Repentinamente entramos en la fase Núñez de Balboa. Esperada con ansia, mucho más que la que nos autoriza a salir a correr de 6 a 10 y 20 a 23 horas, ya la tenemos aquí y lleva una semana entre nosotros.

En medio de la confusión y el caos manifiesto de la “guía de la desescalada”, publicada por las autoridades, con sus departamentos sanitarios, provincias, comunidades y demás áreas de confinamiento, esta nueva fase no aparece explícitamente, pero todo el mundo la preveía. Incluso ellos. Sí, la fase que se había escapado del control y la planificación y que tarde o temprano llegaría.

En un intento de neutralizarla y estigmatizarla con odio clasista, los medios la llaman caceroladas pijas, de la milla de oro, del 1%, del barrio de Salamanca, de la ultraderecha contra el gobierno, etc., etc.…

A pesar del uso de los adjetivos y referencias favoritos de los adictos al poder para deslegitimar toda forma de protesta y disidencia ante el pensamiento único, millones de españoles hartos del confinamiento físico y mental, comenzaron a manifestarse pacíficamente con las peligrosas cacerolas, banderas rojigualdas y gritos de libertad. Muy a pesar de lo que se vea en los telediarios, se escuche o se lea donde sea, estas exteriorizaciones no tienen clases ni barrios. Pretendiendo sectorizar, politizar y marginar la indignación, se equivocan.

La llamaron también “la revuelta de los cayetanos”. Por ahí también van mal. Se equivocan al escoger el nombre pijo. No hay santo patrono más popular que san Cayetano, el del pan y el trabajo, el santo más obrero y más cercano de los pobres, humildes y desfavorecidos. Es inútil, ya se les nota el truco.

Hace unos días mi primo Luigi desde Italia me dijo: qualcosa si muove, o traducido algo se mueve, y tenía razón. No lo había percibido en toda su dimensión hasta esa advertencia hecha a la distancia sobre lo que estaba pasando casi delante de mis ojos. Algo se mueve y está en marcha.

Me vino a la mente también el Eppur si muove, o sin embargo se mueve, la frase legendaria de Galileo Galilei. Ante las evidencias ya no hay nada que puedan seguir ocultando durante mucho tiempo.

La fase Núñez de Balboa, que ya se va extendiendo por todo el territorio, casualmente lleva su nombre como un buen presagio, el nombre de un extremeño audaz y valiente a las órdenes de la corona de Castilla y que fue el primer europeo en divisar desde el Nuevo Mundo, “un inmenso mar”, el Mar del Sur, que poco tiempo después sería conocido como el “el lago español” u océano Pacífico. El horizonte de la fase Núñez de Balboa parece que será inmenso.

Aparentemente todo comenzó con las llamadas caceroladas en los balcones a las nueve de la noche en protesta a la gestión sin calificativos suficientes, de esto que se dio en llamar oficialmente como Plan para la transición para la nueva normalidad, allá a finales de abril. Recuerdo perfectamente diciembre del año 2001 en Argentina, las también caceroladas populares y masivas que acabaron con el nefasto gobierno de coalición de Fernando De la Rúa. El presidente radical tuvo que dejar el gobierno saliendo en helicóptero ante una Plaza de Mayo abarrotada de “caceroleros”. A la Historia siempre hay que tenerla en cuenta.

Entre Galileo Galilei, Núñez de Balboa, el Conde de Salamanca, el milagroso san Cayetano, las cacerolas, las banderas de España y las ansias de libertad sin clases ni barrios, qualcosa si muove. Y aunque quieran silenciarlo y ocultarlo detrás de una mascarilla quirúrgica, ya es más que evidente.