Abonada a perpetuarse en la número uno de la lista a la peor Ministra de la Historia de España, ha permitido que El Instituto de la Mujer publicara una guía que enfoca las adicciones de la mujer desde la perspectiva de género... ¡Y dale Perico al torno! Además, ha gastado millones de euros según información presupuestaria de la Administración del Estado, en asuntitos varios, como educar a los profesores para que a su vez eduquen a los niños en los colegios en materias de diversidad sexual.

«Diversidad sexual»: asignatura obligada con actividades como el «círculo de abrazos»; una pseudogallinita ciega donde los jugadores se acercan a abrazar a quien esté en medio del círculo. ¿Mantendrán la distancia de seguridad o desembocaremos en otro 8M?

 

Luego está «la sopa lésbica»: identificar palabras para decidir si resultan despectivas como tortillera, invertida, machorra, camionera (¿cómo llamarán a las mujeres que conducen camiones?). En definitiva, crear un nuevo diccionario de palabras insultantes a criterio del alumnado y del profesorado. Si dedican el tiempo a estos menesteres, ¿dónde aprenderán matemáticas los chavales?

Resulta que las mujeres beben, y mucho, además de drogarse. ¿Y de quién es la culpa? Por supuesto de la diferencia entre sexos. Lo sorprendente de la teoría, es que lo hacen para parecerse a ellos… ¿Esto no minusvalora al género femenino al mostrarle inseguro y carente de personalidad?

En 2014, el porcentaje de hombres bebedores a diario era del 0,9% y el de mujeres, del 0,3%. En 2017, los hombres que bebían al menos una vez por semana pasaron al 3,6 % frente al 0,9 % de mujeres. ¿Quién ha incrementado la ingesta de alcohol? Nadie dice que de ese porcentaje del 0,9 de mujeres, el 2,7 % pertenece al grupo de edad entre 14 y 24 años, de lo que se deduce que poco tiene que ver con diferencias laborales.

Las mujeres consumen más fármacos que los hombres, en especial psicofármacos, analgésicos, y antipiréticos, según el Observatorio de Salud de la Mujer del Ministerio de Sanidad y Consumo. Siempre eso sí, provocado por la «desigualdad» aunque ahora que trabajan más, disponen de menos tiempo para visitar al médico… como les viene ocurriendo a los hombres desde hace años.

La guía sobre Mujeres y adicciones no tiene desperdicio, y ni qué decir que gira en torno a las diferencias entre los condicionamientos de género; además, al hablar del consumo de alcohol, tabaco e hipnosedantes (otra palabra que utilizan y que no recoge la RAE) en ambos sexos, se aprecian diferencias entre las estadísticas publicadas y los datos del INE.

Dice textualmente: «El estrés que a muchas mujeres nos produce el tener que ocuparnos del trabajo doméstico, después de haber cumplido una jornada laboral, nos predispone a un consumo paliativo de drogas, especialmente un abuso de los tranquilizantes y los hipnóticos». Es decir, la mujer trabaja y se droga al llegar a casa. ¡Bonita visión de la misma! Recordemos que defienden la homosexualidad como el estado ideal.

La guía es lo más lejano a una égloga sobre la mujer, pues deja entrever que se encuentra en situación de escasa capacidad de superación. De ahí que las nuevas gobernantas y sus siniestras apreciaciones se muestren como las salvadoras.

Una guía escrita en primera persona por mujeres para crear ambiente empático y generar confianza.

Otra cita: «Las mujeres debemos buscar las causas del consumo abusivo de las drogas también en el comportamiento que se espera de nosotras». ¿En pleno siglo XXI siguen pensado así? Una guía bochornosa que coloca a las mujeres en situación de mediocridad a la hora de decidir y darse cuenta de la realidad. ¿Por qué ningunean tanto al género femenino? Discursos pueriles que demuestran la desconfianza en las fuerzas y valías del mismo. Incluso se permiten el lujo de decir cómo deben sentirse y cómo enfermarán.

La mujer es valiente, decidida y maravillosa por naturaleza, algo que ahora se empeñan en ocultar. Lleva años de silenciosa batalla en los que ha conseguido prestigio y reconocimiento, y este es un hecho incuestionable.

No necesitan que venga la concubina de turno a convencerles de lo contrario para que acto seguido, les diga cómo deben actuar. No caigan en el error de creerse inferiores.