El otro día, tuvimos que soportar, con estoicismo, como el moncloita y sus palmeros, tildaban a la Policía Nacional y a la Guardia Civil de “piolines”. Supongo, como viene siendo habitual, que ahora tratará de hacernos creer que, como somos menos inteligentes y menos cultos que él, no fuimos capaces de comprender, en toda su dimensión, sus palabras y que interpretamos lo que no deberíamos haber interpretado.

Cada uno es reo de sus palabras y lo que dice, dicho queda y, afortunadamente, los medios de comunicación disponibles nos permiten a acceder, sin dificultad, a discursos y comentarios en los que se puede verificar que lo que creímos haber escuchado, en realidad fue lo que se dijo.

Esta izquierda prepotente y chulesca que mal gobierna España en concurrencia con comunistas, podemitas, filoetarras, golpistas, separatistas y perroflautas en general, tiene la odiosa manía, amparados por esa supuesta superioridad moral que ni tienen ni nunca tuvieron, de creer que lo que dice es dogma de fe no sujeto a posibles críticas ni censuras, cuando realmente tal aseveración está muy lejos de la verdad.

Afortunadamente, a cada paso, los españoles nos vamos dando cuenta de que este cáncer izquierdoso, que tanto daño está haciendo a España, es necesario extirparlo cuanto antes, sobre todo si queremos seguir sobreviviendo como Nación.

Las últimas citas electorales lo están demostrando -Madrid y Castilla y León y en Andalucía, próximamente- y en ellas estamos observando que, pese a los chiringuitos y a la compra descarada de voluntades -el descuento en los carburantes, los 400 e. que se pagarán, curiosamente, a los jóvenes que cumplan 18 años, la edad en la que pueden empezar a votar, etc.-, España está despertando de esta pesadilla socialista-comunista que nos está conduciendo directamente a la ruina, cuando no a la desaparición como entidad nacional.

Pero si la grave situación por la que transitamos no es suficiente, la prepotencia, la soberbia y la enfermiza vanidad del moncloita y de sus adláteres todavía generan más desafecciones y espero y deseo que genere muchas más y que actitudes como la de la ministra que se escapa de la foto para no posar solo como hombres, como si fuésemos unos apestados, y que no duda en fotografiarse rodeada de los sindicateros -aquellos que pasaron de la barricada a la mariscada en un abrir y cerrar de ojos-, aunque todos sean tíos; el anormal ese que pretende que no comamos carne aunque él se zampe el buen jabugo, el mismo que despreció el turismo como fuente fundamental de ingresos; la siniestra tipeja esa que solo pretende alentar el enfrentamiento entre hombres y mujeres, esa que quiere permitir que una joven aborte a los 16 años sin necesidad del previo permiso paterno, aunque luego para ponerse un percing o hacerse un tatuaje si lo necesite, etc. -que hay para todos, todas y “todes”-, termine pasándoles factura e incluso provoque que alguno/alguna se tenga que sentar en el banquillo de los acusados una vez abandone el gobierno.

Pues bien, ahora el moncloita ha terminado de granjearse “grandes simpatías” entre los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con la perla que nos ha dedicado en sede parlamentaria. Una buena prueba fueron los abucheos con que recibieron al Ministro del Interior, ayer, en la Escuela Nacional de Policía de Avila, un claro ejemplo del “cariño” que se ha granjeado, así que espero y deseo que nadie que se sienta Policía Nacional o Guardia Civil de verdad, lo vote nunca más.

Mira, tío, es intolerable ese calificativo que nos has dado que tan solo demuestra tu catadura moral. Jamás hemos sido piolines, ni antes, ni ahora, ni nunca. Nosotros, con nuestro trabajo, nuestro sacrificio y nuestra dedicación al servicio de España hemos sido los que más contribuimos a hacer realidad la transición democrática, soportándola sobre nuestras espaldas; hemos sido los que tuvimos que enfrentarnos, con valor, a los asesinos etarras, aquellos que nos asesinaban vilmente y siempre por la espalda, cuyos cachorros ahora contribuyen a sostenerte en tu puesto; hemos sido, junto a las Fuerzas Armadas, a los que se ha recurrido cuando la mala gestión o la imprevisión de los políticos ha provocado situaciones de grave riesgo para la población; hemos sido a los que se recurre siempre que las cosas pintan feas; incluso somos los mismos que te damos seguridad a ti y a tu familia y a los chalets de aquellos que decían que gozaban cuando nos apaleaban, ¿lo recuerdas? Yo sí.

Somos aquellos que, cuando tú decías que éramos prescindibles, mantuvimos tus ilegales encierros -así lo han demostrado los Tribunales- a los que sometiste al pueblo español, granjeándonos muchas antipatías, para que pudieses seguir mandando a base de decretazos.

Somos los mismos que aguantamos que nos pongas a los pies de los caballos, sin medios materiales adecuados, para enfrentarnos contra masas de terroristas callejeros que, siguiendo las consignas de otros que también contribuyen a sostenerte en tu puesto, pretenden destruir la unidad de España.

Somos los que, durante los 365 días del año -366 si es bisiesto-, velamos, en ciudades y pueblos, en el mar, en nuestras fronteras, incluso en el extranjero por la seguridad de España y de los españoles.

En definitiva, no somos piolines, somos los que te salvamos el culo a ti y a todos tus palmeros. Piolín será… quien tú y yo sabemos.