Ha muerto un falangista.

Nadie vio nada, nadie supo nada, la policía no dio con el culpable, a nadie importó…

Solo sus camaradas “alzan el brazo, escriben su nombre en letras de oro y gritan: Presente. Tienen los ojos brillantes y no lloran porque han de honrarle con la fiesta de pólvora y asalto”.  

La noche de hoy se cumplen 41 años del asesinato de un falangista: Juan Ignacio González Ramírez.

Y no lo hay parido que hubiere podido evitar que sus viejos camaradas encargáramos una misa y encendiéramos una antorcha por su memoria.

Tomando para la ocasión las palabras que García Serrano escribiera pensando en nosotros:

“Ni la Historia tiene derecho a juzgarnos.

Somos una generación con destino propio. Nuestro destino de morir, mi mismo destino de morir me lleva a Eugenio, el muerto que yo, que cada uno de nosotros hubiera querido ser.

Huérfanos de apoyo redimimos la tierra de España, para recibir el bautismo del trigo y el bautismo de la sangre”.

Juan Ignacio es Eugenio, y Eugenio es Juan Ignacio.

Se cuentan con éste 10 los homenajes a nuestros Caídos celebrados entre el brillo de las teas y el elocuente silencio de los hombres y mujeres que las portan y desfilan pensando razonablemente que ya está todo dicho, que la verborrea de los partidos políticos tiene que acabar para que renazca el genio español.

He de volver en este punto al Eugenio, justo cuando éste abofetea a un señorito de derechas hasta hacerle caer el sombrero:

“Somos un pueblo de cretinos bailando sobre el heroísmo. Para estas horas está haciendo falta un canto civil, heroico. Pero la burguesía prefiera la música de Sorazábal.

¡Que hermoso desfile con antorchas, encendiendo la noche cómo una gran hoguera!”.

Lo cierto es que nosotros no estamos aquí para teorizar sobre el Cambio Climático, no pretendemos sostener nuestro discurso sobre supercherías y religiones zafias de nuevo cuño.

Tampoco venimos a hablar sobre el sexo de los Ángeles, que el género es trámite que despacha la naturaleza y no el capricho de un memo.

Cómo tampoco pedimos perdón por nuestra historia y ¡SÍ! en cambio exigimos gratitud y reconocimiento por el legado de nuestro Imperio.

No nos declaramos “Ciudadanos de la Tierra” ese título abstracto que el Globalismo pretende imponer, si no hijos de la Civilización Europea.

Y mucho menos estamos aquí para participar del mercadeo del voto: “estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo estos otros”.

Estamos aquí porque de nuevo nos toca ser los aguafiestas de España: somos cabalmente los herejes del evangelio progre, los apóstatas de los dogmas de Bruselas, los que memorizan viejos libros que serán pasto de las llamas, el último lobo errante por la tierra de sus ancestros.

Somos los que ajustan el paso del alrededor, el novio que nadie quiere para su hija, somos la conciencia dormida de un pueblo bravo al que desprovisto de su orgullo cualquier Tirano Banderas de pacotilla se atreve a desafiar.

Participé, airado e imberbe, en la campaña CONTRA LA CONSTITUCIÓN: VOTA NO” en 1978.

¿A que mentir?: nunca la leí, pero tenía claro qué si nacionalistas vascos y catalanes estaban por el SÍ, yo solo podía estar enfrente.

Cuarenta y tantos años después apenas resta decirles: al menos cumplirla, cabrones.

Decíamos antaño que “Ni la historia tiene derecho a juzgarnos”, y hemos de reírnos ante la pretensión de hacerlo con Franco.

Recientemente un tal Puig, economista y a la sazón concejal de ERC reconocía que el Salario Mínimo durante el Franquismo era porcentualmente superior al actual. Los Servicios Públicos no eran onerosos y los alquileres bajos. La suma de todos estos conceptos garantizaba un poder adquisitivo que hoy en día el trabajador no puede ni soñar.

La izquierda española ya no representa a la clase obrera, y vive en el argumentario burgués del clima, la permuta del sexo a la carta, y la estúpida pretensión de que un musulmán renuncie a sus costumbres solo porque ahora viva a costa del erario público en Chamberí.

El rojo español del que Iglesias-Montero son la mejor postal, no es sino el complemento perfecto del capitalismo: ¡ABANDERADOS DE IDIOTECES, DISIDENTES DE NADA!.

Mientras, a la derecha hay atisbos de vida inteligente: por fin un partido asume sus responsabilidades históricas y enarbola el discurso esperado en la línea del que entonaran Calvo Sotelo, Goicoechea, Maetzu o Pradera.

No les negaré el valor, como tampoco parece lo está haciendo el Censo, pero…

Afirmar que en la Monarquía y la Constitución está la salvación de España, NO FORMA PARTE DE LA SOLUCIÓN SI NO DEL PROBLEMA.

El nefasto R/78 es justamente el que nos ha puesto al linde del precipicio, y es éste y no Franco quien debería ser juzgado penalmente.

Porque España ha sido saqueada ¡y digo bien: SAQUEADA! por todos y cada uno de los Gobiernos de la democracia, hipotecando el futuro incluso de aquellas generaciones de españolitos que están por nacer.

Que no se me ocurre canallada mayor.

¿Quieren “memoria histórica”? pues la primera tarea es la auditoria de las últimas 4 décadas del Estado con sus 17 Taifas, y la depuración de responsabilidades.

Es el nuestro un pueblo tosco, de carácter individualista y predisposición a la guasa, esclavo de envidias, rencores atávicos y leyendas seculares, pero jamás esclavo de terceros.

No somos los españoles de arrodillarnos ni para recibir una bendición.

Que se tienten los machos TRAIDORES Y LADRONES, porque no hay engaño que se sostenga en el tiempo, y algún día -y no queda lejano- se removerán todos los Demonios que animan nuestro espíritu desde antes que los Santos fueran santos. Y con el “HASTA AQUÍ HEMOS LLEGAO” demos carpetazo a este rancio episodio de nuestra historia para dar paso a la España sin caciques ni holgazanes por la que Juan Ignacio murió.

Una vez más, y ya van diez, os pido me acompañéis en el grito eterno:

CAIDOS POR LA LIBERTAD DE EUROPA, ¡PRESENTES!

JUAN IGNACIO GONZÁLEZ, ¡PRESENTE!

ARRIBA ESPAÑA