Joe Biden vuelve a la guerra. Sus apetencias soba niñas eran de sobra conocidas, al igual que su militancia en las grandes instituciones privadas y públicas abortistas de EEUU que financiaron su campaña electoral y pergeñaron a la adalid del descuartizamiento fetal: Kamala Harris.

Apenas un mes en la Casa Blanca, y esa otra faceta tan bien escondidita por los medios, la del belicista matón a sueldo de las grandes industrias armamentísticas ya ha salido a la luz: Biden lanza sus primeras bombas sobre Siria, que se escudan en la necesidad de abatir a “milicias pro-iraníes” desestabilizadoras, terroristas…etc. En definitiva: el sagaz cuento blanqueador que quieran narrarnos las élites belicistas useñas y sus mamporreros occidentales para seguir arrastrando cuando sea menester, y OTAN mediante, a Europa hacia el sumidero de la guerra.

Los soldados españoles, cooptados por la trampa que Gutiérrez Mellado preparó, Leopoldo Calvo Sotelo engrasó, y Felipe González afiló, no son autónomos, ni están al servicio de la Patria soberana, única e intangible, ni son baluarte de la integridad territorial española. Son un protectorado de EEUU dentro de una alianza- pantomima, sin ningún sentido salvo el de salvaguardar la geoestrategia del gobierno useño y llamada “OTAN”.

Tras el “interregno” de Trump, donde la tradicional intrusión matonista fue desplazada y EEUU se apartó de los siete grandes fuegos bélicos de la Era Obama entre los que destacaban Siria, Libia o Yemén, Biden volvió a la carga: para crear Estados fallidos como Irak y volver a enardecer el terrorismo islámico. El gobierno de EEUU está de nuevo dirigido por la élite industrial militar que sólo para “combatir” a un enemigo imaginario llamado Rusia recibe el equivalente al PIB de España. ¡Para combatir a Rusia!, un gigante con pies de barro, PIB irrisorio e interesado, conviene recordarlo, no en truncar Occidente mediante la Agenda 2030 –cosa de Biden y sus aliados- sino en protegerse como Nación a salvo de Soros, Rothschild y el feminismo abortista.

El caso es que si Donald Trump detuvo en seco la rusofobia impostada de los capitostes del Pentágono, se cargó a los mandamases tramposos de la CIA y centró sus esfuerzos en sacar las garras militares del resto del mundo y en proteger la libertad ciudadana y económica mediante el ataque comercial y económico a la China del Foro de Davos y del virus, Biden ya se ha cargado esa faceta extraordinaria y ha vuelto a las andadas de Barack Obama y George Bush.

No tardaremos en ver, en Europa, nuevas oleadas incesantes de “refugiados” que al son del “Welcome refugees” justificado en las guerras –que produce Biden- vuelvan a asolarnos como lo hicieron a partir de 2013 cuando Hillary Clinton y Obama asesinaron a Gadafi, prendieron las “Primaveras árabes” y carburaron al “DAESH” o Estado Islámico, que tanto monta. El interés de Obama –Hillary- Biden (entonces Vicepresidente de EEUU) era claro: implantar el caos total en Oriente medio para, a río revuelto, regalar a Israel primero, pero también a los poderes globalitarios, los trozos de territorio y las parcelas de soberanía económica y monetaria que mantenían gobernantes opuestos a la sumisión financiera del Nuevo orden mundial. El presidente sirio Al Asad es uno de esos gobernantes, que todavía resiste. De paso, EEUU agigantaba su presión en la zona contra el sempiterno enemigo a batir, justificador de la maquinaria belicista useña y llamado Vladimir Putin.

Los avisperos bélicos de Barack Obama fueron pagados en Europa con la sangre que a día de hoy siguen vertiendo en una Iglesia de Niza, en las Ramblas de Barcelona o en Viena recientemente, los terroristas vestidos de “refugiados”, con documentación de Cruz Roja y consignados en el odio mahometano a Occidente, que llegaron a nuestro continente desde África y Asia aduciendo ayuda humanitaria. 

Biden volverá a poner el ventilador del terrorismo islámico que si bien nunca nos abandonó, fue más sangriento entre los años obamitas 2008 y 2016 de lo que lo ha sido en toda nuestra historia. Cuando mandan los señores de la guerra, en especial los Demócratas satanistas, pero también los republicanos masónicos del Deep state (Bush), Occidente arde en sangre, mezquitas, inmigración islámica y multiculturalismo.

Las bombas que el viejo Biden lanza sobre Siria vienen envueltas en “transversalidad”, “economía verde y sostenible” y Agenda 2030. Tal vez por eso las hordas del “NO a la guerra” (¿las recuerdan?), están aplaudiendo con las orejas.

Los progres, ya no sólo nos dictan qué es la libertad de expresión, qué son los delitos de odio o las noticias “fake”; también las guerras, que si llevan bombas pintadas de arcoíris serán la arcadia que el abuelito Biden inicia por el bien del mundo.