Conozco a Serrano desde hace años y me consta que, al ser un personaje de peso específico y relevancia pública, a diario se le arrima toda una troupe de personajillos, vividores, chupópteros y sanguijuelas que lo siguen día y noche para aprovecharse de sus ideas, influencia e incluso recursos.

Serrano se forjó y tomó forma hace años a raíz de un discurso coherente, constitucional y repleto de sentido común cuyo lema esencial es que “todos somos iguales ante la ley independientemente de nuestro sexo, por lo que no resulta de recibo hacer leyes específicas según sexo, sino leyes para personas”. Ocurre que el discurso de Serrano nace en paralelo al montaje por el PSOE de una Industria de Género que destina miles de millones anuales a una red de chiringuitos feministas que en realidad conforman una macroestructura nacional de compra de votos: votos a cambio de leyes a la carta, leyes redactadas por el lobby feminista, así nace la LIVG 2004.

Serrano se convierte en un francotirador molesto que hay que quitar de en medio como sea: “Por lo civil o por lo militar”, como le espetó en sus narices una alta carga.

En aquellos días, VOX se siente atraído por la enorme fama del juez Serrano y lo tienta para llevarlo como cabeza de cartel en Andalucía. Nada más y nada menos que le ofrecen la presidencia de la Junta de Andalucía. El juez acepta y entra en política. Se le brindaba así la oportunidad de luchar de forma efectiva y directa por una sociedad más justa en la que un feminismo radical que va en el ADN del PSOE viene rompiendo los lazos familiares, criminalizando a los hombres por ser hombres y abriendo una brecha jurisprudencial inconstitucional entre los dos sexos.

La imagen de Serrano espolea los resultados electorales de VOX en Andalucía hasta convertir esta formación en llave de Gobierno de lo que venía siendo un reino de Taifas socialista, un cortijo de cortijeras y cortijeros. De entrada, Serrano asume su papel de defensor de los hombres, no para enfrentarlos a las mujeres, no, sino para recuperar la igualdad respecto a ellas, favorecidas con cientos de normas inconstitucionales. VOX, en esto, de seguido pone sordina y maniata los bríos del juez. Una vez antes arropado bajo su calor, en la cálida placidez de decenas de miles de votos que provienen de los sudores electorales del juez que se patea la vasta Andalucía pueblo a pueblo, barrio a barrio. De esta guisa, una vez ordeñado sus frutos, recogida la cosecha…la formación verde comienza a regañar a Serrano porque habla claro, demasiado claro para estar en política. Resulta que la política no es el hábitat de un Ilustrado, sino un mundo de mediocres y mediocras, esos altos y altas cargas que nos malgobiernan.

El indómito Serrano, con su estandarte de Igualdad, con su castellano en román paladino, rechina frente a sus homólogos de siglas. El juez ya se encuentra en el punto de mira incluso de los suyos, es presa a abatir por deslenguado. Un resbalón y la fiscalía de partido lo hará picadillo, un tropiezo y los suyos lo echarán de su casa, no lo reconocerán de su sangre, porque ya se trata de una sangre politizada, adulterada, voxterizada.

Un nuevo revés aparece ahora en la vida de Serrano, una subvención de un proyecto de fábrica con varios socios. Proyecto del que Serrano se desvinculó en su día. La justicia resolverá, esperemos que de forma justa.

El dilema está servido: ¿El acta de Serrano es suya o del partido VOX? La partitocracia española en la que unas siglas están por encima de las personas parece indicar que los partidos políticos usan a sus candidatos como cromos intercambiables de usar y tirar. La trayectoria de Serrano bien merece respetar su acta, porque VOX Andalucía es hijo de Serrano, porque Serrano, ahora desvinculado de unas siglas que lo mantenían maniatado, esperemos pueda recuperar su discurso de igualdad y recomponer su figura, esa que temen hasta los acomodados de VOX, la mayoría, salvo excepcionas, sí, excepcionas.

Esa acta, mientras Serrano se vea y se considere inocente de un delicado asunto en el que se aprovecharon de su imagen, una trola, El cuento de la lechera, esa acta es de Serrano y resulta inmoral a todas luces prejuzgar a una persona antes de esperar la resolución de un tribunal de justicia, esperemos que independiente, aunque la alta fiscalía de partido está ahí.

El acta, pues, es de usted, amigo Serrano, no de aquellos que se sirvieron de su trabajo pidiendo un voto verde.

Úsela como mejor convenga, Señoría, porque se la ha ganado en cientos de mítines proclamando las bondades de aquellos que ahora lo dejan a su suerte.