A la pregunta que me hago los felipistas me responden malhumorados que “nada de nada” porque el Rey, el suyo, está por encima de todo lo que haga el Gobierno y su tropa, tenga más o menos trascendencia para España como es el asunto del Sáhara, en el que Marruecos, con su Rey sátrapa y ladino al frente, ha ido ganando control ante la inacción de España.  

    Y está por encima, me dicen, porque el Rey, el suyo, no está en las cosas menores; lo suyo, me dicen, es el control mental de la nación para tener todo sujeto y que no se desbarate el orden social. Acordaos, me recuerdan, cómo paro la sedición de Cataluña simplemente saliendo en la televisión, al igual que su padre el 23-F. Por eso os confundís, me dicen, cuando ponéis en vuestras bocas y en vuestras plumas cosas menores que nada tienen que ver con su función de árbitro, moderador, impulsor, guía, mente pensante y maestro. Todo en una misma persona y todo ello guardado en sus genes para trasmisión hereditaria.  

    ¿Y qué son esas cosas menores, mayores para el común de los mortales? Pues, que el Jefe del Estado asista a lo que decidan que asista, que diga lo que le dicen que diga y que haga lo que le ordenan que haga. Porque eso es para ellos, para los felipistas, estar por encima de todo. Es decir, que ser Rey es tener menos poder de ejecución que Ione Belarra Urteaga. Otra de las chicas Pablo Manuel Iglesias.

   Entonces, como no comprendemos el lenguaje monárquico que ellos emplean con tanta facilidad, al vernos estupefactos nos espetan dos de las últimas cosas que ha dicho su Rey, Felipe VI. Y las dos, como nos recuerdan, dichas el mismo día y en el mismo acto (La Palma, 12 de marzo, con ocasión de visitar el desastre del volcán). Lo que para estas gentes cobra mayor importancia, porque es una forma de decirnos que el Rey, el suyo, está permanentemente en todo. Que todo lo controla y que lo tiene todo permanentemente en la mente. Vamos, que no se le escapa un detalle.  

   ¿Y cuáles son esas dos cosas?

“Nos conmovieron vuestras historias. Saber de tantos recuerdos y tantos años de esfuerzo sepultados bajo la lava. Desde ese día, y hasta que cesó la lava y la destrucción no hemos dejado de sentirnos cerca de vuestro inevitable dolor y resignación. Sufrimos por y con vosotros. Fue una tristeza compartida. Lo que nos unió entonces debe seguir haciéndolo ahora en esta nueva etapa”. Pues claro, y  que sea para siempre para bien de la Familia Real.  

    Y a renglón seguido, garantizar la plena solidaridad de España con Ucrania ante el sufrimiento desgarrador que están soportando sus ciudadanos a causa de una guerra sin justificación”. Como si la solidaridad que pide tan alegremente la fuera a ejercer él y su familia. O como si el dinero que habrá que emplear para dar cobijo a todas estas gentes fuera el suyo.

    Óiganme, y perdonen que insista, y de lo del Sáhara, ¿qué?

    Por favor, compórtese como un buen español (me responden), no sea usted impertinente… ¡He aquí los monárquicos!

    Me da por pensar que si al padre le importó un bledo el asunto del Sáhara, al hijo le importa bastante menos. Bien es cierto que el Sáhara -en vez de haber disparado a toda esa masa de harapientos que pretendían invadir territorio de España- se entregó de facto a Marruecos hace 46 años.     

    Y ahora a por Ceuta y Melilla, puede que en la agenda del PSOE y desde luego que en la de Podemos, y en la de los socios del Gobierno de Sánchez: EH-Bildu (terroristas), ERC, BNG, PNV (separatistas) y mindundis: Compromís, Teruel Existe y Nueva Canarias.