No he podido menos de sonreírme al ver la foto con la que el CORREO DE ESPAÑA ha ilustrado mi primer artículo sobre “Cubita la bella”. Vemos a un Raúl Castro con su guerra de Generalísimo de “cuatro estrellas”.

¿El motivo de tal sonrisa? Revivir la Historia de  setenta años atrás,  cuando Fidel y sus seguidores odiaban los pomposos títulos de los militares y, todos los “jefes guerrilleros” se llamaban “comandantes” por odio a los grados superiores de los Ejércitos,  como  coronel, general. Ellos –“modestísimos”-- solo se permitían ser “comandantes”. El comandante Fidel, el comandante Robreño, etc.: Una prueba más de su cinismo y de lo embustero que es siempre el marxismo. Esa es la razón por la que  Fidel es conocido como “el Comandante”.  Robreño, con veinticuatro años presidió el juicio contra los aviadores de Batista en el palacio de deportes de Agua Dulce pero, cuando vio la deriva,  huyo y juro matar a Fidel. (En los años setenta,  sería un gran amigo y contrincante en centenares de partidas al frontón).

Reanudemos el tema  que lo dejé saliendo de Tiscornia que al estar al otro lado de la bahía, se diría que no era La Habana. Desde el Morro y la Cabaña hasta Matanzas, había 100 Km. de “desierto inmobiliario”, había playas pero ni un edificio. (Me encantaba ir a Santa María del Mar y Tarará por sus playas excelentes y sin un alma).

La bahía frenaba el crecimiento de la ciudad hacia  el este, forzándolo por el oeste, dirección Pinar del Río: Para ir a Matanzas había que rodear toda la bahía. Todo cambió, cuando una constructora  francesa (Grands Traveaux de Marseille) entregó terminado el túnel que ahora conecta los dos lados de la bahía lo que ha permitido el auge de la zona este. 

Nos cruzaron al muelle “San Francisco” y nada màs pisar la ciudad vi la diferencia con Europa y España. Cuba era – ¡independiente, sí!--  pero,  en la vida práctica,  un estado más de la Unión, en cuanto a “nivel de vida”,  muy por encima del europeo, no digamos del español de esos “años de racionamiento” (todos, antes de embarcar en Bilbao, tuvimos que dejar nuestra “cartilla”)

Cuba era Jauja. Como lo era la nación vecina del norte, a menos de 400 Km., (y a media hora de avión),

Mi nuevo impacto,  fue comprobar ese nivel de vida cubana. Las tiendas y grandes almacenes como “El Encanto” estaban abarrotadas de todo lo que carecíamos en España,  tras la ruina en la que nos dejó el espíritu destructor de los rojos y ante la imposibilidad de rehacernos por culpa de la II Guerra Mundial seguido del cierre criminal e inmediato de la frontera francesa…

Lolo que de día contemplaba recorriendo la ciudad, venía a reforzar el contraste recibido en la noche comparando el mundo que había dejado y el que me recibía.

Me llamó la atención ver una ciudad donde -- salvo en la parte antigua-- las viviendas predominantes eran de dos alturas, y que crecía horizontalmente no verticalmente. Otro dato a tener en cuenta: su cielo inconfundible   de un azul diferente, lo mismo que los matices de sumar, de tonos inolvidables.

Ampliando la información sobre el nivel de vida. Conviene recordar que los modelos de coches salían al mismo tiempo en Cuba que en Estados Unidos. Algunos decían que ciertas marcas las exhibían antes en la Isla como reclamo. No puedo asegurarlo. Lo que si era cierto es que los chavales cubanos conocían al dedillo todas las marcas de coches USA y te decían, en el acto,  no solo la “marca” sino el “modelo y la fecha de puesta en el mercado”: “Ese es un Chevrolet del 39,  un Chrisler del 45, un Dodge del 36, un Cadillac del 42, etc.”,  y eso de las la  innumerables marcas USA que  no tenían secreto para ellos. Estaban cansados de verlos. En las casas de cualquier familia de clase media había,  no uno,  sino tres y cuatro coches y en todas al menos uno. Mientras tanto en España apenas circulaban unos centenares de automóviles  en las grandes ciudades. Y de modelos de los años veinte. Pasarían otros veinte antes de acercarnos a los niveles de Cuba en 1945--cuando ya funcionaba la SEAT--.

Será interesante hablar del  “carácter” de los cubanos. Al regresar catorce años después a España tuve que aclarar a más de un compatriota que no tenía ni idea de cómo era ese pueblo. Lo consideraban una especie de gente calmosa y medio vaga que iba a paso de tortuga en su forma de trabajar: en fin, “super tranquila” y “poco productiva”… Les tenía que decir, porque además era cierto: “Mira ves a este camarero que nos ha servido…si fuera cubano habría atendido ya al doble de clientes” Eran rápidos, eficientes, todo lo contrario de lo que en España creían muchos.  Seguiremos con el tema pero les recuerdo que han convertido La Florida en el Estado más próspero de USA.

Creo que desgraciadamente, los sesenta años de fidelismo, ha cambiado totalmente al “nuevo cubano” nacido ya bajo el comunismo y sin alicientes el trabajo. El primer daño que hace el comunismo a las naciones es que los convierte en seres sin ilusión, sin ganas ni ánimos para hacer nada.