Ay qué asco, Marlasca, con C que no eres tan sofisticado, que el alma te la cascas cada vez que hablas ensanchando las grietas del Infierno que te tragarán, no por maricón que te llamó la Delgado, sino por infame, bellaco, ruin, distraído moral y por salir del armario del carroñero sectarismo que ocultabas con apariencia de dignidad. Vana. Cómo engañabas, transformista de la democracia metido a totalitario, canalla. 
Importa poco a los jueces invisibles de tus actos lo que hagas en la intimidad, lo que es de escándalo e indecente son tus obras públicas de maldad, las semillas repugnantes de tus arbitrariedades: el cinismo incongruente de tu retorcida esencia o la condición demoníaca de la conciencia inexistente; la peste de tu persona engañosa. 
 
Aquí eres juez comprado por Satanás, tu alma vale lo que tu decencia, allá lo pagarás con creces por alinearte en la tierra con la escoria y cobrarte la traición con inocentes... Prevé, infame, la insondable profundidad de la fosa que cavas cuando respiras, aún será mas honda cuando te sorprenda la muerte. Y serás cobarde, parecerás llorona, se te arrancarán esas ínfulas de chulo intransigente, cizañero-acaso en vida atufas a cadáver-cuando los demonios te encuentren. Cínico sin dignidad, personaje de pestilencia, ese que ocultaba con la toga ser amoral indigente. Calladito lo tenías con la melíflua voz de ñoña sensiblería, el corazón te late por inercia de vida y en la mirada asoma el brillo de la Parca que te espera. De enfermedad será tu carne devorada con las miserias que acumulas, la sonrisa se te va a congelar cuando aterrorizado comparezcas para dar cumplida cuenta de tu miserable existencia. 
 
Asco da verte la cara, paradigma del hipócrita, náusea oírte y pena pensar que un día pareciste decente. No pudiste ser orgullo de una madre, frustrada cuando vivía, descanse en Paz desde que marchó y quiera Dios que no te vea. Observar en lo que se ha convertido de miserable el vendido de la traición, no es penitencia de santa. 
 
Ríe embozado el hipócrita Marlasca cuando en el estrado Abascal denuncia la agresión que el ministro del Diablo procuró sin contención en Vallecas. La encerrona del cínico, la complacencia del manipulador con la responsabilidad criminal. Sonríe retorcido bajo la máscara, no por su condición sexual, respetable, sino por la del espíritu podrido, deleznable. 
 
Ay, qué repugnancia, Marlasca, ministro del Interior, cuando la espiches no querrá verte Dios. Empieza a temblar cuando te contemples en el espejo de tu condición, vaya siembra te llevas para la condena eterna junto al aquelarre que te acompaña, diablos confiados, de las brasas no te libras ni de tu propia maldición.  
 
Descanse en merecida Paz la pobre madre que decepcionada tu mísero mundo abandonó, miserable Marlaska... Te devuelvo la K porque es lo único verdadero de tu falsedad. Ya puedes huir de ti mismo que cuando la guadaña te acaricie el grito de tu conciencia te ensordecerá por toda la Eternidad. Pobre y miserable, Marlaska, lástima y repugnancia es lo que das. Los únicos que visitarán la tumba serán los gusanos de tu vanidad, gordos como tu ego, previsibles como el seguro final. Ponte ya a temblar.