El hombre por su esencia de criatura racional, aunque al mismo tiempo animal, siempre ha necesitado estar informado. Es sorprendente ver el interés de los niños, tan pronto aprenden a hablar, por preguntar constantemente: ¿Por qué?

Ciertamente, en la remota antigüedad, cuando los hombres se desplazaban  muy lentamente, --al paso de sus rebaños—, obligados a largas acampadas,  se movían en grupos muy limitados en número y tenían  la información necesaria,  muy próxima y nada compleja.

A medida que pasaban “las Edades” – Media, Moderna, Contemporánea--todo iba cambiando,  hasta llegar al momento presente, cuando nos ocurren dos cosas contrapuestas: ha desaparecido la movilidad de “grupo” (somos más bien “individuos” aislados  o “miembros de una familia de pocos componentes”) atados a una residencia estable pero, por otra parte nos movemos a velocidad supersónica sobre el globo terráqueo. Hay  quien, en una semana, ha “estado”  --no es hablar por hablar, ¡ha sucedido!--  en Buenos Aires, en Madrid y en Manila… o en Nueva York, San Francisco, Tokio y Arabia Saudí…, pues los negocios son los negocios.

Esa realidad y todos los avances técnicos, han cambiado totalmente el modo de relacionarnos los humanos. No es nada raro el hecho de llevar años viviendo en la misma escalera, sin conocer a algunos de los vecinos. Por otra  parte,  sabemos lo que pasa en  Miami e ignoramos lo que sucede en nuestro pueblo.

Y esa realidad, incluso,  ha dado origen a “ciencias sociales nuevas”  como las Relaciones Publicas (¡las “auténticas”, no esa publicidad, propaganda o “merchandising” que se hace llamar “relaciones públicas”, falsamente!), pues tenemos necesidad -- como nunca--  de la “buena información”, pero  en ambas direcciones: “de arriba abajo” y “de abajo arriba”. Y eso es la esencia de las verdaderas Relaciones Públicas.

Concretando, los gobernantes, los empresarios, --toda cabeza de Jerarquía--, necesita recibir –imprescindiblemente-- buena información, exacta, veraz. Y exactamente, del igual modo, los gobernados, los empleados y obreros, los fieles, tienen el mismo derecho: el de recibir siempre y puntualmente información buena, exacta y veraz. Cuando no se cumple esa doble obligación, el resultado jamás será justo, ni el mundo reunirás las condiciones de vida que nuestra naturaleza reclama. Y hablo con conocimiento de causa. Si puedo decir que he tenido éxito profesional, el haber aplicado esta teoría es una de las causas del éxito. Lo puedo probar.

En estos momentos de “noche oscura” para los católicos “tradicionalistas”, entendiendo,  por tales a quienes recibimos unas enseñanzas en nuestra niñez, adolescencia, juventud, y  que, luego,  continuamos profundizando en la doctrina bimilenaria, recibida de los Apóstoles y los Padres y Doctores de la Iglesia – reunidos, por ejemplo, en el Enchiridion Symbolorum—y nos encontramos con “nuevas doctrinas» emanadas de Roma” que no casan con lo recibido. En consecuencia, creo hacer bien en poner al alcance de mis lectores el documento recibido, donde Monseñor Viganó, ex Nuncio apostólico en los Estados Unidos se expresa con una claridad envidiable y adjunto.

Lo  verdaderamente importante de su intervención: dice cosas que olvidan quienes deberían explicar a los fieles, las razones de los “cambios”,  que no se ajustan a las enseñanzas recibidas de nuestros mayores, ni a las decisiones de los concilios ecuménicos anteriores.

Antes de concluir este artículo, pido disculpas a quienes me han solicitado un comentario sobre la entrevista de Carlos Herrera al Papa Francisco y no les he respondido. Pero la he leído sólo una vez y deseo releerla para estudiarla mejor u poder dar una opinión a la altura del entrevistador y del entrevistado. Podría ofrecer una primera impresión pero no es aconsejable dada la resonancia que ha tenido y las reacciones que ha provocado. En estos días  voy muy mal de tiempo pero intentaré escribir sobre el tema lo antes posible.