La Transición blanqueó lo que parecía imposible, y quienes desde dentro del Régimen planificaron el nuevo diseño de España sin la más mínima prudencia, obviaron, además, con qué clase de gentuza y buscavidas trataban.

    Por lo que respecta al PSOE, que venía de una historia criminal y de corrupción perfectamente documentada, y que era un actor hasta entonces absolutamente inoperante, casi inexistente, jugó bien sus cartas exigiendo, a fin de no alzarse: “la confiscación de todos los bienes de los sindicatos que se repartieron con el PCE y la CNT, la amnistías general para todo tipo de delitos y la autodeterminación de todas las nacionalidades del Estado”. Autodeterminación como paso previo para configurar España como “República Federal”. Que ese es el modelo que ha sustentado y sigue sustentando el PSOE.  

    Estamos frente a un partido que como ha demostrado estos últimos cuarenta y siete años, y se ha venido denunciando: siente una profunda aversión por el pluralismo, hasta el punto de impulsar e instar “cordones sanitarios” a millones de españoles. Tergiversa los conceptos, miente y manipula. Insulta gratuitamente. Se arroga una categoría moral que nunca ha tenido. Convierte el fraude en servicio público. Sacrifica la ética, la cultura y los valores a sus intereses. Excluye toda propuesta que vaya contra su constructo político auxiliado por las élites internacionales. Fomenta el clientelismo a través de beneficios estatales a consta de vender lo que sea. Apoya dictaduras sanguinarias y corruptas. Defenestra a personas decentes. Y cree que está justificado por la historia, pese a tener, sobre todo en España, un pasado criminal e indecente.

    Hoy este partido al que se le ha consentido todo, y a través del Gobierno de Sánchez, un psicópata a juicio de expertos psiquiatras, da una vuelta más a la tuerca que estrangula a España.

    Con su ley de memoria democrática divide a los españoles hasta un extremo ciertamente peligroso. Asalta el Estado con los acuerdos con la Generalitat, a cuya autonomía impulsa internacionalmente hacia la independencia. Respalda el incumplimiento de las sentencias judiciales por no hacer cumplir al gobierno de Cataluña el “25 por ciento” del castellano en las aulas y organismos oficiales. Y legítima la corrupción al justificar el “caso” de los ERE en Andalucía, la mayor operación de corrupción de estos últimos cuarenta y siete años, defendiendo a los delincuentes Chaves y Griñán. Solo le quedaría para repetir su propia historia que algún socialista, solo en compañía de otros, llevará a cabo un crimen execrable.

    Después de estos cuarenta y siete años la quiebra de España es evidente, y el desastre al que nos aproximamos no es otro que la marcha inexorable hacia el Estado fallido. Así pues, o se remedía la situación, o no seremos otra cosa que la avanzadilla de América del Sur.

    Seguro que hay mucho que rectificar, como es el caso de volver a confeccionar una Constitución que enmiende los errores de la actual, pero hay que comenzar por lo principal… Declarar al PSOE o, al menos, al Gobierno Sánchez fuera de la ley. Los cargos son evidentes.

    O se actúa, y con toda la urgencia que requiere poner a esta tropa fuera de la ley, o terminarán liquidándolo todo. Son tropa… No he conocido a ningún socialista bueno. Son peor que la peste.