'La tragedia que se desarrolla en los hogares de ancianos de España ha conmocionado a una nación que se enorgullece de su reverencia hacia las personas mayores y su sistema de atención médica', expresaba hace unos días el New York Times respecto a estas víctimas. Pero nuestra realidad política difiere por completo de esta reflexión.

El presidente Sánchez se planta en el Congreso de los Diputados engalanado con una corbata roja, mientras adopta posturas más dignas de 'postureo de instagramer' que de un mandatario político. Es conocido por todos el gusto de este presidente por mostrarse altanero, siempre pendiente de atusarse las cejas mientras sus rivales políticos argumentan sus planteamientos. 

Sus gestos simbolizan el desprecio hacia todo aquel que rebate sus medidas, sus decisiones, sus errores...Pero en esta debacle del coronavirus, éste, nuestro presidente, ha rebasado una línea que roza el esperpento y que nos inunda el corazón de rabia e impotencia.

A nuestros mayores fallecidos por el maldito Covid-19, no sólo les debe un luto nacional, sino que el presidente de la nación debe, debería, cada día, antes de cualquier comparencia enlatada de las que tanto le gustan, debe, debería pedir un minuto de silencio, y a continuación, dedicarles unas palabras de recuerdo y reconocimiento. 

La infame actitud de Sánchez durante el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados demuestra cómo el luto sí se puede mostrar y sí se puede exigir, como así lo hizo el líder de la oposición, Pablo Casado, quien instantes antes de su intervención y vistiendo un traje y corbata negros, pidió guardar un minuto de silencio en señal de respeto por las víctimas del coronavirus.

El espectáculo de ver a un presidente incapaz de mirar a los ojos a la oposición, sin mover una sola pestaña al hablar de esta crisis, de nuestro país en ruina, de su gente confinada sin derecho a nada, sin que se le cambie ese gesto que combina la soberbia con la máxima ineptitud, de quien siendo un inepto se cree un nuevo Kennedy, nos traslada a otros países, a otras políticas, que jamás deben imponerse en nuestro país. Mandatarios totalitarios que se aferran al poder, incapaces de asumir sus errores, y que buscan a toda costa no perder el escalón del poder al que ya se han subido.

NUESTROS ABUELOS Y ABUELAS A LOS QUE SÁNCHEZ OLVIDA

flores

Esta fotografía corresponde a las puertas de una residencia de mayores, donde las familias han depositado flores por cada residente fallecido. Una imagen que logra estremecer por su mensaje, arropado por la vida y el color que nos regalan las flores.

Los abuelos y abuelas de este país han logrado sostener todos y cada uno de los servicios públicos de los que disponemos. Han trabajado con sus manos durante toda su vida, han sacado adelante a sus hijos en tiempos muy difíciles y con pocas ayudas. Han costeado las carreras de sus hijos, han conseguido un futuro mejor para ellos, madrugando, sacrificándose y renunciando a vacaciones, renunciando a caprichos por sacar adelante a su familia.

Una vez que han logrado darles lo mejor a sus hijos, se han ocupado de sus nietos. Abuelos y abuelas que cuidan de nuestros hijos, que llevan a sus nietos y nietas al colegio cada mañana, echando una mano para que padres y madres no renuncien a sus trabajos. Los mismos abuelos y abuelas que les esperan por la tarde, con esa bolsita llena buenos bocatas y una pieza de fruta que siempre les acompaña, y que haga lluvia, frío o un calor asfixiante, esperan siempre con una sonrisa a sus nietos. 

Señor Sánchez: ¿no tiene abuelos? ¿ Cuántos miles de abuelos y abuelas han muerto en la más profunda soledad mientras este gobierno les estaba ignorando?. ¿No merecen su luto? ¿Ni por un día? ¿Es capaz de negarles ese recuerdo?. 

El simple pensamiento de saber que tantos y tantos mayores han sido abandonados a su suerte en algunas residencias, sin atenderles, sin auxiliarles en unas mínimas condiciones, se hace insoportable. Morir en soledad, en una residencia, en un hospital, perdido, sin oir la voz de tus hijos, de tu esposo, de tu mujer, esto es algo tan descarnado que cuesta escribirlo. Pero Sánchez lo digiere bien. No sabe de decencia, no sabe de trabajo duro, no sabe de lealtad, no sabe de humanidad.

Haber permitido que nuestros ancianos no puedan despedirse de sus familias, de la forma y manera más segura posible es una tragedia infinita. No es humano que personas que han pasado toda una vida trabajando, cuidando y protegiendo a su familia, a sus hijos, a sus nietos, mueran solos. 

El luto lo lleva España entera en el corazón, a excepción de aquellos que nunca debieron pisar el escalón del poder que ahora les permite gobernar con total impunidad.

Pero terminará, y la decencia política se impondrá. Y las responsabilidades se pagarán.