Primero pillaron desprevenido a Rajoy y colaron una moción de censura con aviesas intenciones, luego fueron detrás decenas de millones de hipnotizados con las adversidades trágicas de la pandemia, cegados para percibir ninguna oportunidad de reacción. Pero el plan de los manipuladores se desgasta. No somos los mismos que hace dos años y medio, cuando Sánchez secuestró el Gobierno de España.
 
Se agotan los instrumentos de la demagogia para los podemitas cuando se han visto obligados a votar la protección del rey emérito frente a la jauría independentista. Los gastos del Rey en Arabia Saudita no serán investigados y Pablo Iglesias habrá de tragar con la popularidad de la Corona y ceñirse a la realidad, en tanto convenga, de que andan lejos los presupuestos de una III República que con gusto desearía imponer sin dar tiempo de crecer a una generación de maleables ignorantes. El problema es que los enemigos de la Constitución, unidos en un frentepopulismo de intereses dispares, no están dispuestos a esperar tanto tiempo. Los malabarismos serán audaces hasta lo temerario, para intentar contentar a los socios que amagarán con romper esta siniestra asociación de ventajistas sin escrúpulos. 
 

Cabe que de tanto mentir en el ejercicio corrupto del poder sanchista, se traicionen entre los socios de este gobierno Frankenstein más pendiente de mantener los beneficios tabernarios que de gobernar un país que ni siquiera los ha votado. Ni votado a las minorías podemitas ni, eso es lo peor, a los que se ufanan de haber sido el partido más votado CIS e Indra mediante.Y cabe la  esperanza, por tanto, de que se desmorone la farsa gubernamental con las tensiones internas entre este grupúsculo de conveniencias que, a poco que se tuerzan los planes de reparto sectario, serán capaces de practicar la puñalada trapera entre ellos bajo la atenta observación de una ciudadanía tan perjudicada como harta. Y si con ese embate interno despierta la España aletargada, después de recibir la tunda antidemocrática de un desgobierno de totalitarios, no todo estará perdido en estos tiempos de zozobra y sumisión que con la debilidad del enemigo podrá aspirar a los altos designios de la más severa justicia. 

 
La querella de ANVAC contra el infame oportunista Salvador Illa y el necio diabólico Fernando Simón por homicidio, lesiones y prevaricación, demuestra que con las circunstancias cambiantes es posible avanzar en la liberación del yugo sanchista. Cuestión aparte será dónde desemboque esta querella con una Justicia intervenida, pero no deja de ser un paso más en defensa de nuestros seres queridos por la matanza del coronavirus. Otros avances serían posibles para resarcir a las víctimas de la ruina económica aún indefensas. 
 
Una España unísona podría quebrantar los planes terciarios de cuantos buscan beneficios personales, a costa de las necesidades primarias de millones de ciudadanos al borde de la rebelión civil. Como en Canarias donde a modo de vanguardia la población experimenta una resistencia frontal contra Pedro Sánchez, en el hartazgo del engaño de la inmigración masiva y la invasión soterrada del territorio nacional. 
 
Cuanto más confronten los cómplices de esta estafa monclovita y puedan modificarse las condiciones, más cercana estará la posibilidad de ver caer a Pedro Sánchez y a su séquito ministerial, culpables de la tragedia y la pobreza provocadas con esa sospecha de voluntariedad política que está sembrada en las calles, contemplando las chulescas actitudes de quienes abusan de decretos leyes y horadan las reglas del juego democrático. 

Esta carrera de fondo romperá las resistencias de los viles participantes asociados para quebrantar la Constitución, porque cada cuál depende del equilibrio en la codicia sin ningún otro objetivo común que el reparto de un botín conjunto que pertenece a la ciudadanía. La ciudadanía que mayoritariamente no comulga con los planes de desintegración y vaciado arbitrario de las arcas públicas, la misma a la que se ha engañado permanentemente, deberá aprovechar la convulsión intestina de este fraude de gobierno para desasirse del yugo del embuste, personalizado en un estafador que no podrá contentar a sus correligionarios independentistas ni bolivarianos, con un bloque constitucional advertido y a la defensiva. 
 
La clave está en dejar de obcecarse con los impedimientos que han impuesto y buscar soluciones que pasan por la reorganización conjunta de oposición civil. 
 
La fuerza de la protesta y la inteligencia de una manifestación solidaria deberían ser proporcionales al debilitamiento interno de los socios que pretenden expedir la defunción del régimen del 78. Oportunidades habrá para verlos caer junto a la presidencia en bastardía; depende de cómo se gestionen con las múltiples crisis que están por llegar.