Desde la implantación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección contra la Violencia de género, son muchas las voces femeninas que se han alzado como contrarias a ella, entre las que me incluyo, entre otros motivos, por la excesiva tutela del Estado hacia la vida de las mujeres, de nuestro desarrollo como personas que redunda en una actitud de proteccionismo tal  que hace que quedemos ante la sociedad como seres incapaces de ejercer nuestra autonomía. Y no sólo eso: también modificaron el código civil en materia de separación y divorcio.

Nos vendieron esta ley como algo bueno para las mujeres, que las protegería en caso de sufrir algún tipo de daño fisico o moral por parte de sus parejas.....

 

Sin embargo, lo que se oculta a la sociedad es una realidad bien distinta: La ley integral contra la violencia de género dejó una enorme puerta abierta para que las mujeres la utilizaran con fines espurios, de tal manera que cuando se aplica  en procesos de divorcio con hijos menores las mujeres pueden descargar toda su furia contra quien fue su pareja y padre de sus hijos interponiendo una denuncia por malos tratos que le otorgará la custodia exclusiva de los hijos, la vivienda conyugal,  informes médicos y forenses que no pondrán en duda lo que la denunciante diga, ayudas sociales y jueces que en muy pocos casos le quitarán la razón y que además impondrán una orden de alejamiento para el presunto agresor.

 

El feminismo actual, pretende vendernos una lucha por la igualdad que queda muy lejos de serlo cuando se olvidan de que los hombres, por el mero hecho de serlo pierden cualquier tipo de derechos para con sus hijos. Se quejan de la falta de implicación de los padres en el cuidado de los hijos, pero únicamente reivindican conciliación familiar para ellas, son contrarias a la custodia conjunta,  por no hablar de las dificultades que pasan la inmensa mayoría de los padres con un regimen de visitas para con sus hijos para conciliarlo con el trabajo.

 

El feminismo nos vende la imagen del progreso de la mano de mujeres que acceden al mundo laboral, abogando por el aborto cuando existen en el mercado numerosos medicamentos para evitar embarazos no deseados, nos obligan a ser madres a edades tardías con la excusa de que en caso contrario no nos desarrollaremos laboralemente y ven con malos ojos a la mujer que desea formar una familia y cuidar de ella. Sin embargo no trabajan para que las mujeres que hayan tomado esta decisión puedan tener mayor facilidad para ingresar en el mercado laboral y puedan compaginar el trabajo con la familia. Tampoco les interesa que salga a la luz el precio que tienen que pagar los niños en procesos de divorcio conflictivo, ellos son los que cumplen las sentencias judiciales de órdenes de alejamiento, siendo obligados a acudir a ver a su padre a un frío punto de encuentro, o recorrer una cantidad interminable de metros para poder estar con el progenitor paterno, o ver el impedimento de sus madres a que sus padres se acerquen a ellos en un encuentro fortuito en la calle, o en un partido de fútbol de extraescolar...

Los niños no generan votos y no les importan, pero se olvidan de que esos niños un día crecerán y serán conscientes del daño que se les ha hecho, y se convertirán en jueces y verdugos.

 

Las mujeres que somos madres de niñas, trabajamos porque nuestras hijas no vivan de victimismo y en un futuro sean personas de bien que no pisen al prójimo ni se dejen pisar por él y no vivan del sistema.  Debemos requerir a las autoridades la no exclusión de los varones en los planes de igualdad. Las madres de niños varones tienen que trabajar para que sus hijos tengan los mismos derechos que las chicas y que no sean tildados de malos por el hecho de nacer hombre.

Sin embargo, las que tienen hijos e hijas tienen que ocuparse de educarlos por igual, pero teniendo en cuenta de que la hija tendrá más derechos que el hijo y encargarse de trabajar para exigir que esto no suceda.

 

¿Quién se cree con derecho a poner precio a la vida y al futuro de nuestros hijos e hijas?

Nuestros hijos se merecen todo el respeto del mundo y nadie tiene licencia para inmiscuirse en sus vidas salvo sus padres, que son los únicos que deben tener la potestad para guiarlos en la sociedad.

 

Una legislación adecuada puede ayudar a mejorar la vida de las personas, pero con la movilización, el compromiso, la educación y la toma de conciencia individual y colectiva es lo que hará que consigamos nuestros objetivos, pero siempre desde la coherencia y lejos de la venganza.