Yo siempre he creído que la Iglesia es la única depositaria de la verdad, porque la religión católica es la sola verdadera, en verdad la sola y única que procede de Dios, porque es Dios mismo quien se revela al hombre a través de su Unigénito Jesucristo. Y de hecho en mi conciencia más profunda lo sigo creyendo. Sin embargo, el Concilio Vaticano II, en el que yo mismo he participado como Padre conciliar (sin mérito alguno por mi parte, solo por la bondad y la misericordia de Padre Dios), aprueba la libertad religiosa como un valor conforme con la doctrina católica. Pues yo acato lo que ha establecido el Concilio, como voz autorizada de los pastores de la Iglesia cum Petro et sub Petro, por más que en mi fuero interno me cueste Dios y ayuda el aprehender este cambio.

Antonio Pildain y Zapiain, obispo de Canarias.

 

En los siguientes términos se refiere al papa Juan XXIII un forista cuyo nombre omitiré. Por lo que escribe e incluso por la forma como se ha despachado con algunos escritos míos en que yo simplemente sugería la idea totalmente sensata e históricamente documentable -permítaseme- de que el llamado Buda fue un hombre bueno, 500 años anterior a Jesucristo, lo juzgo de fanático. Es integrista, me da igual que lo sea como lefebvrista o como sedevacantista. Para mí son lamentables, y uno siente ante ellos el arranque o deseo de proclamar tolerancia cero con el intolerante. Desde luego, son más consecuentes los sedevacantistas que los lefebvristas, en el sentido de que los primeros, si acusan de herejes a todos los papas del Concilio desde Juan XXIII hasta Francisco, y por ello los atacan y critican, al menos son consecuentes con no aceptar a ninguno como legítimo -como que la sede petrina está vacante-, en tanto los lefebvristas los acusan de herejes también, solo que como un mero requisito jurídico o formal los aceptan como papas legítimos (así la sede petrina no estaría vacante), aunque en la práctica de la fe eclesial pasen olímpicamente del magisterio de todos y cada uno de esos papas. Pero ambos bandos, el conformado por los lefebvristas y el conformado por los sedevacantistas, me parecen igual de rigoristas, igual de fanáticos, inmovilistas, sectarios y faltos totalmente de caridad cristiana y de misericordia. 

Lamentables porque parecen solo atentos a lo puntilloso de la letra y no al amor; atentos prioritariamente a la rigurosa e inmaculada pureza doctrinal y no a la rectitud del corazón del que busca a Dios; atentos a que ningún católico ose salirse un ápice de la considerada rectitud ortodoxa sin mácula, no sea que se vaya con su osadía directo a la condenación eterna; atentos solo a considerarse los dueños del Vetus Ordo Missae, que si es algo, es patrimonio de la Iglesia universal, no privilegio exclusivo y excluyente de lefebvristas y sedevacantistas; lamentables porque son más papistas que el Papa, al que desobecen pertinazmente al tiempo que se consideran los más dilectos defensores de la Tradición; lamentables porque se pelean entre sí sin un gramo de piedad o de mínima caridad cristiana: los sedevacantistas odian a los lefebvristas, afirman que Marcel Lefebvre fue un hereje, un oportunista y un modernista encubierto, etcétera, y en todo caso se lanzan mutuamente anatemas y se condenan al infierno unos a otros; lamentables porque son ritualistas capaces de afirmar que la Vetus Ordo Missae actual, según el misal de 1962 promulgado por el papa Juan XXIII, es exactamente igual a la que promulgó tras el Concilio de Trento san Pío V, cosa no cierta, pues la liturgia ha variado formalmente desde siempre, desde la noche misma de la cena santa en que Cristo instituye la Eucaristía (rúbricas, ornamentos litúrgicos...), y es justamente el Papa, y los obispos en comunión con él, el que tiene potestad para reformar la liturgia; lamentables porque a menudo dan toda la impresión de que solo les importa lo formal, lo cultual, y muy poco o nada el contenido de la fe de la Iglesia, el compromiso militante en pro de la justicia del Reino; lamentables porque tienen una concepción inmovilista y como fosilizada de la Tradición y de la vida de la Iglesia; lamentables porque a menudo transmiten que les falta misericordia, que tienen un corazón duro, y más parecen fariseos o farisaicos que discípulos de Jesús de Nazaret; lamentables porque ni cortos ni perezosos sentencian que la misa nueva (Novus Ordo Missae) es inválida, ilegítima, protestantizante, vamos, que pasa por ser una mera pantomima en la que no hay verdadera transubstanciación; lamentables porque están muy acostumbrados a descontextualizar acciones de los papas del Vaticano II y a citar fuera de contexto bastantes de sus escritos, y así manipulados acabar acusándolos de modernistas, herejes, masones, irenistas, apóstatas.

