2ª nota para la reflexión

Las enfatizaciones siempre me resultaron pedantes, y casi siempre sin fundamento. Solo desde el poder se manda, ordena y norma. El resto es palabrería liberal o grandilocuencia al desaliento. La experiencia es la madre de la ciencia, que dice certeramente el refrán. La vida es lo que hacemos de ella. No hay más.

Nuestra guerra de Liberación Nacional, sostenida de 1936 a 1939, devenida en Cruzada por lo que la canalla roja y masónica quiso destruir, y salvaron nuestros compatriotas, es el acontecimiento más extraordinario del siglo XX a nivel mundial. Franco ha sido el mejor estadista de los últimos 500 años de España, y el mejor estadista contemporáneo del mundo. El Régimen político de la Victoria del 1 de abril de 1939 elevó a España a los primeros lugares del mundo en bienestar y progreso. Y todo esto se olvida, se desprecia y no se defiende.

A los de ayer se les robo un régimen, un orden y una patria, aunque no faltarán petulantes y posturas de salón. Nosotros fuimos incapaces de articular una respuesta posible. Blas Piñar se cansó de decir que quería menos aplausos y más votos. Documentación necesaria para pasar factura.

Sobre el caso ETA lo decente sería no equivocarse, recordar lo que se hizo y no se hizo, más lo que se dejó hacer. Por eso deberíamos admitir dos cosas: que es natural que los de la banda quieran salvarse, va en la naturaleza humana, de ahí que hagan su propio relato. Y que el Estado español debería sostener el suyo en el texto que el Roto pone en boca de un terrorista en una de sus viñetas: “El Estado español es tan perverso que deja en nuestras manos más iniciativas de las que podemos asumir”. Todo lo que se salga de esto es pura especulación.

Respecto a lo de Don Antonio Tejero y Don Ricardo Pardo Zancada decir que fue un acto de coherencia y valentía, según lo acordado. El amor a la patria exigía estar con ellos. Ocurrió lo que ocurrió, y otros han seguido colgándose medallas. Lo habíamos leído, pero no vivenciado: “el vivo al bollo y el muerto al hoyo”.

Y en el paroxismo del disparate, lo que constatamos es el esperpento, no otra cosa que una España deformada y grotesca: el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Julio José Rodríguez, un antisistema, parte de la tropa que se quiere cargar España; y un rey, Juan Carlos, al que se obliga a abdicar para ocultar las cloacas del régimen.

Hemos soportado de todo, puede que, porque siempre hemos necesitado de un espadón y una mitra. José Antonio no incurrió en ello, y es por lo que hoy es el pensador para alumbrar estas ruinas.

Llegados al hoy presente lo que se detecta es la desolación determinada por la degradación de los valores morales más elementales y la infestación de la corrupción que afecta a toda la nación. Situación que se agrava porque al poder han llegado los personajes de vidas más abyectas, acomplejadas, envidiosas y miserables. Inevitablemente estamos señalando a Pedro Sánchez y a Pablo Manuel Iglesias, no tanto por su ideología como por su identidad; y junto a ellos, a toda la tropa Rufianesca: terroristas y separatistas como socios del gobierno de España. Ahora bien, vidas abyectas, acomplejadas, envidiosas y miserables también estén presentes en el otro lado. ¿Saben ustedes las trayectorias vitales de hasta pasados los 50 años de edad de gentes tales como Hermann Tertsch o Rosa Díez, por poner solo estos dos ejemplos?

Hemos llegado muy lejos, y esto se acaba como no pongamos remedio. Hay que oponerse al principal problema que tenemos planteado, la desorientación y la confusión a la que nos ha conducido el relativismo positivista que en nombre de una falsa libertad ha prescindido de las normas éticas y de las categorías morales del bien y el mal en la vida pública, privando a la sociedad del reconocimiento de la verdad.

Por eso, si no somos capaces de tirar a este gobierno al cubo de la basura, aunque se tenga que utilizar el procedimiento legal, no debería permitírsenos decir que somos un gran país. Más todavía, debería estar penalizado.