Presentarse como inocente a toda costa, significa acusar al resto de la raza humana y aún al cielo. Es lo que hace diariamente Pedro Sánchez, es lo que ha hecho Inés Arrimadas en su comparecencia tras su entrevista con Pedro Sánchez

Inés Arrimadas intenta sacra cabeza tras la demoledora derrota de su partido en las últimas elecciones. Para ello se nos presenta con un perfil que raya en la santidad. Se va a entregar a Sánchez, si no lo ha hecho ya y Sánchez, fumándose un puro le ha dicho: “Confía en mí Inés. No te comeré…(hasta que no firmes los PGE)”

Inés Arrimadas es buena. Tras la entrevista con Pedro Sánchez, en su comparecencia ante los medios, ha confirmado lo que a lo largo de estos meses ha venido diciendo sobre el apoyo en estos momentos excepcionales que vivimos. Como una amantísima madre, Inés ha mostrado su preocupación por todos los españoles: los niños, hombres y mujeres, parados, las personas en los ERTE, los contagiados y no contagiados, los autónomos…no se ha olvidado de nadie. Inés es buena y nos quiere aleccionar a todos a que seamos como ella porque es la única forma de sacar a España de esta situación a la que nos ha llevado ese que gobierna y al que ella se va a entregar. Inés dice que no importa sentarse a la mesa de negociación de los PGE con los de ETA, con los de ERC y con los de Unidas Podemos, si con ello ayuda - ¿en qué? - a España y los españoles  y que,  aunque a ella le cuesta mucho tener que aceptar como compañeros de mesa a  esos partidos e incluso al PSOE de Sánchez, lo hace por amor a España y los españoles a los que quiere evitar una travesía por el desierto de la sanidad colapsada y la economía más colapsada todavía. Inés es buena y se aplica y quiere que los demás nos apliquemos las enseñanzas de Jesús: “pon la otra mejilla” y “ama a tus enemigos”, olvidando – no sé si intencionadamente – que Jesús expulsó a latigazos a los mercaderes del templo porque habían convertido la casa de su padre en un mercado. Y es que, en las negociaciones de los PGE, Pedro Sánchez ha convertido el Congreso en un mercado persa en el que el sátrapa Sánchez paga los votos de quienes le apoyan los presupuestos, de quienes venden al sátrapa sus votos que este pagará con… ¡esos mismos presupuestos!

Inés es mística y, llevada de su misticismo político, quiere que todos los ciudadanos comulguemos con ella las hostias que Sánchez le va a propinar nada más tener los PGE en su bolsillo, porque la bondad no debe de estar reñida con la inteligencia, ni la inocencia con el coraje. Pero Inés es buena y también inocente…o algo nos oculta, porque todos estamos atónitos a su entrega a un personaje de la catadura de Pedro Sánchez.

Quiero contarle un cuento a Inés, el cuento de Caperucita Roja (Inés Arrimadas) y el lobo (Pedro Sánchez) Caperucita fue advertida cuando fue a visitar a su abuela de que en el bosque (aquí, el proceloso mar de la política marrana, pendeja, traidora, hipócrita, ruin, mezquina, codiciosa etc.) habitaba un lobo (Pedro Sánchez) astuto, sin escrúpulos, feroz, manipulador, falso, sin principios, ególatra etc. del que no debía de fiarse ni un ápice. Pero Caperucita (Inés Arrimadas) era una niña buena e inocente que desconocía las maldades de ese tipo de lobos y al poco tiempo de iniciar su camino por el bosque, se había olvidado de las advertencias. En un momento del camino hacia la casa de su abuela, Caperucita (Inés Arrimadas) se topó con el astuto, maligno y hambriento de poder lobo (Pedro Sánchez). Al lobo, ducho en las artes de la falsedad, la hipocresía, las falsas promesas, la doblez y la falta de principios, no le costó nada embelesar a la inocente Caperucita.

Este cuento no termina con la muerte por ingestión de la abuela, pues este lobo (Pedro Sánchez) a la abuela solo le hacía ascos, quería la tierna carnecita rosada y tersa de Caperucita Roja (Inés Arrimadas). Esta versión del cuento termina comiéndose el lobo (Pedro Sánchez) a Caperucita (Inés Arrimadas) con patatas fritas de guarnición y, para más escarnio de C`s, tomarse varias naranjas de postre…A no ser que Inés Arrimadas nos esconda algo que haga dar un giro inesperado el cuento.