En la iglesia de la Vera Cruz de Caravaca, Murcia, se conserva una cruz de forma patriarcal elaborada con pedazos de la auténtica madera empleada en el suplicio y muerte de Cristo, cuya aparición milagrosa dio origen a la erección del templo. La iglesia se encuentra dentro del castillo, que fue templario,aunque sus cimientos sirvieron antes de asentamiento a una fortaleza árabe.

 

 

 

En el año 1231, cuando en Castilla reinaba Fernando III y en Aragón Jaime I, en la España musulmana, desaparecido el califato de Córdoba, el poder estaba dividido en más de veinte reinos, y era rey de Murcia Abu Zeit.Con ocasión de las escaramuzas libradas contra los cristianos, y contra los otros reinos árabes, o por puras razones de policía, en la mazmorra de la fortaleza de Caravaca había muchos presos, y un día el rey Abu Zeit se dispuso a identificarlos para conocer la condición de cada uno y calcular el rescate que podía pedir por la liberación de los más notables. Uno de los cautivos era un sacerdote llamado Chirinos, que había sido encarcelado por recorrer el reino predicando la doctrina cristiana.Abu Zeit era buen creyente musulmán, y sabía que Alá y Dios son el mismo ser, y también que Jesucristo había sido un profeta de Dios.

 

 

 

Después de conocer su profesión, llamó a Chirinos a sus aposentos y tuvo con él una larga plática sobre la religión cristiana y los ritos que en ella se celebraban, que nunca había presenciado, y el significado que los creyentes cristianos les daban.Las explicaciones del cura Chirinos fueron tan precisas que Abu Zeit sintió crecer su curiosidad, y le propuso al cura que celebrase una misa para que él pudiese comprender con certeza lo que aquél le contaba.
El cura le aseguró que lo haría gustoso, pero que le faltaban los objetos litúrgicos y las vestimentas apropiadas. El rey ordenó entonces que le indicase cuáles eran tales objetos y vestiduras, que él se ocuparía de conseguirlas, y el cura se lo dijo.
El cura le aseguró que lo haría gustoso, pero que le faltaban los objetos litúrgicos y las vestimentas apropiadas. El rey ordenó entonces que le indicase cuáles eran tales objetos y vestiduras, que él se ocuparía de conseguirlas, y el cura se lo dijo.

 

 

 

Unos días después, los emisarios que el rey Abu Zeit había enviado en busca de lo necesario para la misa llegaron con ello, y el cura Chirinos tuvo que preparar un pequeño altar y revestirse para la misa. Y estaban ya encendidas las velas sacramentales y todo dispuesto para comenzar la ceremonia, cuando descubrió que, por inadvertencia suya o por descuido de los encargados, faltaba la cruz que debía presidir el altar. Así se lo hizo saber al rey árabe, que unos pasos más atrás contemplaba los preparativos en silencio.En aquel mismo momento, un fuerte resplandor iluminó la estancia desde una de las ventanas superiores del muro e inmediatamente descendió, sostenida por dos ángeles, hasta posarse en el altar, la cruz que Chirinos necesitaba para decir su misa.El milagro fue doble, pues la cruz era la que había pertenecido a santa Helena, la madre del emperador Constantino, y que tras largas vicisitudes había llegado a poder de Federico II Hohenstaufen, emperador de Alemania y rey de Sicilia, que por incumplir la promesa de tomar parte en la santa cruzada fue excomulgado por el Papa Inocencio IV.

 

 

 

Una de las consecuencias de la excomunión fue que la sagrada cruz desapareció de sus manos para ser trasladada en aquel mismo momento a la misa del cura Chirinos.Abu Zeit se convirtió y fue bautizado con el nombre de Vicente Bellvís.