas de guardar, puede abolir la Pascua o la Navidad, decide cuántos fieles pueden asistir al templo, si se puede o no se puede comulgar y de qué forma, ordena el cierre de seminarios y templos e increpa, amonesta y expulsa de la comunidad a los que disienten, ya sean éstos sacerdotes o fieles. No se puede discrepar de la autoridad “espiritual”de la OMS a pesar de que se trate de una organización muy sospechosa de estar al servicio de grandes intereses multinacionales farmacéuticos que con dinero contante y sonante la mantienen y la promocionan con más del 80% de su capital. NO… no se puede dudar de la “inefabilidad” de la OMS cuando afirma “ex cátedra” que hay una pandemia que amenaza al mundo; su voz es “divina” a pesar de que haya miles de médicos, en todo el mundo, que ponen en duda la existencia o la agresividad y morbilidad del supuesto coronavirus y que afirmen que, en realidad, el fenómeno covid-19 no es otra cosa que la gripe de cada año, eso sí, exagerada y agrandada por la prensa internacional y los políticos… no importa que este año no haya habido un numero de fallecidos significativamente superior a otros años como para afirmar que ha habido una pandemia… no importan nada la evidencias objetivas… la jerarquía eclesiástica con el “papa” actual a la cabeza, tiene fe auténtica e inquebrantable en la OMS como, durante dos mil años, se le ha tenido al Espíritu Santo; el papa y los obispos confían y esperan que la OMS nos salvará de toda amenaza, tal y como siempre se ha esperado de la Providencia y han entregado el destino de la Iglesia a esta organización que nos va a guiar y a decir lo que es saludable o no, lo que es lícito o no en nuestras prácticas rituales, lo que debemos o no hacer, cómo y cuándo hacerlo: Si comulgar es una práctica infectocontagiosa o no, si utilizar vacunas que proceden de fetos abortados es moral o inmoral, si utilizar agua bendita es o no higiénico, si en los sacramentos hay que imponer las manos o utilizar palillos higiénicos y guantes quirúrgicos como manda la asepsia, si los sacerdotes pueden ungir a los enfermos o no, si debemos reunirnos o no para rezar… en la Iglesia de los últimos días la autoridad máxima y la última palabra, según la jerarquía actual y el “papa”, la ostenta la OMS y nosotros nos preguntamos ¿No es eso flagrante idolatría? Y nos contestamos: ¡Por supuesto que lo es!

Esta “adoración” idolátrica profesada a la ciencia y esta obediencia ciega ante sus mandatos secundada por todos está profetizada en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 13: “Y se postraron ante el Dragón, porque había dado el poderío a la Bestia, y se postraron ante la Bestia diciendo: ¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede luchar contra ella?”... Pero además de esta referencia apocalíptica, como hemos dicho, fue advertido claramente por el papa Pablo VI al especificar que ese humo de Satanás entraría por ventanas que, en principio, deberían aportar luz como es la ventana de la ciencia. Y es que esa ciencia moderna, materialista y atea, además, está clara y descaradamente el servicio del negocio fraudulento de las multinacionales que la promueven y la financian; la ciencia médica actual y la OMS están manipuladas por intereses espurios que están haciendo negocios sucios a costa del bienestar y la salud de los ciudadanos del mundo; está al servicio de una élite desalmada que sólo cree en el poder del dinero y empeñada en convertir a los humanos en una manada de esclavos obedientes, aborregados y asustadizos para que puedan ser los “ciudadanos” ideales del Nuevo Orden Mundial.

Al mismo tiempo que la Iglesia actual practica esa idolatría a la ciencia y vive esta desolación y esta ofuscación provocada por el humo satánico, no hay que perder la esperanza, puesto que hay un “remanente fiel”, pequeño pero fiel, aparentemente débil y escaso pero valiente y decidido y que, además, Dios mismo cuida de él y que, a pesar de estar censurado, perseguido y expulsado por la misma jerarquía eclesiástica actual, no se inclina ante la Bestia y está dispuesto a desobedecer a ese poder satánico y que, para ello, está dispuesto a todo porque sabe que no tiene nada que perder si conserva “lo único que  importa” que es la fe y la adoración única a Dios y a su hijo Jesucristo; es una pequeña tropa al servicio de Dios, compuesta por unos cuantos obispos, sacerdotes, seminaristas y gente del pueblo cristiano que no obedecen a la OMS ni a su pervertida medicina, que se rebelan ante los ataques a la liturgia y a la doctrina impuesta por un “papa” y unos obispos “tibios” y “adoradores” de la ciencia pagana y que, además, esos pocos cristianos auténticos no creen en la existencia de una falsa pandemia, confían en Dios y no tienen miedo porque saben que es un invento satánico que no tiene realidad alguna y que no están dispuestos a cambiar ni un ápice de su doctrina ni de su liturgia… ellos son aquellos de los que habló Jesús :”Vosotros sois la luz del mundo… Vosotros sois la sal de la Tierra”… por ellos y gracias a ellos todavía queda esperanza porque Él estará con ellos hasta el fin del mundo.