Un diálogo muy clarificador.

Boris Johnson: “Estoy conmocionado porque Salman Rushdie ha sido apuñalado mientras ejercía el derecho que jamás vamos a cansarnos de defender…”

Uno le contesta: “Tu gobierno arresta la gente por un tweet.”

Por lo demás, no han sabido defenderlo bien. Está a punto de perder un ojo, y tiene heridas graves en el cuello e hígado. Llama la atención la figura del agresor: un joven de 24 años, de origen libanés (dicen que “simpatizante” chiita – ¡vaya calificación!), pero nacido en EEUU. Es decir, ha nacido nueve años después de la condena de Rushdie, dictada por Jomeini a distancia y sin que prescriba. Este joven sabía a lo que se exponía; tal vez podría ser incluso abatido en el intento de su atentado, herido, golpeado, y con casi toda seguridad recibiendo una pena muy severa. Pero lo hizo. Es decir, se sacrificó por esa idea.

El cómo hizo el atentado, también es significativo. No he visto la foto del supuesto cuchillo que podía haber utilizado, tampoco se ve en ningún vídeo, ni hay testimonios convincentes sobre ello; con lo cual el ataque pudo haber sido realizado, teniendo en cuenta la naturaleza de las heridas en las partes blandas del cuerpo, con un simple bolígrafo. Todo lo cual subraya más todavía la determinación del atacante. Me recuerda este ataque al que hizo Ramón Mercader a Trotski. Mercader cruza el Atlántico, se hace ganar confianza al mismo hombre que quiere matar – ligando para ello con su secretaria -, y ejecuta la orden de Stalin para la que se ofreció cumplir sin mirar el sacrificio. La verdad que tampoco pagó tanto por ello: a los 19 años fue libre, y se fue a la URSS a recibir la medalla del Héroe de la URSS.

[La tumba de Ramón Mercader en Moscú, en el cementerio reservado para los Héroes de la URSS. Bajo un falso nombre de Ramón Ivánovich López]

Pero una cosa destaco aquí: los liberales tienen precio, mientras que hay comunistas e islamistas fanáticos que no lo tienen; si es necesario se sacrifican por sus ideas. También hay y hubo cristianos, antes muchos más, que se sacrifican por sus ideas y fe, aunque normalmente no las vidas de los demás. Los cruzados y similares sí quitaban las vidas de sus enemigos con tal de defender su tierra y religión. Dejando la valoración moral de ideas aparte, está claro que hay gente, y no son liberales, capaces de sacrificarse. Por ello, los liberales como Johnson no son capaces de entenderlos, ni serán capaces jamás de controlarlos.

Aunque eso de “liberal” es otro nombre que induce al engaño. Como lo muestra la respuesta a Boris Johnson con la que iniciamos esta reflexión. Porque ellos sí que persiguen la libertad que no sea de su agrado. Por empezar, lo de defender a Rushdie de la amenaza de un líder islámico, es falso. Porque otros activistas, políticos, personas religiosas – especialmente cristianos o conversos del islam al cristianismo – no han recibido ni de cerca el aprecio y el apoyo como fue el caso de Salman. Recordemos unos pocos como Asia Bibi, Ayaan Hirsi Ali, con sus más y menos, Geert Wilders, o el clérigo copto (egipcio) exiliado Zakaria Botros. Pero quedan muchísimos, muchísimos más. En resumen: no es verdad que los gobiernos occidentales protegen o incluso respetan a los disidentes o críticos con el mundo islámico por motivos diversos. Más bien es muy fácil recibir la etiqueta de “islamófobo”, no se sabe por qué, desde las mismas instituciones inclusive.

La hipocresía por lo tanto no termina allí. Se agrava mucho más. Porque los mismos supuestos defensores de la libertad de expresión se convierten acto seguido en feroces perseguidores de sus propios ciudadanos pero políticamente incorrectos. A veces, por un simple tweet en el que ni se amenaza a nadie de muerte, ni nada por el estilo (en la crítica de la política covid tenemos otro ejemplo). Porque ponte a hablar de feminismo, lgbt o historia prohibida y será como andar sobre una cuerda tendida encima de un precipicio. Como te salgas una chispa, caes abruptamente para quedar aplastado.

En resumen, a este paso no me extrañaría que en unos años hasta escribir o hablar por internet, sin permiso claro, quede prohibido.

Entonces, ¿dejaremos de hablar y comunicar? No debemos. O algunos se arriesgarán pagar un alto precio por ello, o/y hasta que amanezca la libertad se formará e instruirá en grupos autónomos, en camaradería de vida activa y paralela.