La Marcha Verde, inquietante precedente. Con Franco moribundo, más bien agonizante, Hassan II puso en marcha un plan que venía acompañado del despliegue de una considerable y maciza musculatura militar. Los militares españoles, reaccionaron, inicialmente, procurando proteger una frontera que se había salpimentado previa y profusamente de minas. El fin de la historia se conoce o, al menos, se intuye. Se negoció secretamente una salida aparentemente airosa para nuestra patria. Aparentemente, tan solo. La evacuación de civiles y militares españoles de la zona y el abandono de inversiones que habían costado miles de millones de pesetas devenía asunto singularmente humillante. El 14 de noviembre de 1975, ocho días después del petardazo de la Marcha Verde, el régimen franquista firmaba los llamados Acuerdos de Madrid, que fundaban una administración tripartita del Sáhara Occidental entre Marruecos, España y Mauritania. Incumplidos desde el principio - matiz arriba, matiz abajo - el territorio colonial antaño español, hoy (casi) exclusivamente marroquí.

Planes de anexión

Más de cuatro décadas después, Marruecos - ahora con Mohammed VI, vástago de Hassan II- idea suculentos planes para recuperar las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Marruecos siempre ha reconocido que ambas son de exclusiva soberanía marroquí, a las que nombra como dos “ciudades ocupadas". Rabat lleva más de seis decenios demostrando su hondo interés en hacerse con los dos únicos territorios que España posee en el continente africano. El país de la dinastía alauí estima que Ceuta y Melilla le pertenecen, aunque jamás estuvieron bajo su soberanía.

Y Marruecos, hoy, vuelve a detectar, otra vez, como en 1975, extrema debilidad española. Marruecos prosigue su campaña de aumentar la presión diplomática sobre las ciudades de Ceuta y Melilla, sin dudar en esbozar amenazas y futuras querellas. Poco a poco. La anexión se prevé, de momento, a largo plazo. La situación política de ambos países, decisiva. Se ponen en marcha medidas, con más o menos ímpetu, en función de la situación política propia o de España, como parecen ir evidenciando las plurales medidas unilaterales que se están tomando durante los últimos meses. A saber, lo más flagrante: arbitrarios cierres de fronteras.

España débil...

Las recurrentes pajarracas del separatismo catalán, pista. Óptima coyuntura para ver qué se puede “conquistar” presionando. Diseñando directivas  o estratégicos planes para llevar a cabo el anhelo anexionista tan ambicionado. Utilizando la denominada "guerra híbrida", ese borroso limes en el que es harto complejo diferenciar una agresión hostil entre países de una legítima competencia entre los mismos. Recuerden, por ejemplo, la decisión del gobierno marroquí de ensanchar sus aguas territoriales, lo que equivale a incluir también a Las Islas Canarias en aguas marroquíes y a la vez dentro, salto mortal, de su soberanía. O los consuetudinarios jueguecitos que se trae Marruecos con la inmigración ilegal.

También, tan obvio, Marruecos detecta espaciosa fragilidad en el gobierno de coalición social-podemita. Nuestro ilegítimo gobierno, bastante (y suficiente) tiene con cumplir la genocida Agenda 2030 de la Onu. Mientras, brotan planes de presión marroquíes, digamos. Guerras diplomáticas, Marruecos observa que la senda de islamizar ambas ciudades no proporciona los frutos anhelados. Últimamente - con la excusa de la falsa pandemia, mucho más- opta por asfixiar económicamente a ambas ciudades. Estirar el chicle hasta ver dónde es capaz de soportar el  gobierno español.

...Marruecos fuerte

Añadan otro dato turbador. Provocadores programas de adquisición de armamento. Lo último, a principios de año, adquisición de decenas de aviones de combate F-16 C/D. O fragatas de última generación, como la Mohammed VI. O la compra en 2016 de doscientos carros de combate M1A1 Abrams. O el importante lote de 1.200 misiles contra carro. Y en estos postreros meses requirieron a Yanquilandia mucha más inversión armamentística, como son los helicópteros Boeing AH-64 Apache. Hasta ahí, lo sabido. Imagínense, cómo no, el gasto militar oculto del semifeudal régimen marroquí, tan opaco todo él.

Y  retornamos al principio, a la ominosa Marcha Verde. El plan marroquí, pura astucia. Con el jugoso control y manejo del Estrecho de Gibraltar siempre runruneando de fondo, Marruecos se gana aliados de toda condición - preferentemente Usa, Reino Unido y Francia- para robar definitivamente el Sáhara Occidental, que es en el fondo el genuino anhelo del país norteafricano. Sin aliados fuera, nadie moverá un dedo por nuestros dos territorios. Gobierno español, enemigos de su propia patria. Oposición, difusa y cobarde. Pueblo español, ni está ni se le espera. Débiles mamadas (también denominadas fuerzas armadas), genial Bakken, a lo que diga el gobierno felón de turno. Monarca, servil e inservible. Cual castillo de naipes, tras el Sáhara Occidental, vendrán Ceuta y Melilla. Más pronto que tarde. En fin.