En ese cara a cara tan anunciado y esperado de ayer entre Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, y Alberto Núñez Feijóo, líder de los populares y jefe de la oposición, quedó brutalmente expuesta la situación y el estado de salud democrático en que vivimos. Lamentablemente debo deciros que el diagnostico no es bueno.

El presidente del PP debutó con una intervención que dejó claro su intención de “reivindicar la política útil”. Esto nos dice carrera, que hay una política que es inservible, en definitiva, dañina. Y eso es cierto. Fiel a su estilo agregó “No he venido a insultarle, he venido a hacer oposición, pero le aseguro que estoy muy ayudado por algunos de sus ministros” y dijo que el gobierno muestra “mucha crispación y descalificaciones, pero pocas propuestas y reflexiones”.

Feijóo centró su discurso y propuestas en lo económico. Ofreció un plan anticrisis, tendió la mano nuevamente a Sánchez para llegar a acuerdos de Estado. Sí, ofreció la mano a quién no deja de mordérsela una y otra vez y al responsable de llevar a España a la situación que el propio PP denuncia como catastrófica, indigna y fracasada.

En su turno de réplica, Sánchez le recordó al gallego que “El Gobierno trabaja sin descanso para proteger a las familias y empresas, y ustedes lo único que han hecho ha sido ESTORBAR, ESTORBAR y ESTORBAR a lo largo de estos años de legislatura”.  El líder popular se limitó a responder con un “No le voy a decir que está estorbando en ningún caso, a insultos me gana usted siempre” y ahí se quedó en su arrojo parlamentario...

La oposición de Feijóo, meliflua, blanda, descafeinada, centrista, encaja perfectamente en ese concepto que acuño el maestro de periodistas italiano Leo Longanesi: el “l'uomo biscotto” -el hombre galleta-, es decir, el hombre cuya cabeza es tan débil que si lo sumerges en una taza de leche se desarma, se deshace. Es el conformista, el acomplejado, el tibio, el mediocre que tarde o temprano se convierte también en responsable del desastre. 

Es ese face to face, ese cara a cara, quedó en claro que la oposición a este gobierno estorba, molesta, fastidia y lo que sigue a ello sería, como es lógico, acabar con esa incomodidad. El Estado de Derecho, la división de poderes, la legalidad y legitimidad democrática en España agonizan, está tocada de muerte cuando la oposición y la disidencia estorban.

Ese cara a cara que dejó al descubierto las cartas y la jugada sanchista, con ese estorbar, estorbar y estorbar, que se suma al ruido, ruido, ruido del que hablamos ayer, se volvió a repetir hoy en la Sesión del Congreso. Sánchez nos brindó un nuevo Aló Presidente hablando acerca de sus logros en el Consejo Europeo. Como un artista, pintó un cuadro impresionista donde se observa una exitosa gestión con determinación, sensibilidad social, un gobierno unido, verde, sostenible, digital, de economía descarbonizada y que protege a las familias y las empresas…  

Hay que reconocer que, con maestría, también dejó pinceladas del nuevo marco de entendimiento con Marruecos: transparente, dialogante y en comunicación permanente. No olvido recurrir a la Guerra de Putin, personaje casi protagonista de ese cuadro, invocándolo infinidad de veces como único responsable las dificultades en la recuperación económica, la inflación y el hambre que acecha entre los condenados de la tierra.

Abascal, como Hans Christian Andersen en su cuento “El traje nuevo del emperador”, ha sido como el niño que se atrevió a decir lo que veía, que el rey iba desnudo. Como ese niño que decía la verdad de lo que veía, el líder de VOX se atrevió a decir que las cumbres internacionales del “Rey Sánchez” son papel mojado; que está divorciado de la realidad; que millones de españoles no pueden pagar los carburantes y los impuestos ideológicos; que él y sus socios son fieles creyentes de la religión climática, de las políticas globalistas, dependientes y progresistas; y que sufrimos un cambio antropológico de la sociedad como consecuencia de todo ello.

Lo del gobierno y sus socios hoy en el congreso ha sido la segunda parte de ese cara a cara devaluado, inútil, del verdadero ruido que estorba los planes del gobierno progresista que dejan fuera de la sociedad a todos, menos a ellos.

Cara a cara, tenemos que dar la cara

Cara a cara, tenemos que dar la cara

Debes haber escuchado las moralejas

Los peligros ocultos en el callejón sin salida

De los hombres más sabios que han pasado por todo

Y los fantasmas de los fracasos del spray de pintura en la pared

Tenemos que juzgar al juez

¡Sigue buscando!

Debemos correr la carrera

Para que podamos enfrentarnos cara a cara

Tenemos que dar la cara

Tenemos que correr la carrera

Estas palabras pertenecen Pete Townshend y son parte de “Face to Face”, “Cara a cara”, una canción de incluida en su álbum White City: A Novel, publicado en 1985. Ellas me hacen pensar que debemos enfrentarnos cara a cara con la realidad, seguir buscando, y que tenemos que correr la carrera, aunque esto sea duro y nada fácil.