En su primer acto en solitario, en su calidad de heredera del trono, que a partir de ahora vendrán más. La Niña Leonor asistió ayer, día, 20, a la Jornada sobre Juventud y Ciberseguridad en el Instituto Julio Verne de Leganés (Madrid)

Si yo formara parte del “staff”, como se dice ahora. O lo que es lo mismo, del Consejo del Reino, que no existe. Advertiría que esto de exponer a una adolescente para que parezca que tiene una importancia o valor superior al que por su edad tiene, es un error mayúsculo. Bien es cierto que la mesura en el juicio no forma en el ambiente de hoy.

    Con todo, se debería ser más prudente en un país que por más que digan los coreógrafos y figurantes sigue sin entender esto de que haya un Rey al costado de la nación, que pinta lo que pinta, que es más bien nada.

    Colocar a una adolescente en un escenario para que haga ver a un país la importancia de algunas cuestiones o dicte al resto de ciudadanos cómo tienen que comportarse, no es otra cosa que un esperpento. Aparte de cabrear al personal, que esto también se tendría que mirar. Mejor ser prudentes, ir de tapadillo y aguantar el tiempo justo hasta la despedida. Esto es lo que hacen las personas inteligentes que no tiran piedras sobre sus intereses.

    Los alumnos del Instituto Nacional “Julio Verne” (que ya nos vale poner ese nombre a un centro de enseñanza con la cantidad de nombres que se hubieran podido escoger entre las grandes figura de la cultura española) de sobra saben que la igualdad es de esas palabras cuyo sentido es de difícil fijación… ¿Qué se entiende por ella? No otra cosa que lo que cada cual entiende, porque empleamos ese vocablo, pero cada uno a su manera.

    Ahora bien, la igualdad es una ley establecida por el mismo Dios, y la naturaleza no puede hacer distinciones artificiales. Tenemos un mismo origen, una misma dignidad y un mismo destino. Así, pues, la desigualdad es obra exclusiva del hombre. Por eso es totalmente contrario a la dignidad humana mantener la sucesión hereditaria en un cargo que debe ser sometido al parecer de millones de personas. Lo impide por derecho el principio de igualdad y el de no discriminación. De lo que se deduce, que la sucesión hereditaria en la jefatura del Estado supone una dominación, que rompe el principio de igualdad; y una selección antinatural, que rompe el principio de no discriminación.   

    Aparte de dos consideraciones que también conviene hacer. La primera, que la verdad escapa a toda representación. La segunda, que la promoción de la persona pasa por el respeto a su edad, a su formación y a su capacidad, lo que impide que sea objeto de comercio, que se manipule o que se acalle su sensibilidad y se esclavice su libertad.

    Eso sí, coreógrafos y figurantes han podido comprobar con inusitada alegría lo que ha “crecido” la heredera fuera de nuestro país, obligada a salir del nido y a tener que a arreglárselas “sola” sin el amparo diario de sus padres. Un sacrificio que nos quieren “colar” como obligación debida a sus futuros súbditos, pero que para el resto de jóvenes supone una oportunidad excelente para vivir su adolescencia.