Según el pensamiento de este sujeto y de todos los que son de su cuerda -agazapados detrás de un alias-, yo tenía que referirme siempre a alguien como Sidharta Gautama Buda con los más condenatorios y denigratorios términos posibles. Pues no me va a dar la gana, fanático de mil pares de narices (he estado a punto de escribir "fanático de los cojones"). Por cierto, ¿qué pensará este sujeto intransigente de las palabras laudatorias del papa Pío XII hacia la figura del Mahatma Gandhi? Tales palabras de aplauso y consideración hacia una personalidad no cristiana como el líder hindú, aunque sí admiradora de Jesús de Nazaret como maestro espiritual, ¿convertirían al papa Pío XII en un modernista, un progre, un relativista, un irenista?¿Y del deseo de reforma litúrgica de los papas anteriores al Concilio Vaticano II, e incluso del sueño de Pío XII de que el sacerdote oficiase la Eucaristía mirando hacia la feligresía, usando en buena parte de la celebración lenguas vernáculas y cantos modernos, seculares, no solo el canto gregoriano? ¿Y de las sucesivas convocatorias a jornadas ecuménicas de oración por la unidad de los cristianos que ya iniciaron papas como León XIII, Pío X, Benedicto XV, Pío XI...? ¿Y por lo que dice a la consternación que le produjo el papa Pablo VI la muerte trágica por asesinato del pastor bautista negro Martín Luther King? Pues me figuro que aprovechará para recordarnos que Pablo VI fue un vicioso gay irredento, masón convicto y confeso, modernista, secularista, relativista, demoledor de la Iglesia de Cristo; y de Martín Luther King dirá que fue mujeriego, fornicador, mal esposo, mal padre, vicioso, juerguista, politiquero (siempre poniendo en primer lugar los pecados y errores de los demás, reales o supuestos, y nunca lo bueno, justo y noble de tales personas).

Que el santo papa Juan XXIII -con toda intención lo de "santo papa- cometió errores durante toda su vida, y que fue pecador durante su existencia toda, es indudable, como por lo demás no puede no ser como personas que somos. Pero acusarlo de "enemigo de la Iglesia", como hace este sujeto fanático e intransigente, media un mundo. En efecto, en su deliciosa y muy edificante autobiografía Diario de un alma, que es un testamento espiritual, el papa bueno Juan transmite nítidamente lo que fue: un alma de Dios, un enamorado de Cristo y de su Iglesia, un hombre sediento de Dios con cuerpo orondo y alma de niño, y sin duda un enamorado de la humanidad.

He aquí ahora lo que piensa de Juan XXIII este sujeto: 

<<Mucho peor peligro que la infiltración que podría introducir en España el sionista Eisenhower, era la de la propia Iglesia dentro de España, pues la cúpula de la Iglesia ya estaba en poder de los enemigos de Dios y de la humanidad con Roncalli ya ejecutando a toda prisa la demolición de la Iglesia de Cristo y esparciendo ese fuego por todo el orbe.>>

Odio a los judíos (algo muy propio de cierta extrema derecha católica, versión sedevacantista o versión lefebvrista), que incluye negar el pan y la sal a todo un pueblo, el judío, so pretexto del sionismo y por culpa de que ellos, equivocadamente, no reconocen al Mesías. Se equivocan los sionistas, obran mal contra la humanidad, y se equivocan los judíos que siguen sin reconocer a Cristo, pero ello no justifica el antisemitismo, como no se justifica el seguir llamándolos "pueblo deicida del Señor", según se rezaba en una oración de la misa preconciliar y que justamente mandó suprimir Juan XXIII. Aunque ya sé que para nuestro fanático de marras, esta decisión del buen papa Juan es parte de su "satánico propósito de demoler la Iglesia". En fin, es tan vil y tan inmisericorde y falto de la más elemental caridad cristiana referirse a Juan XXIII con tales términos, que mejor callarse en estos momentos.

Porque un católico no debe referirse en tales términos al Papa, que es el vicario de Cristo. Como se reconoce en el Catecismo de san Pío X, tan citado por los tradicionalistas de todo pelaje, un católico debe obedecer al Papa, sentirlo como padre, como Pastor Supremo. Ergo, los católicos tradicionalistas más radicales (lefebvristas y sedevacantistas) se consideran guardianes de la Tradición, y sin embargo rechazan a quien es el garante máximo de esa Tradición, que es el Papa. ¡Vaya contradicción!

Lo que afirma de Juan XXIII este energúmeno es impresentable, difamatorio, calumnioso. Es indigno de alguien que se considere católico, fiel hijo de la Iglesia. Como es indigno que el mismísimo monseñor Lefebvre, cuyas virtudes y talentos no tengo por qué negar, se refiriera en su momento al papa Pablo VI como que era el Anticristo. Sin duda el hombre Montini, pecador y muy falible, empero fue un enamorado de Cristo y de su Iglesia, como lo fue Juan Pablo II, como lo es Benedicto XVI.

 

Dicho de manera esquemática: entre Benedicto XVI y el cardenal Mühler, el cardenal Burke, el arzobispo Viganò y el obispo Atanasio Schneider, mi fidelidad al sucesor de Pedro Benedicto XVI. Entre la lealtad al Concilio Vaticano II y la lealtad a los tradicionalistas disidentes (lefebvristas, conciliaristas, sedevacantistas), lealtad al Concilio. Entre mis simpatías a la vida y la obra de Marcel Lefebvre a quien los sedevacantistas odian y difaman y mis simpatías a la vida y obra de herejes estos sí que destructores de la doctrina de la fe de la Iglesia como Hans Küng, Juan Masiá, José María Castillo, Leonardo Boff, Juan José Tamayo, Antonio Duato, Lucía Caram, Teresa Forcades, Ivone Guevara y todas sus terminales mediáticas (atrios, redes y demás plataformas), me quedo con Lefebvre.

 

 

Postdata. Querido Benedicto, vistes de blanco papal y hasta bromeaste en su momento con que lo hacías porque no había en todo el Vaticano sotanas no blancas hechas a tu medida. Te sigues haciendo llamar Benedicto, tu nombre elegido como papa, cuando te llamas Joseph, y te haces llamar santidad, tratamiento que no tiene ningún cardenal. Conservas las llaves de Pedro y resides en el Vaticano, y hasta firmas como Pastor Pastorum, etcétera. Dilecto Benedicto, ¿algún día se hará oficial en la Iglesia la verdad que se sigue escondiendo detrás de todo esto, y que hace que se siga viendo, parafraseando el Evangelio, como a través de espejos?