A veces quieren imitar al maestro, «doctor» Sánchez, y de ahí vienen todos los demás despropósitos.

No tengo dudas de que, cada día que pasa, la extrema izquierda está más frustrada personal y políticamente. Y si alguien lo duda, no tiene más que leer las declaraciones de alguna «chinche» que ha llegado a la política sin conocer el mundo laboral, sin haber pagado ni una sola nómina en su vida, sin experiencia laboral y sin haber cotizado a la Seguridad Social. Algo así como lo que se conoce como aficionados políticos de «vida regalada»

Créanme que escuchar opiniones de la extrema izquierda sobre el Salario Mínimo Interprofesional, el IMV, la subida de la electricidad, la educación, el ibex35 y las centrales nucleares, por poner solo algunos ejemplos, es para echarse a reír, pero no sin preocupación. No saben cómo aportar algo porque carecen de la formación e información necesaria y lanzan globos sonda a lo tonto a ver qué pasa y cómo opina la población.

Eso les ha sucedido a Belarra y a Garzón en el mes de agosto. Pretendían abordar una bajada drástica de la electricidad desde la nacionalización y el real decreto como si pudiera hacerse en dos ratos libres. No entiendo quién mete en la cabeza esas ideas a estos chicos: da la impresión de que se han formado en la Venezuela del «gorila rojo» o en la del Inmaduro Nicolás. Lo entendería si lo hubiera dicho el amigo de los etarras que abandonó a los suyos tras la patada política que le propinó Díaz Ayuso, incluso si lo hubiera dicho Monedero, pero no lo puedo entender de boca de estos chicos de los ministerios regalados que, además, sólo destacan por su indigencia política y convivencial.

Hoy no vamos a entrar en cómo en la extrema izquierda se enchufa a novietes, asesorcillos y barraganas como nunca se había hecho en política; no hay más que mirar al Ministerio de Igual Da y seguir por el de Belarra hasta acabar en el de Garzón. El mismo Garzón que se peleaba con los chuletones (no el prevaricador que fue expulsado de la Judicatura). Los «pollos» de la izquierda extrema han demostrado que no están preparados para la política, y mucho menos para lo público; nadie tan pronto como ellos han confundido lo público con su finca particular y nunca una formación política «destructiva» ha acabado con tanto miembro en los Juzgados, en la cárcel, imputado o bajo sospecha.

Si acaso son expertos en la confrontación, en la aventación de odio, en las amenazas con las revueltas callejeras y en asuntos de tal rareza y aspereza que suelen acabar en los tribunales. Antes de comenzar este curso político, tanto Teresa Ribera como la ministra de educación, Pilar Alegría, han dado varias lecciones a toda esa izquierda radical que destaca por su ineficacia y por alimentar a inservibles chiringuitos con balcones a la confusión interesada entre sexo y género.

Fue tal el ridículo hecho por Garzón con los chuletones, el gasto en combustible y las estadísticas de las salas de juego que no ha vuelto a soltar imbecilidades, consciente de que la población no le toma en serio y sí como el protagonista de la charlotada política. Nadie duda de que su fama le ha llegado por sus meteduras de pata y sus obtusos comentarios fuera de lugar. A veces quieren imitar al maestro, «doctor» Sánchez, y de ahí vienen todos los demás despropósitos. Y si Sánchez no se desmadra, pues lo hacen sus ministros «agarraderos»

Los comentarios de la extrema izquierda respecto a la enseñanza demuestran que ese sector radical no evoluciona y sigue anclado en las cavernas. Pilar Alegría, ministra de Educación y FP, les ha dado una lección con soplamocos en el morro y estocada en todo lo alto. Es un hecho que en asuntos como convivencia, cuestiones sociales, economía, educación y política la extrema izquierda está desfasada y en ninguno de esos asuntos se puede dar cancha seria a tal extremismo. No se imaginan la que montaron estos chicos del ladrillo, el adoquín, las balas en sobre, las sedes quemadas y el insulto permanente. No aprenden la lección.

Alegría se ha declarado «firme defensora del trabajo colaborativo entre la enseñanza pública y la concertada» Tal afirmación ha enervado a la izquierda-caviar y al lechuguino sindicalismo de clase, el mismo que funde el dinero público, pero paga los destrozos con el patrimonio sindical. ¿Se puede ser más sinvergüenzas? En fin, el radicalismo siniestro ha recibido el comentario de Pilar Alegría cual negras banderillas del tercio correspondiente y, como ese era de sentido común, no ha tenido más remedio que envainársela.

El desmadre entre el PSOE y Unidas Podemos ya ha comenzado y están obligados a aguantarse –que no a entenderse—hasta unos meses antes de las elecciones generales. Así se pactó, como se pactó no llegar juntos a tal evento, pero veo difícil que Europa no juegue sus cartas más importantes. El reparto de las ayudas europeas, su mal uso, los casos en los tribunales y la «guerra civil catalana» pueden ser la horca del socialcomunismo a la española. Al tiempo.