Decía Montesquieu que había tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial.

         Seguramente era así, pues en aquella época el poder ejecutivo emanada del Rey, y realmente no tenía relación alguna con el poder legislativo, pero en la actualidad, desaparecidos los Reyes, o convertidos en simples monigotes, sin poder efectivo alguno, las elecciones conforman el poder legislativo, que a su vez “ocupa” el poder ejecutivo, designa al presidente del gobierno o primer ministro, a los ministros, etc., en definitiva que ambos poderes, el ejecutivo y el legislativo, son uno solo.

         Por lo tanto a los ciudadanos normales y corrientes –más bien contribuyentes-, solo nos queda el recurso, la garantía, la defensa del poder judicial.

         De ahí el interés de la casta política por ocupar también ese poder, mediante la designación de jueces por el cuarto y quinto turno, los magistrados designados a dedo en las salas de lo civil y penal de los tribunales superiores de justicia –puestos básicos para enjuiciar a esos mismos políticos-, la existencia de un tribunal constitucional, totalmente politizado, y formado por personas con una alta formación teórica, pero muy alejados de la realidad, etc.

          Frente a todo ello se alza el Tribunal Supremo, con sus casi ochenta magistrados, creo recordar, cada uno de su padre y de su madre, pero que son el último baluarte del Estado de Derecho.

         Y que han demostrado en estos meses pasados, y lo siguen haciendo, día a día, que en España hay separación de poderes, y que el poder judicial sigue existiendo.

         Ante las pretensiones del poder ejecutivo de echar tierra sobre el golpe de estado separatista catalán, el Tribunal Supremo ha colocado ante el espejo de sus propias contradicciones a una fiscalía totalmente dúctil, que no pasa de ser la voz de su amo, el gobierno de turno, y ha adoptado las únicas decisiones que realmente proceden en un Estado de Derecho.

         No sé a quién pretende engañar el PP, la verdad, con su timorata –por no decir cobarde- actuación, permitiendo la huida de todos los golpistas, de forma que aquí solo se han quedado los más valientes…

         Es posible que piensen que a enemigo que huye, puente de plata. También al teniente coronel Tejero se le ofreció un avión y un maletín con trescientos millones de pesetas, casi dos millones de euros, al cambio actual, pero declinó la oferta, pues era consciente de que había asumido unas determinadas responsabilidades, y debía afrontarlas con el valor y la caballerosidad propias de un Oficial del Ejército Español.

         Pero eran otros tiempos, y ahora lo que abundan y sobran son las ratas, sobre todo las ratas de Gerona, y de Cataluña en general.

 

 

Ramiro GRAU MORANCHO,

Abogado y escritor.