Que la visión de la crisis de Ucrania en los medios de comunicación occidentales es maniquea resulta evidente para cualquier espectador mínimamente informado. La insistencia en las supuestas atrocidades cometidas por el gobierno de Putin, las continuas comparaciones con reputados exterminadores de la talla de Hitler o de Stalin y las denuncias lacrimógenas de su valores culturales iliberales y acusados de anacrónicos y excluyentes desde una perspectiva progresista, resultan abrumadores. Si bien no por ello más certeros. Nunca fueron tan actuales las palabras de Guillame Faye como ahora: “Lo que molesta a los dirigentes europeos (políticos y medios de comunicación confundidos), es primeramente la orientación ideológica del poder ruso, centrado en los valores de identidad, arraigo y patriotismo, lo inverso de las opciones ideológicas occidentales profundas. La nueva Rusia representa pues un peligro, en términos de atracción mental sobre los pueblos de origen europeos, al ser un ejemplo a seguir; se trata de una espina para las oligarquías occidentales desarraigadas, un objeto de odio patológico. La hostilidad del poder ruso a las manifestaciones del orgullo gay o al matrimonio homosexual, por ejemplo, le hace ser detestado por toda la intelligentsia próxima al poder y por la clase periodística en Francia. Naturalmente, el gobierno ruso es políticamente incorrecto”.

Recientemente he podido explicar, en dos conversaciones mantenidas en el programa de origen neoyorkino “Sin Filtros”, junto a la periodista Maibort Petit y al profesor Julio Cirino, algunas de las claves que considero esenciales para acabar con esa óptica maniquea, simplificadora y del todo interesada que abundan en los medios de comunicación occidentales: URGENTE: RUSIA AMENAZA A EE. UU. CON ENVIAR TROPAS A CUBA Y VENEZUELA, ¿QUE SIGNIFICA ESTA AMENAZA? y LA GRAN ALIANZA CONTRA OCCIDENTE: RUSIA Y CHINA RETAN A EE. UU.

Nos encaminamos hacia una Tercera Globalización que, a diferencia de lo que sucedió en las dos anteriores, no va a estar dominada, al menos si Estados Unidos no lo evita dinamitando una nueva escalada de conflictos bélicos, desde la así llamada “anglosfera”; y buena parte de lo que está ocurriendo en Europa no es más que el intento de una parte del Gobierno de los Estados Unidos (conectada en línea directa con el Complejo Militar-Industrial del Pentágono) por enfrentar a la UE con Rusia para tratar de debilitar a ambos contendientes, reactivar su economía en buena medida dependiente de la industria militar y aunar a la población encrespada de un país fraccionado que, en algunas zonas, incluso no reconoce al Presidente actual dada la oscura sombra que se cierne sobre su proceso de elección.

Frente a la innegable crisis de las democracias liberales, al fracaso geopolítico de un modelo de dominación cultural que hace escasos meses que fue expulsado de Afganistán (lo expliqué en detalle aquí: Afganistán como génesis de una geopolítica postoccidental) y la tentación occidental de volver hacia unos “dioses fuertes” (R.R. Reno) que modelos patrióticos y con una fuerte influencia religiosa tales como los de las democracias “iliberales” (V. Orban) del Grupo de Visegrado (Polonia y Hungría, especialmente) o la propia Rusia, muestran como alternativas viables al revisionismo histórico, la ideología de género y el modelo individualista del liberalismo. La idea, siguiendo la teoría clásica propuesta por Halford Mackinder en 1904, consiste en dominar la geopolítica mundial reforzando la dominación clave en la zona de Eurasia.

