Las cosas no suceden por casualidad, de ahí que no faltaran dicterios durante toda su estancia en Córdoba.

«¡Fuera, fuera! ¡Que te calles! ¡Fuera, ministro! ¡Vete de aquí, sinvergüenza!» eran los «cariñosos» improperios con los que le «agasajaron» al ministro Grande Marlasca en Córdoba, aprovechando un acto enmarcado en la Semana Institucional del Instituto Armado. Los reiterados gritos de «¡Fuera, fuera…!» y «¡Marlasca, dimisión!» se agolpaban en la sobrecogedora pitada, tanto durante el discurso institucional como en el transcurso de la revista a la Benemérita. El ministro debió de pensar que «El camino que seguimos es, pensándolo bien, el que merecemos», en palabras del juez y dramaturgo italiano, Ugo Betti. Equivale al «Tengo lo que merezco».

«¡España no te merece!», resonaba con reiteración entre las más escuchadas. Algo que solía ser inusual parece haberse generalizado con la llegada del actual Ejecutivo. Las cosas no suceden por casualidad, de ahí que no faltaran dicterios durante toda su estancia, incluso estando presentes las autoridades militares. Se suele recoger aquello que se siembra. Y el propio Marlasca ha sembrado falsedad, mentiras, bulos, hipocresía, odio, resentimiento… Precisamente, la Guardia Civil no está entre sus preferencias dentro de la Seguridad del Estado, ni siquiera la Policía Armada (tradicionales “grises”) a la que perteneció su progenitor.

La Asociación Justicia para la Guardia Civil (JUCIL) colgó un vídeo en las redes sociales como prueba de esos denuestos, abucheos y mofa al ministro «fake». No parece entender el ministro protegido que "los guardias civiles se ganan el reconocimiento de los ciudadanos en cada servicio, por su profesionalidad, sacrificio, entrega, esfuerzo y dedicación". Marlasca no tiene derecho a olvidar la multitud de servicios que ha prestado la Guardia Civil a toda la ciudadanía, con sacrificio y esfuerzo, incluso protegiendo la vida de los demás, a sabiendas de que peligraba la propia.

La figura de Marlasca pasará a la historia por sus bulos intencionados y la permanente difusión de “fakes” en beneficio propio y de su partido, al que nunca debió ponerle el trasero incondicionalmente porque, cuando menos lo espere, será puesto a los pies de los caballos, al igual que Ábalos, Campos, el astronauta, Laya o la exvicepresidenta. Y si piensa que el PSOE va a sacar la cara por él, va de culo y cuesta arriba. Deberá darse por satisfecho y por servido si no acaba cobrándole la bicicleta estática o poniéndole como culpable de la carta con balas y amenazas gráficas.

¿Quién cree en este ministro? Si hasta su apellido es un «fake» y el guion que une el primer apellido de su progenitor con el primero de su progenitora se lo ha inventado. Hasta ahí llega la paparrucha y la falsía de un tipo que se ha ganado a pulso los abucheos del respetable. Parece haber olvidado que sus propios compañeros de Bilbao le recordaron que «la cobardía no era propia de un juez» y que ese no era el camino.

¡Cuánto se habrá mofado la Benemérita de este personaje desnortado! Hasta los simples «Ahumadas» siguen apuntándole con el dedo como diciendo «¡Menudo esperpento nos ha tocado para lidiar!» Ni siquiera ha tenido cargo de conciencia permitiendo el desfase salarial entre los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado con respecto a la siempre sospechosa Policía autonómica.

Sería una lástima que las neuronas de esta tropa de ministros no les diera para pensar con más ética y sensatez sobre lo mucho que están haciendo mal. Sabido es que no se puede pedir peras al olmo y mucho menos honradez a un ministro socialista. Son ellos los que crispan el ambiente y no la ciudadanía. ¿Habían visto tanta crispación y odio antes de que llegara el fullero «marqués» a la política y su «jauría» de verduleras y bocachanclas? Pero la estrategia pasa por volver el rabo, como siempre hace la izquierda que se siente culpable y cazada en embuste, embeleco o engañifa. Les da igual: esta cuatropea de ministros es de los de «dame pan y llámame perro, aunque sea con tres erres»

Confieso que no sé qué esperaba Marlasca de la Guardia Civil. En la calle debió de ponerlo Sánchez en la última remodelación de ministros. Es de sobra conocido que, el todavía ministro de Interior, no ha dejado de enturbiar la política desde que se vio con poder para hacerlo. Cuando no se tiene vergüenza ni honor… siempre con el culo al aire.

Muestras de lo que no debe ser un socialista es lo que hace tiempo hemos visto en el ministro «fake» y en el presidente «cum fraude». Por cierto, para La Palma se aprueban doscientos millones en ayudas, pero para Cataluña mil quinientos para ampliar el aeropuerto que ni siquiera precisa ampliación. Todo al revés, como buenos socialistas comprometidos.

Y yo me pregunto… ¿comprometidos con qué, con quiénes y para qué?