Sr. Director:

    Educado, formal y siempre a lo suyo. Así podríamos definir a este personaje que ha estado siempre a la sombra del poder discreto, cuya profesión y oficio es hacer dinero. ¿Qué eso de la Superliga si no un proyecto globalista de interés inversor para unos pocos?

Que la EUFA no haya sabido reorganizar las distintas competiciones europeas a fin de hacerla más atractiva y menos onerosa para los clubes que en ellas participan, pongamos que todas ellas a un solo partido, no es razón para organizar la Superliga, una competición excluyente y de consecuencias previsibles. Entre otras, porque los equipos que en ella participen terminarán siendo propiedad de los Estados, ya que los presupuestos cada ve serán más astronómicos, siendo que el Campeonato Mundial de Fútbol tendrá que reorganizarse a nivel de continentes y no como hasta ahora, entre países. Y será así, porque también habrá una Superliga africana, americana y asiática.

El hecho cierto de que el fútbol haya perdido interés, como tantas otras cosas que han degenerado, y que sea evidente que ha perdido interés en el segmento de población comprendido entre los 16 y los 24 años, no es óbice para potenciar un Frankenstein; siendo más bien la oportunidad para volver al fútbol de siempre: jugadores nacionales que defiendan la camiseta como algo suyo, que cuando dejan el fútbol, pretexto para ser felices, se afanan en una determinada profesión. Lo que siempre fue esto de meter un balón entre tres palos. Un juego de chicos, no de chicas.

Me quedo con el Madrid de los Yé-yé, y no mucho más allá de la Quinta del Buitre.