Espero poder explicarlo todo mucho mejor y de manera más detallada próximamente en uno o en varios artículos destinados a profundizar en el tema, pero antes de concluir esta breve nota, me gustaría añadir porque creo que es importante aclararlo que dudo mucho que vayamos a entrar en una guerra. La intención de Rusia consiste mucho más en realizar una exhibición de poder que en iniciar un conflicto militar, pero es normal que rechacen el avance estadounidense, vía la OTAN, en sus fronteras directas; que quieran a integrar un territorio históricamente afín como lo es Ucrania (recuerden el Rus de Kiev); y que rechacen el modelo liberal que troceó los restos de la URSS para mejor venderlos a distintos oligarcas rusos que Putin pudo expulsar (y que después supieron levantar un enorme emporio económico en la City londinense desde la que generan propaganda anti-Putin esperando poder volver a tomar el control de una Rusia nuevamente fragmentada y empobrecida) para comenzar a reflotar una Rusia fuerte y, de nuevo, imperial.

El papel de Europa en este contexto es la de unos estados nacionales cada vez más débiles y dependientes de los organismos de la UE que parecen acercarse al modelo, ansiado por muchos de unos Estados Unidos de Europa a imitación de su ídolo liberal. Mientras no haya alternativas fuertes ejemplificadas en países de relevancia, la existencia geopolítica de Europa será solamente una entelequia creada por los Estados Unidos para cancelar toda posibilidad de acuerdo entre Europa y Rusia. Lo explica bien Alexander Dugin en diálogo con Alain de Benoist: “Putin es un jefe de Estado realista. Está, además, intelectualmente más cerca de los europeos que de los chinos, los cuales pertenecen a una civilización completamente distinta. A Putin le hubiera gustado convertirse en aliado de una Europa independiente en el contexto de un mundo multipolar, pero Europa está, efectivamente, comprometida por completo con el atlantismo, colonizada por los norteamericanos. Europa no es libre, puesto que no tiene ni siquiera la libertad de apoyar a Putin como aliado. No se pueden tener relaciones estratégicas con alguien que no es libre. En la medida en que Europa siga bajo control estadounidense, se convertirá cada vez más en la cabeza de puente de la estrategia norteamericana sobre el continente eurasiático, y la amistad que Putin desea no será posible. Si Europa vuelve a ser soberana, todo será diferente”. En ese sentido, la tensión en la frontera ucraniana es una obra maestra del maquiavelismo político firmada por aquellos a los que más interesa una Europa débil, fragmentada y echada en brazos del revisionismo histórico, la ideología de género impuesta desde el Estado y los valores de mercado como eje vital de unos individuos disgregados entre sí y encuadrados en el marco de una comunidad política atomizada.

En caso de entrar en una guerra, se debería mucho más, en mi opinión, a la presión mediática occidental, a la incorporación de tropas de diferentes países en el lado ucraniano de la frontera y a la posibilidad de atentados de “falsa bandera” que, desde el desastre del Maine y hasta la controversia de las armas de destrucción masiva en Irak, pasando por la Guerra de Vietnam, han servido siempre de excusa para unos Estados Unidos deseosos de colonizar el mundo después, de haber ensanchado su viejo e inmoral lema: donde se decía “América para los americanos”, pasaron a ambicionar algo así como “el globo mundial para los estadounidenses”.

No debemos olvidar que existen muchas formas de dominación: del control del imaginario colectivo a la limitación de la política económica, pasando por la dominación cultural y mediática; entre otras tantas variantes. Y la persistencia de un órgano como la OTAN, tras la desaparición del Pacto de Varsovia al que supuestamente contrarrestaba, sólo demuestra el verdadero objetivo de ciertos intereses capitalistas transnacionales: crear un Gobierno Único Mundial que favorezca el vaciamiento de la soberanía nacional en nombre de unas hipotéticas crisis globales de acuciante resolución. Pero para alcanzar dicho objetivo resulta del todo necesario erradicar cualquier atisbo, por insignificante que pueda parecer en la cartografía de conjunto, de posibilidad alternativa a ese proyecto de Tercera Globalización antes mencionado. Solo que Rusia y China no parecen dispuestas a agachar la cabeza esta vez. El tiempo dirá si el futuro es globalista o imperial; a nosotros nos toca esperar, mientras los medios de comunicación sepultan la existencia de la propia incertidumbre.