“El hombre de antaño no se parecía al de hoy. Nunca hubiese aquél formado parte de este rebaño que las democracias plutocráticas, marxistas o racistas alimentan para la fábrica y el osario” Georges Bernanos, novelista, dramaturgo y ensayista francés.

“El que tiene mucho apego al rebaño es que tiene algo de borrego” Carlos Ruíz Zafón, escritor español

La inmunidad de rebaño, también conocida como inmunidad colectiva o de grupo, se da cuando un número suficiente de individuos están protegido frente a una determinada infección y actúan como cortafuegos impidiendo que el agente alcance a los que no están protegidos. Generalmente este tipo de inmunidad se busca a través de la vacuna. No es el caso del coronavirus, para el cual y de momento no tenemos vacuna.

La crisis anterior durante el gobierno de Zapatero nos asoló económicamente entre otras cosas porque los ciudadanos creímos estúpidamente que éramos ricos y lo éramos para siempre. En esta ensoñación, cuando la crisis nos sacudió todos quedamos estupefactos, atónitos, atontados ¿Cómo era posible si jugábamos en la Champions League de la economía europea? Algunos pensamos que después de semejante catástrofe, quedaríamos inmunizados ante las promesas vanas, la manipulación gubernamental, las mentiras políticas y los tejemanejes de los gobiernos de turno. Creíamos que, con el sufrimiento causado por aquella crisis, nuestro cerebro habría creado anticuerpos que nos permitirían pensar con la lógica, razonar y tomar las decisiones correctas a la hora de elegir a los que nos van a gobernar. No fue así, no supimos crear una inmunidad de rebaño y, como consecuencia de ello, no supimos ejercer de cortafuegos ante la llegada de una nueva crisis provocada por unos gobernantes que tan solo quieren permanecer en el poder al precio que sea. Pero, eso sí, seguimos siendo un rebaño de ovejas tontas, dóciles y facilonas a las que llevan al redil a punta de tralla y que cuando nos encontramos un poco incomodas nos contentamos con balar quedamente.

Aquella crisis zapateril debió de funcionar como vacuna para los ciudadanos. Pués no, no supimos vacunarnos, y claro, ante la llegada de esta nueva crisis (hablo solo de la económica, no de la sanitaria) en este caso, crisis sánchista; nuestros cerebros actúan de la misma forma que en la crisis zapateril: estúpidamente. Es decir, volviendo a creer lo increíble, no viendo lo que se nos viene encima y habiendo elegido un gobierno de tinieblas que no tiene ni para pagar los ERTES. Y esto no ha empezado todavía.

Yo estoy casi seguro de que las ovejas funcionan solidariamente mucho mejor que nosotros los ciudadanos, no hablemos de los lobos cuya fuerza está en la manada. El instinto animal, ese que les mantiene en alerta, en algún momento el hombre lo perdió y entre haberlo perdido y estar acondicionado como los perros de Pávlov por la manipulación más indecente de políticos, gobiernos y medios de comunicación, nos ha convertido en un rebaño de estúpidas ovejas que somos llevados cómodamente por la manipulación tal como el flautista de Hamelin llevaba a las ratas, hasta el borde del precipicio.