La demostrada corrupción en la formación socialista ha minado sus pocos valores y su nula perspectiva de futuro.

 

Hay una prueba contundente de lo mal que está enfocando el PSOE la actual campaña de las elecciones andaluzas. Ya dije hace unos días que hasta los propios votantes lo han abandonado y decenas de ellos se marchan en plenos discursos de campaña, asqueados por los que ahora son para ellos «despreciables compañeros». Doloridos y apenados comprueban que en el PSOE no hay propósito de enmienda.

Pregunten, pregunten sobre lo sucedido en Almería, en el castillo Marqués de los Vélez, en Cuevas de Almanzora. Impensables sucesos así en pleno apogeo socialista donde se regalaban promesas, cargos y prebendas a afiliados y simpatizantes; esos mismo que hoy dicen sentirse asqueados de los líderes socialistas y de la «banda del WordPerfect», Macarena Olona dixit.

 Algo está cambiando en Andalucía, pero «lo mejor de todo es que está habiendo muchos cambios para bien», en palabras de un funcionario público de la Judicatura. Nada que ver con la FAFFE, «máquina enchufadora» y pagadora en muchos casos con dinero destinado a juergas simples y orgías acompañadas en tres provincias andaluzas. ¿Será el propósito de enmienda socialista esa proposición de ley (PL) solicitando la prohibición y persecución de las empresas-prostíbulo que los socialistas financiaron con dinero de los andaluces? Lo dudo, pero eso ya lo hizo el franquismo en 1956. Y aquí llegamos.

Otro cambio visible es cómo los mítines de la izquierda andaluza aparecen vacíos. La gente que «mamó» de la ubre siniestra teme destacar y ser apuntado con el dedo. Juan Espadas y Teresa Rodríguez pinchan allí donde acuden, al igual que la señora de Por Andalucía. El ánimo del sector siniestro está por los suelos y ha arrojado la toalla porque comprueba que ahora son tiempos sin corrupción ni latrocinio socialista y, además, Andalucía prospera sin convulsiones.

Ni siquiera la aparición del «patadones» Errejón en Sevilla ha animado a los suyos. El patinazo ha sido de órdago a la grande. Ese cajón de desastre que es Por Andalucía no acaba de echar a andar. Apenas unas docenas de personas se acercaron a ver al «niño-Milhouse». No muy distante del desprecio que sufre ese partido en Andalucía está Adelante Andalucía, cuya imagen es desesperante y chirriante para el andaluz medio que atesora valores de educación, respeto y anhelo de convivencia en igualdad, algo que la líder de esa formación nunca ha demostrado. Va a su aire, dictatorial y con rácana preparación de activista (PES en estampida y desertora de la tiza)

Algo parecido a lo que sucede con la amalgama de izquierda está sucediendo con el PSOE. La demostrada corrupción en la formación socialista ha minado sus pocos valores y su nula perspectiva de futuro. Parece que en las poblaciones más pequeñas Juan Espadas genera espantadas, que no aglomeraciones. Saben que se presenta una realidad distorsionada, lo mismo que los departamentos de comunicación socialista. La soledad socialista ya es un hecho visible y solo aplicable en los mentideros afines.

Andalucía vive ahora en otra tendencia. Las dos derechas llenan las calles y los mítines. El pueblo andaluz no podía seguir con una libertad limitada y a pedal. Leo en un medio de comunicación fiable que corrobora mi información de primera mano: «La derecha se ha hecho con las calles de Andalucía, en las que PP y VOX llenan las plazas que la izquierda vacía». El PSOE no ha demostrado ni mostrado propósito de enmienda.

El nefasto enfoque de la campaña electoral andaluza es visible en el despliegue de cartelería junto a puticlubes (sí permite la RAE las dos formas) y lupanares de todo tipo. Parece que el PSOE tiene querencia. También es visible en las gasolineras junto al gran poste de los precios récord de los crudos mientras Juan Espadas ríe en los carteles a mandíbula batiente. Y si a ello añadimos el lastre de la corrupción con la que el PSOE lo ha impregnado todo, será imposible que lave su imagen en muchos años.

Nadie duda de que un amplio sector del socialismo andaluz está ligado a una política de corruptelas y cambalaches registrados, que enlazaba con la prostitución, la coca y las orgías frecuentes con mujeres de moral distraída. Si alguien piensa en el propósito de enmienda del socialismo, olvídese de ello.