Con un indisimulado rastro almíbar que pese a todos los intentos no pudo disimular el deterioro de las instituciones, en un escenario de líneas paralelas, círculos concéntricos y presidido por el fuego, el poder del Estado se citó junto a unos cientos de personas para homenajear a los sanitarios que en el desempeño de su trabajo han muerto por causa de haber quedado infectados por el Covid-19.

Si es gran verdad que el más mínimo detalle marca la diferencia, eso fue lo que se nos hizo ver mientras el virus chino que repunta y muta de forma extraordinaria nos somete a la duda de si las vacunas serán del todo efectivas o si, por el contrario, tendremos que vacunarnos a partir de ahora de este y de otros virus que salgan de los laboratorios militares de la República Popular de China. “Debemos seguir cuidándonos”, dijo Felipe VI “el vano”.

Decimos que los detalles marcan la diferencia, y eso fue lo que se nos hizo ver ética y estéticamente entre lo que sigue siendo sociológicamente España y lo que se pretende que sea por parte del poder político. Por eso muy oportunamente recordaba Jorge Bustos en su columna en El Mundo (16 de julio) lo que alguien le pregunto cuando Gallardón erigió el monumento en memoria de las víctimas del 11-M en Atocha: “¿Tú entiendes esa agresión póstuma a las víctimas?” En este sentido cabría preguntarse si cabe esa agresión a unas víctimas que muy seguramente, como católicos, hubieran preferido una ceremonia marcada por el sentido de su fe.

Ahora bien, por encima de lo importante, la simbología de la ceremonia, el Gobierno de Pedro “el abrasivo” volvió a escenificar su decidida apuesta por socavar la credibilidad de la delgada línea roja que queda en España del Estado de Derecho: dirimir lo que es conforme o no a Derecho. Pretensión de todo Estado totalitario. Bien es cierto que si hoy estamos en esa peligrosa deriva no lo es tanto por el Gobierno de Pedro “el abrasivo”, sino por el largo camino que por acción u omisión emprendieron hace cuarenta y cinco años los miembros que han conformado el Poder Judicial. En este sentido bueno será recordar lo que advierte el refrán… “Entre todos la mataron y ella sola se murió”.

“Debemos seguir cuidándonos”, dijo Felipe VI “el vano”. Y ciertamente sería bueno que lo hiciéramos a tenor de la espantosa realidad que nos advierte que el 21% de la población española está en riesgo de pobreza y que sólo el 20% de los hogares españoles puede aguantar 12 meses sin ingresos. Realidad que viene determinada por dos factores ya endémicos desde hace cuarenta años. En primer lugar por una deuda pública que nos lastra y que en la actualidad está en su máximo histórico, con todo lo que ello conlleva. Y en segundo lugar, por un muy deficiente sistema educativo y una pésima política de empleo. Hablamos de dos realidades que deberíamos de abordar con la máxima urgencia y el más decidido de los rigores.

“Debemos seguir cuidándonos”, dijo Felipe VI “el vano”.