“Facha”, “ultra” (ultraderecha se entiende, ultraizquierda no  se usa), “bunker”, son epítetos  que tenemos asimilados quienes conservamos aun la libertad y la independencia de criterios. Para neutralizarnos e impedir que el pueblo sencillo –pero  sin la formación pertinente--,  se fíe de nosotros es una gran técnica aplicada desde  tiempo inmemorial. Con la ventaja de lo fácil que es su utilización. Sobre todo  cuando se dispone  de una organización mundial complejísima,  con innumerables sociedades mafiosas y secretas a su servicio, conseguida tras dos milenios trabajando siempre en la misma dirección y con la ayuda de la totalidad de los medios de información y comunicación a su disposición  pues los tienen bajo control absoluto.

¿Cuál es el secreto de esa técnica? Muy simple. Se reduce a “volcar, en un vocablo,  todo lo que pueda aterrorizar al hombre”, ¡cobarde de por sí! (Nuestra “cartilla militar” clasifica  a los soldados según las dos posibles valoraciones: Una, cuando el Valor ¡se le supone!”, (aún no se ha demostrado y si no hay pruebas, conviene esperar para emitir un juicio). Otra: ¡valor “·probado”!· Y es que la Historia demuestra que el valor no abunda tanto como las setas,  más bien escasea.

La “Sinagoga de Satanás” --maestra indiscutible en psicología  aplicada-- contando con todos los medios posibles en sus manos ha conseguido del pueblo  que “antes de verse tratado de ‘facha’, de ‘ultra’,  de ‘bunker’”, se arrodilla y se transforma en corderito,  fácil de manejar,  y hará cuando le ordenen.

Es un arma terrible porque doblega no sólo al pueblo llano, sino muy especialmente  a quienes tienen ambiciones políticas o empresariales; da lo mismo que sean filósofos que ingenieros,  médicos que miliares,… pero, sobre todo,  los gobernantes se paralizan si temen verse distinguidos con semejante sambenito.

Que sea posible aterrorizar  de ese modo a los ciudadanos  es algo degradante para la Humanidad, pero hay algo peor  y es ver cómo la bimilenaria organización satánica, utiliza a ese pueblo  atemorizado para lanzarlo como fieras salvajes  contra quienes se ríen de la ella y no la temen.

Fue el caso de Fuerza Nueva. Como a nosotros nos importaba una higa  que nos hicieran paradigmas de la “ultraderecha”, del “bunker reaccionario” y  de otras lindezas similares, los hijos de Satanás que nos combatían, decidieron unir a todos los partidos políticos  de la derecha, del centro y de la izquierda --bajo la dirección de Fraga—en un odio común al “franquismo reaccionario y fascista”,  presentando a Blas Piñar y su Movimiento, como el único enemigo peligroso para el gran futuro de España en la esperada y divina Democracia.

Sentadas las bases, me gustaría encontrar a alguien capaz de explicarme eso de pertenecer a   la “ultraderecha” o ser “facha”… ¿Cuál es la esencia de la “ultraderecha”? ¿Cómo puede la gente asimilar  conceptos vacíos de contenido?

Desgraciadamente es una realidad y podemos comprobar un día sí y el otro también,  como el  miedo a los epítetos anula totalmente, la capacidad de razonar,  incluso a las mentes más preclaras y, obligadas  por vocación  a usar  el raciocinio --los catedráticos de Universidad  o la conocida como “clase intelectual”--

La experiencia de lo vivido hace  medio siglo la estoy volviendo a vivir, cuando veo  la forma como ese partido en el que la buena gente de España ha creído durante  cuarenta y cinco años  --¡engañada miserablemente!—trata a VOX,  sobre todo desde que les inquieta su rápido crecimiento y les asusta ver su cada vez mayor posibilidad de convertirse en  decisivos en la política de nuestra Patria.  Otra vez todos los partidos políticos  los veo conjurados contra el partido de Abascal y otra la presentan como “la ultraderecha” enemiga de la divina Democracia que nos trajo la no menos “adorable” Constitución del 78.

Me tendría sin cuidad lo que piensan de VOX los partidos políticos, si no fuera porque le sirve al Doctor Cumfraude, y su gobierno de féminas, para distraer a los españoles y ocultarnos que está dejando a España en la ruina y nos roba impunemente la  “Libertad” con  mayúscula y  las libertades de todo tipo. ¿Cuándo despertarán los españoles de su modorra ya comatosa? 

Confieso sin remordimientos que,  por consejo de Blas Piñar, contribuí al libro del  historiador Xavier Casals titulado “La Ultraderecha”. Le había entrevistado a él y  como le había parecido pareció un profesional serio, que deseaba tener información de primera mano,  le había dado mi nombre para que me visitara. Efectivamente, tuvimos al menos dos reuniones de un par de horas… Luego me agradeció --en el propio texto del libro-- la colaboración prestada. Para mí también resultó  muy ilustrativo ese cambio de impresiones. No olvidaré su observación repetida insistentemente: “Ustedes escriben muy poco. Si yo estoy bien informado se debe a que  estoy suscrito a todas sus publicaciones… pero deberían escribir más libros y no lo hacen, no se figura lo que me cuesta conseguir información para poder escribir mi libro”.

Por supuesto,  una de las primeras cosas que le comenté, fue mi incapacidad para entender ese empeño de todo el mundo en llamarnos “ultraderecha” a quienes, --por  ser falangistas--, no solo no  somos de derechas, sino fuimos y seguimos siendo  blancos de los ataques de las derechas, del centro y de las izquierdas, ¡nada más nacer! Su respuesta fue: “Me limito a utilizar la ‘terminología imperante’ ”.  En su libro por  supuesto, sacó las consecuencias  lógicas dado su modo de pensar. Eso sí, al menos intentó hacerlo con respeto (He consultado la producción literaria de Xavier Casals… y, ahora,  no aparece  ese título en su “producción literaria; ¡algo muy extraño!, pues fue editado y me obsequió el libro…enorme)