El balance general del año 2021 para España es muy negativo, en todos los campos (exteriores, seguridad, economía, educación, etc.), y las perspectivas son peores.

La madre de todos nuestros problemas es que, como en cuento del rey desnudo, España está más que desnuda, porque ya ha empezado a ser descarnada por los buitres. Pero, a diferencia del cuento, no solamente lo sabe la clase política, de las que unos se hacen los ciegos y otros han sido los instigadores directos.

El sistema autonómico, en su concepción y desarrollo, es un cáncer que ha ido corroyendo, por fases calculadas, los cimientos de la nación. Las nefastas autonomías han acabado con la igualdad de los españoles ante la ley, ha multiplicado por 17, o más, el despilfarro económico, ha roto la unidad de mercado y, entre más cosas, la cohesión nacional ¿eso qué es?

Los gobiernos españoles, de cualquier color, han sido y son rehenes de las organizaciones separatistas, incluida la ETA (mi reino por un plato de lentejas). Ahora vamos, con paso decidido, al cantonalismo.

El actual gobierno socialista y comunista está profundizando en una revolución, blanda en los procedimientos y dura en los objetivos finales, entre ellos no soltar el poder (ya sabemos cómo se la gastan). Así, vemos que su ética brilla por la ausencia, va forzando, o soslayando, el incumplimiento de las leyes, que no estén de acuerdo con su ideología, progresivamente controla, con mano dura, a toda la sociedad y emplea la mentira como herramienta política. De manual.