En política es fácil equivocarse al hablar; en especial si se trata de juzgar a otros sin mirarse antes el ombligo. Reconozcamos el mérito de la Ministra de Igualdad ante su incapacidad por mantener la boca cerrada. Una mujer que se mete en ciertos charcos sin medir antes la profundidad de los mismos.

Recordemos algunas de sus frases: «No creo que nadie me pueda poner un ejemplo de escrache que haya durado más de unas horas. Lo que está pasando a las puertas de mi casa va por la semana 11». La nueva casta se queja del populacho. En un detalle tiene razón: ningún escrache ha durado tanto jamás; sin embargo, olvida los problemas a los que se enfrentan los dueños legítimos de propiedades invadidas por «okupas», así como el coste que han de asumir estos dueños, el tiempo que les lleva desocupar las viviendas y las condiciones en las que estas quedan. Quizá de ahí el miedo tan terrible de la pareja, solo que frente a su domicilio no faltan dotaciones de efectivos de la Guardia Civil como si de una boda real se tratara, pero a diario. ¿A cuánto asciende el gasto que ocasiona esta nueva familia a la sociedad? ¡Un despropósito para quienes se consideran comunistas!

Tanto ansía destacar la de Galapagar en los medios de comunicación, que opina sobre asuntos que quedan lejos de su competencia. Ha emprendido una descarada carrera enfocada en el arte del cotilleo: «La huida de Juan Carlos de Borbón es una actitud indigna viniendo de un Jefe del Estado. Todo el mundo está interpretando que tiene que ver con intentar eludir la acción de la justicia y yo creo que en España, la gente ya no quiere ni más impunidad ni más corrupción, pues debería rendir cuentas ante su pueblo y ante la justicia. Y sobre todo creo que deja a la Monarquía en una posición muy comprometida y muy delicada».

El Jefe del Estado es Felipe VI y no Juan Carlos I.

Afirmar que «todo el mundo está interpretando» es una apreciación suya. Montero acusa al Rey emérito de intentar eludir la acción de la justicia mientras Carmen Calvo asegura: «No huye de nada porque no está inmerso en ninguna causa». Ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos.

Montero asegura que la gente no desea que haya más impunidad ni más corrupción... ¿Habrá olvidado el «caso Dina» de su pareja sentimental entre otros asuntos feos?

A la Diputada del PP, Belén Hoyo, le ha dicho: «entiendo su derecho al pataleo». Quizá la parejita también esté pataleando al verse excluidos y ninguneados por Pedro Sánchez durante la presunta negociación entre la Casa Real y Moncloa: «... No es una decisión que se haya tomado desde el Gobierno de coalición», ha lamentado Montero, mientras Iglesias no ha dudado en utilizar a los jóvenes para twittear: «... en España se abre paso, empujado por los jóvenes, un horizonte republicano que más temprano que tarde se hará realidad». ¡Menudo carca! Un régimen desaconsejado en Europa (léase el documento 2019/2819 RSP elaborado por el mismísimo Parlamento Europeo)

Quizá la parejita esté temblando al escuchar al Presidente del Gobierno defender la labor de la Monarquía y lucir la bandera de España en su mascarilla.

Pablo Iglesias, personaje siniestro donde los haya, se queja de que la justicia no haya impedido salir a D. Juan Carlos I de España, un hecho en sí mismo clarificador por cuanto revela la nula simpatía que siente frente al Rey emérito, olvidando que hasta la fecha, no existen causas pendientes que le impidan viajar al país que le venga en gana. Es decir, ni está imputado, ni condenado.

Pidió la comparecencia de Felipe VI ante el Congreso para que explicara «la huida» del emérito, mientras él intenta escabullirse de hacer lo propio sobre el caso Dina. Quizá de ahí le venga a Irene Montero la vehemencia con la que se refiere a la Monarquía. Son malos tiempos para los de Galapagar. El que a hierro mata, a hierro muere.

Está claro que el ambiente se caldea por momentos, el comunismo pierde fuelle al ver a sus máximos representantes vivir como verdaderos capitalistas, Iglesias y Montero se muestran más nerviosos de lo habitual, la relación PSOE/ Podemos parece deteriorarse y Moncloa no tiene en cuenta la opinión de la formación morada para ciertos «detallitos» de Estado.

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