Hace pocos días me refería en este mismo medio al mutis por el foro de la ministra de Defensa ante las ofensas del vicepresidente del gobierno Iglesias a SM el Rey, porque a este tipejo no le parece bien que el Jefe del Estado vista uniforme de capitán general. Tampoco a mi me gustan sus zarrapastrosas pintas ni su grasienta coleta.

Pero, no hay una sin dos y ya veremos si tampoco hay dos sin tres. Resulta que la directora general de la Guardia Civil también está desaparecida. En realidad lleva sin dar señales de vida desde que fue nombrada,  luego de un par de meteduras de pata iniciales, meteduras que son un virus más que no solo afecta a ella sino también al gobierno en pleno. Un día tras otro, donde dice digo por la mañana, por la tarde dice diego.

Como el gobierno no sabe por donde le da el aire, ni cómo meterle mano al control de la pandemia, día tras día se parapeta en unas comparecencias esperpénticas y abracadabrantes tras tres uniformados de alta graduación, un incompetente responsable sanitario y algún que otro funcionario de segunda división. Tras ellos, el gobierno esconde su incapacidad e incompetencia y los expone a que den la cara por ellos.

Son capaces de enfangar en comparecencias que quiérase o no son políticas a quienes no tienen más ideología, ni más política que servir a su Patria, su Nación y a sus ciudadanos, como garantes de su integridad, libertad e independencia. 

Por ello, el gobierno en un claro abuso de la imagen y reconocimiento social de estos servidores públicos son las auténticas víctimas del esperpento diario. La primera víctima fue un comisario  general, anteayer le ha tocado a un general de la Guardia Civil y dentro de poco le tocará al teniente general jefe la JUJEM.

Poco les importa sacrificar, personal o profesionalmente ante la opinión pública a unos honrados y ejemplares militares con tal de salvar el trasero a los ministros que son quienes deberían estar en su lugar dando la cara porque ellos son los políticos y los uniformados ni lo son, ni quieren serlo.

Volviendo al título. He de confesar que en este momento desconozco el nombre de esta señora director general de la Benemérita, pero lo que se a ciencia cierta es que el ministro de  Interior y la ministra de Defensa (otra silente) son quienes deberían comparecer y en todo caso la directora de la Guardia Civil, en vez de enviar al desolladero a un funcionario de 4º nivel (1º el ministro, 2ª la directora general, 3º el teniente general de la GC y 4º el jefe de EM). Una canallada, porque ningún alto mando de la Benemérita o la Policía se inventa por su cuenta y riesgo una orden de tamaño pelaje.

Hasta donde yo se, los uniformados tienen en sus ordenanzas la obediencia debida y las órdenes a los primeros eslabones de la cadena de mando provienen siempre de los políticos. Ellos son los que delinquen al ordenar mandatos delictivos. De nuevo, los políticos desaparecen cuando se trata de dar la cara para que otros, a quienes su honor les impide delatar a sus superiores, sean quienes arrostren y hagan frente a su incompetencia y su desidia.

Señores del desgobierno, quiten sus manos de las Fuerzas Armadas y del Orden y dejen de usarlas de parapeto. Esa no es su guerra. Su guerra no es acallar a quienes no piensan lo que el gobierno y bastante tienen con cumplir con su deber diario de defendernos, protegernos y ayudarnos a todos, tareas en las que se dejan penalidades, sufrimientos y vidas.