Los sucesos de Ceuta, el boicot a Abascal para impedirle dar una rueda de prensa, han escenificado nítidamente quien defiende los intereses de España y quien está en contra de la libertad y la seguridad de los españoles.  A los habituales enemigos de España, ultraizquierda y separatistas, ahora se les juntan para acosar a VOX, los islamistas al servicio del sultán de Marruecos y el sátrapa de la Moncloa, que al grito de “Allahu akbar” e “hijo de puta” cercaron al líder de VOX.  Por supuesto, las continuas agresiones criminales contra VOX y la permisividad de las autoridades encargadas de impedirlas no impedirán a los medios de manipulación vender la mercancía para necios de que se trata de una provocación de la ultraderecha. Ya saben, la culpa de la violación la tiene la victima por ir provocando con minifalda y estar buenorra. Así de malnacidos y asquerosos son. Nada que no sepamos ya.

Lo que se disimula es el apoyo del PP al bloque antiespañol. La Asamblea de Ceuta ha sacado un comunicado con los votos del PP contrario a cualquier manifestación en defensa de la soberanía nacional y la defensa de nuestras fronteras, porque "se abstienen de promover o participar en actos públicos, concentraciones o manifestaciones que por su naturaleza distraigan a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado de su prioritario cometido de preservar la seguridad y tranquilidad de los ceutíes y que además pueden contribuir a una innecesaria y preocupante excitación del ánimo de la población en general". Ninguna exhortación a denunciar el papel de los servicios secretos marroquíes, nada de plantar cara al gobierno del sultán alauí, no sea que se cabree. Nada de armar bulla que despierte de la siesta al pueblo español. Mansedumbre ante los enemigos de España, estos son los que dicen que representan el bien común de los ceutíes.

El PP sigue siendo un problema para España. Un partido que se debate entre su querencia a no molestar el predominio cultural e ideológico “progresista” y la necesidad de agradar a sus votantes de derechas, que los rechazan.  Ni carne ni pescado. Ni las come, ni las deja comer.  Ni Ayusos, ni Feijoos. Lo acabamos de ver en Valencia, donde el PP no apoyó a Hablamos Español y sus movilizaciones, pero mando a algunos de sus líderes a hacerse la foto, para quedar bien. El PP quiere ser un partido de centro, económicamente liberal e ideológicamente fluido, es decir sin unos valores sólidos y por tanto preparado para agradar a cuantos más votantes mejor, según sople el viento, porque lo importante es la poltrona.  Pero como está al plato y a las tajadas, por un lado, quiere ocupar el espacio que deja Cs, pero a la vez no quiere que VOX le coma la merienda. 

Es difícil en esta sociedad de la imagen intentar hacer reflexionar al común. Pero los votantes de derechas deberían pararse a pensar un ratín. ¿Están a favor de la ley de memoria historica, apoyan la ley de violencia contra la mujer, creen en la ideológia de género? ¿Qué opinan sobre la inmigración, hay que crear sociedades abiertas sin fronteras? ¿Y sobre la globalización y el consenso entre capitalismo y socialdemocracia? ¿En política lingüística quieren libertad para usar el español sin restricciones o la puntita nada más, estilo Feijoo?  Contesten a estas y otras preguntas sobre valores y sean coherentes.

Insisten algunos en una coalición entre PP y VOX, una especie de “platajunta” para desalojar del poder al bloque socialista, ultraizquierdista y separatista. Loable objetivo, pero de una vez por todas el PP debe ser honesto y definirse ideológicamente en vez de nadar entre dos aguas. Ya es hora de que el PP deje de estorbar a quienes sí quieren plantar cara al progresismo y representan una alternativa política distinta, preocupada por la patria en vez de por el cargo, el dinero y las buenas apariencias.