¿De verdad creen las egregias figuras de la política, del periodismo, de la judicatura, las mismas que se han tragado las toscas invenciones de este desgobierno criminal permitiendo la degradación de la antaño dignidad institucional, que el descabezamiento del CNI, la depuración de sus profesionales al servicio de la Seguridad Nacional, obedece al intento de contentar al independentismo, al bolivarismo podemita sin que el propio Pedro Sánchez saque tajada de tan rastrera maniobra? ¿De verdad España es sometida a la imbecilidad generalizada, como para tragarse tamañas estrategias de absurdez que sin embargo han dado resultado con el objetivo de engañar a la opinión pública y confundir la verdadera funcionalidad de los diversos organismos del Estado que han sido asaltados consecutivamente sin apenas resistencia? 

 
En mi anterior artículo me aventuré a predecir el asalto a propósito del CNI como un plan más de esta bastardía monclovita donde no existen las casualidades. Los antecedentes de engaño continuo deberían haber convertido en avezados desconfiados, a cuantos ostentan influencia pública para imponer cortapisas a las patéticas trampas que caracterizan la deriva radical del PSOE junto a sus socios que iniciaron el asalto al Centro Nacional de Inteligencia estando prostituida, como tantas otras responsabilidades, la presidencia del Congreso. Ese fue el preámbulo de esta nueva patraña asacada en los mismos despachos donde se pergeñaron las mamarrachadas de las balas amenazadoras y la navaja de un demente durante la campaña electoral en la Comunidad Autónoma de Madrid. Entonces la sombra rastrera de Pablo Iglesias era alargada como trilero sin escrúpulos... la misma sombra que, por el modus operandi, se sospecha en los tejemanejes posteriores a pesar de que, en apariencia, salió escupido del Gobierno quizá para seguir trajinando desde las sombras. 
 
Lo cierto es que la causalidad es el principal motor para colar la argucia acerca de poner en duda la integridad y profesionalidad en el CNI, no la casualidad de que una publicación extranjera ponga en pie de guerra al independentismo y al comunismo cuando la estratagema de depuración ya estaba acordada de antemano. Y no se puede ser tan descabelladamente conformistas al creer que Pedro Sánchez no está metido en el ajo durante este paripé de espionaje por Pegasus, victimizándose para justificar la destitución de Esteban para empezar a colocar elementos sectarios y afines que permitan atentados silenciosos contra la Seguridad Nacional y vayan ustedes a saber, lo más seguro es que sí, contra los derechos fundamentales de los ciudadanos, por si no fuera suficiente con la destrucción que hasta ahora esta panda de malintencionados y ventajistas sin moral han provocado. 
 
Tragarse una vez más la historieta del problema surgido de la nada conlleva que el fullero de La Moncloa siga maniobrando para darle alas hacia la próxima sorpresa que se prepare con el único fin de mantener a este desgobierno criminal en el poder. No se puede bajar la guardia acomodando el juego democrático cuyas previsiones halagüeñas para  el centro derecha en próximas elecciones generales hunden a Sánchez en el barrizal de la humillación. Si oficialmente coló un 11-M del nefasto Zapatero, aun con todas las elementales incógnitas por resolver, y se han aplazado los innúmeros casos de corrupción desde que el sátrapa "Antonio" se colgó como un mono en La Moncloa, ¿qué no estará dispuesto a inventar para que los recursos del Estado, atracados a los contribuyentes, sigan a disposición gregaria para eternizar su presencia en el Falcon? Lo sucedido con el CNI es un ataque más contra la democracia, una planificación añadida y primordial para intoxicar España a un grado mayor de totalitarismo sanchista. Bajar la guardia es una temeridad que pagará caro España con el CNI ya a merced de sus enemigos.