Esta noticia, recogida por EL MUNDO (18-02-2020), retrata fielmente la diferencia tan abismal que hay entre dos países de la Unión Europea. De modo que aquí, en Femiespañistán, la jurisprudencia está trucada y puesta a favor de las votantas, en lo que constituye un tráfico ilegal de votos, una corruptela del Poder Ejecutivo, mientras que allí, en Italia, los varones aún conservan la presunción de inocencia y sus derechos fundamentales.

La degeneración de la débil y pintoresca democracia española ha conducido a un interminable listado de sobrederechos para las votantas y otro extensísimo repertorio de infraderechos para los varones heterosexuales nativos de lo que queda de país. País acosado por los independentistas periféricos y por los populistas oportunistas instalados en mismísimo Consejo de Ministros. En esto, mientras un insustancial presidente se dedica a moncloar, un nuevo verbo que ha llegado con él, un feminismo radical y rojimorado, transformado en un matriarcado vengativo y rencoroso, se ha propuesto tomar las calles a la sombra de una absoluta impunidad gubernativa y a denunciar a todo varón que aparezca por cualquier esquina y ose, con su sola presencia, molestar ese desfile anual de fanáticas de una nueva Inquisición, ahora ataviadas sus sacerdotisas con la túnica color morado y subvencionadas con un bocata de mortadela barata y una ridícula pulserita violeta. Puntualmente paridas al atardecer por miles de autobuses que por unas horas de gloria al calor animalesco de la manada, las sacan de sus cuevas y las congregan en lo que es un aquelarre en la capital del reino, allá en los aledaños de la estación capitalina de Atocha (Madrid).

Pero centrémonos en la esperada derrota de la señora Rivas, una mártir que ha salido rana a las pretensiones de las altas cargas feministas de la Corte de Cajeras y demás eminencias tanto del socialismo feminista radical español como del populismo bolivariano, que reciben con esta noticia un varapalo de proporciones parejas al holocausto que han organizado.

Resulta que un juez imparcial y no adoctrinado con un cursillo español de violencia de género ha resuelto a favor de Francesco Arcuri la cascada de denuncias que Juana Rivas interpuso contra él entre 2016 y 2018, al certificar que no existe prueba alguna de malos tratos del padre a los menores, sino que, al contrario, este señor opera como un progenitor "atento".

“Denuncias inverosímiles e inconsistentes, absoluta ausencia de pruebas y niños, sus propios hijos, usados como escudos humanos, como envases de angustia, con manipulación materna, en el conflicto entre los dos progenitores”, sostiene el juez italiano. 

Sabido es que la Sra. Rivas está condenada en España a cinco años de cárcel por secuestrar a sus hijos y aún queda por ver la resolución del recurso presentado por ésta ante el Tribunal Supremo al objeto de eludir su entrada en la cárcel, también que permanece separada de sus hijos por orden del juez de Familia italiano, que la calificó, apoyado en la psicóloga forense, de “peligro patológico” para sus vástagos e incluso la puso a tratamiento psicológico.

En estos pasado días, el tribunal de Cagliari ha resuelto archivar una cascada de denuncias al no observar indicios de los constantes abusos narrados por dicha mamá a sus hijos. Por su parte, el fiscal ya señalaba, según recoge ahora el juez, que Juana Rivas aportaba certificados médicos “no auténticos”, pruebas “poco creíbles” y relatos “inverosímiles”. Una práctica española tan ilegal que no cuela fuera de nuestras fronteras.

Incluso uno de sus hijos escribió una carta -publicada en España como auténtica por el diario ABC- en la que el menor, presuntamente, aseguraba que su padre le golpeaba frecuentemente en la cara y en la cabeza, le arrojaba objetos, le apretaba el cuello sin dejarle respirar, que incluso había lanzado el menor por escaleras abajo. Todo ello ha quedado ahora estimado como "inverosímil" por la Justicia italiana.

El veredicto de este juez italiano pone al desnudo el despropósito de aquellas manifestaciones multitudinarias en las calles en el verano del 2017 pidiendo que se apartara a los niños del monstruo de su padre. Como deja en muy mal lugar a la ex ministra de Justicia, y actual súper fiscal General del Estado, especializada de la noche a la mañana en delitos de sedición, Dolores Delgado, que hasta tuvo en su día la inconsciencia de dirigirse a su homólogo italiano para interceder en favor de la granadina.

El magistrado italiano, en fin -prosigue la noticia aparecida en el rotativo El Mundo- , certifica ahora la falsedad de las acusaciones de Rivas, y señala que los Servicios Sociales de Carloforte, que monitorizaron la relación del padre con los niños semanalmente, llegaron a calificarle como un padre modelo, “atento a las necesidades de sus hijos”.

Recordemos que un punto de inflexión en este caso fue el informe de la psicóloga forense Ludovica Iesu, en el que esta profesional llegó a aseverar que Juana Rivas sufre un "funcionamiento mental patológico", y que podría causar daños en sus hijos a cambio de un beneficio propio como es retener con esta teta a sus hijos.

Ha llegado el momento de pedirle responsabilidades civiles y penales a esta señora por el daño que ha ocasionado tanto a su ex marido como a sus dos hijos, tarea que parece emprenderá el padre de estos menores tan maltratados. 

José R. Barrios

Autor de “La industria de género al desnudo” (Editorial SND)

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