Señor Casado, el 20N es el 84° aniversario del fusilamiento de José Antonio y el 45° del fallecimiento de Francisco Franco, quiero preguntarle algo: ¿Cuándo considera usted que era más próspera España en los años 60-70 o ahora? 

Es una pregunta muy interesante, querido Álvaro. Podemos ahondar profundo en ella. Lo primero que he de decirle es que yo sólo tengo 36 años de edad y, por consiguiente, conozco muy bien el actual régimen constitucional y, en cambio, el régimen nacido del 18 de julio de 1936 no lo viví; si bien ello no implica que no pueda contestar a su pregunta.

La premisa de la que debemos partir es que los regímenes políticos han de valorarse por sus resultados, por su obra. Teniendo en cuenta eso, no me imagino ahora al Estado español inaugurando fábricas de coches como la de SEAT en Barcelona y la de CITROËN en Galicia; tampoco concibo al Estado español creando La Pegaso para que España tenga camiones de fabricación nacional; tampoco veo al Estado español inaugurando centrales atómicas como la de Zorita o la de Garoña ni llevando a cabo una repoblación forestal colosal y constuyendo pantanos y obras hidráulicas, que todavía abastecen de agua a los españoles; tampoco me imagino ahora al Estado español inaugurando el hospital más moderno y más grande Europa como el de la Fe en Valencia; tampoco me imagino al Estado español negociando con EEUU para abrir bases militares en suelo español; tampoco me imagino ahora al Estado español fundando BAZAN para convertir a España en el tercer productor en astilleros de todo el mundo o construyendo refinerías, lo que le llevó la novena potencia industrial. Tampoco me imagino ahora al Estado español inaugurando el polígono industrial más grande de Europa, como el que se construyó en Paterna. Tampoco me imagino al estado español abriendo empresas como RENFE, IBERIA, TELEFÓNICA, etc. He de recordar que la industria representaba el 36% del PIB, cuando ahora no llega al 15% del PIB, hasta el punto, más que vergonzoso y vergonzante, que ni mascarillas hemos sabido fabricar durante esta pandemia ni siquiera abastecernos de ellas a tiempo. Tampoco me imagino yo ahora teniendo un gobierno de tecnócratas con hombres tan ilustres como José Antonio Girón de Velasco, Alberto Ullastres, Pío Cabanillas, Gonzalo Fernández de la Mora, José Utrera Molina, entre otros.

Conviene recordar que antes las vallas fronterizas con Marruecos eran mínimas y la inmigración estaba muy controlada, hoy las vallas son altísimas y en cambio son un coladero. 

En los 60/70, la economía familiar era más fluida. Al menos en Cartagena, el más humilde del pueblo tenía una casa en la ciudad y otra en la playa, además tenían tres o cuatro hijos y conseguían darle estudios a los mismos o, al menos, enfocarlos para que entraran en alguna de las escuelas de aprendices. Aquí se hicieron innumerables viviendas, de hecho todavía quedan casas de los de BAZÁN, de los de REPSOL, de los del sindicato vertical, de los de explosivos Ríos Tinto, de los militares, de la Guardia Civil, de los de la Autoridad Portuaria, etc. Muchas de esas viviendas se pagaban a un precio de alquiler simbólico o se compraban a un precio bajísimo, siendo descontadas mes a mes de las nóminas de los trabajadores o con letras de cambio o con préstamos irrisorios a no más de 10 o 15 años. Además, esas gentes tenían en su mayoría economatos donde compraban la comida más barata, tenían farmacias propias como la de marina, tenían guaguas, cines y hasta incluso poblados completos para ellos. Se crearon Cajas de Ahorros que desempeñaron una función social impresionante y, además, había sucursales bancarias por toda la ciudad, no como ahora que las cajas de ahorro han casi desaparecido, después que la clase política las haya destruido y los bancos se han fusionado desapareciendo casi en su totalidad. Ahora mi generación, esa tan guay, no puede comprarse una casa y si te la compras es con hipoteca a 30 o 40 años, teniendo que adelantar el 20% del precio de la misma y, además, puede ser embargada y ocupada, antes, en cambio, el domicilio de los españoles era inembargable e inviolable.

Antes las familias estaban unidas; ahora están rotas. Los divorcios se han disparado. Antes los vecinos eran auténticos vecinos; ahora son desconocidos que simplemente viven donde tú vives. Antes los abortos estaban reducidos a su mínima expresión; ahora son incontables. Antes la gente casi no se suicidaba; ahora el suicidio es la primera causa externa de muerte en España. Incluso los niños y adolescentes se suicidan ante una sociedad en la que no se encuentran.

Hemos pasado de una España de intelectuales, estadistas, ensayistas; a una España de políticos sin formación; de famosos fabricados en la televisión por no hacer nada más allá de contar sus vidas de fiestas y amoríos sin amor; una España de pan y circo.

Si nos vamos a los datos económicos, entonces la respuesta resulta implacable.

Antes teníamos casi pleno empleo y ahora somos el país de Europa con más desempleo. Antes sin ordenadores nos bastábamos con 700.000 funcionarios públicos, ahora hay más de 3.000.000 y la Administración, pese a haberse sobredimensionado, está colapsada. Antes teníamos una deuda pública en torno al 7-8%, totalmente pagable, este año vamos a llegar a un 120% de deuda sobre el PIB, prácticamente impagable e hipotecando a generaciones venideras. Antes no se hacía la declaración de la renta, los suelos y salarios eran netos, no se pagaba IRPF, estaban totalmente exentos de retenciones y del pago de impuestos, ahora un trabajador sólo tiene que leer su nómina para echarse a llorar. Los autónomos pagan cuotas que, en ocasiones les dejan la cuenta final sin ingresos. Antes no se pagaba IVA, había tan solo un impuestecillo de un 2% que se conocía como ITE, ahora estamos por el 21%. Antes la presión fiscal estaba en torno al 18% ahora, en plena pandemia la presión fiscal marcará record histórico llegando al 37,7% a final de año. Antes España era un país seguro, con una población reclusa inferior a 9000 internos, ahora la inseguridad ha crecido exponencialmente al igual que el número de presos. Antes no solo éramos la novena potencia mundial y éramos respetados internacionalmente; ahora hacemos el ridículo haya donde vayamos.

En definitiva, D. Álvaro, que claro que somos menos prósperos y también más pobres y más ilusos, «Así resulta que nos encontramos en una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas», como ya expuso José Antonio en su manifiesto fundacional y ahora yo le traigo a la memoria.